
Eslovenia tiene un premier "argentino"
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"Es un orgullo indescriptible y una responsabilidad enorme, la más grande que puede ofrecer este país", dijo ayer a La Nación , en diálogo desde Liubliana, exhausto pero satisfecho, Andrés Bajuk, el nuevo primer ministro de Eslovenia, que vivió toda su juventud en la Argentina.
Bajuk, de 56 años, que ayer fue elegido premier por mayoría simple en el Parlamento esloveno, es un reconocido economista y experto en finanzas que llegó al país a los seis años, escapando del comunismo, y vivió en Godoy Cruz y en Guaymallén, provincia de Mendoza, hasta los 31.
Casado con una argentina, el candidato de la coalición de centro fue elegido ayer en una reñida decisión por 46 votos contra 44 en la Legislatura eslovena. Esta fue la tercera -y última- oportunidad para Bajuk de convertirse en premier, tras fracasar en obtener una mayoría en otras dos ocasiones, el mes último.
E informó que en los próximos 15 días deberá formar un gabinete que necesitará el voto de confianza parlamentario. Si lo logra, se hará cargo del castigado gobierno esloveno.
Si no, el presidente Milan Kuchan llamará a elecciones anticipadas. "Pero vamos a trabajar para que eso no suceda", señaló Bajuk.
Su llegada al poder generó ayer la esperanza de que Eslovenia pueda empezar a emerger de la grave crisis política en que está sumida, y de que surja el consenso necesario para cumplir con el objetivo de integrar el país a las instituciones de la Unión Europea.
En la provincia
Andrés Bajuk llegó a Mendoza con toda su familia, que zarpó rumbo a América del Sur en 1948, escapando del comunismo.
Con él viajaron sus padres, su tío y sus hermanos mayores, Marcos, Bozidar y Jorge.
Desde Mendoza, Marcos reconoció en un diálogo con La Nación : "Andrés nos llena de orgullo".
Parte de su infancia transcurrió en la tranquilidad de los veranos mendocinos, cuyas altas temperaturas sólo era posible sosegar jugando en las acequias de Godoy Cruz, y luego de Guaymallén. "Mis mejores amigos de la infancia aún están allí", reconoció, con una voz que aún delataba un inocultable acento mendocino.
Pero sus lazos no terminan allí: "Mantengo muy buenos contactos con el gobierno y el sector privado argentinos", reconoció.
Estudió en el célebre Colegio Universitario Central, se recibió de contador en la Universidad Nacional de Cuyo (UNC) y obtuvo una maestría en Economía.
Y quizá porque la constante presencia de la escarpada cordillera lo acostumbró a buscar horizontes altos, al poco tiempo fue a especializarse a Chicago y a doctorarse en Berkeley.
"Ese deseo desesperado de estudiar lo heredé de mi padre y de mi abuelo -recordó Bajuk-. Pero también tengo mucho que agradecerle a la Argentina, país al que respeto y quiero muchísimo, porque nos permitió replantear la vida; la Argentina me permitió acceder a la educación sin condiciones". Y agregó:"Es un país extraordinariamente generoso para el que llega e increíblemente tolerante con la diversidad, lo que no he visto en otros países donde viví".
En 1973, Andrés Bajuk regresó a Mendoza. Fue profesor en la UNC y tiempo después, secretario académico, hasta que fue expulsado, en épocas de la dictadura militar.
Dejó definitivamente el país en 1975, con destino a Washington, donde trabajó como asesor técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Fue allí donde hizo carrera y cumplió distintas funciones.
En 1994 fue designado jefe del BID en Europa y se trasladó a Francia, donde vivió hasta hace poco.
En ese tiempo tomó contacto con distintos políticos eslovenos e incluso asesoró a varios de ellos. Fue así como se introdujo en la compleja política eslovena, hasta que decidió dedicarle todo su tiempo.
La peor crisis política
Con su esposa, la mendocina Catalina Grintal, tiene tres hijos: Tatiana (antropóloga), Andrés (abogado) y Natasha (estudiante de Relaciones Internacionales en la Sorbona, París).
Su candidatura fue propuesta por los llamados Partidos de la Primavera, el Partido Popular Esloveno y el Partido Social Demócrata, para que completara el mandato del premier anterior, el liberaldemócrata Janez Drnovsek, que dejó el cargo el mes pasado, cuando el Parlamento dio su voto negativo al gabinete que éste había propuesto.
Esa fue la última gota que desencadenó lo que los analistas locales califican como la peor crisis política desde que Eslovenia proclamó su independencia, en 1991. De ahí en más, los esfuerzos por formar un nuevo gobierno fueron bloqueados por la marcada división en el Parlamento entre derecha e izquierda.
De todos modos, aunque sea aprobado, el gobierno de Bajuk sólo durará hasta octubre, para cuando el calendario electoral prevé elecciones. Pero nadie descarta que entonces presente su candidatura.
"Pero falta demasiado -volvió a suspirar-. Ahora, mi prioridad será buscar el consenso para que Eslovenia ingrese por fin en la Unión Europea y se integre realmente con Occidente."
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