
Europa, entre el peligro del terrorismo y la fobia al islam
En la UE viven 20 millones de musulmanes
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ESTRASBURGO.- El arbitrario asesinato de decenas de personas inocentes en el corazón de Londres reforzó la impresión de que el Viejo Continente se encuentra frente a dos peligros: el terrorismo y la fobia al islam.
Las dos amenazas son parte de un mismo monstruo fundamentalista que se alimenta por el cordón umbilical de la intolerancia. Es por eso por lo que los cancilleres de los 46 países que integran el Consejo de Europa (incluida Rusia, los Balcanes y Turquía) decidieron en mayo último colocar dentro de los estatutos para la defensa de los derechos humanos el odio a los musulmanes a la par del antisemitismo.
"Los europeos tenemos que aprender a convivir con el islam, la segunda religión en importancia del continente -destacó a LA NACION su secretario general, el británico Terry Davis-. Poner fin al odio racial y religioso es el mejor medio de extinguir la violencia."
Unos 20 millones de musulmanes, según se estima, viven en los 25 países de la Unión Europea. Francia tiene la comunidad más importante, con 4,5 millones, de los cuales 3 millones son de origen magrebí. Le sigue Alemania, con 3 millones, la mayoría de origen turco. En tercer lugar se encuentra Inglaterra, con 1,5 millones, 360.000 originarios de Paquistán, 130.000 de India y el resto de países tan diversos como Indonesia, Jamaica y la ex Yugoslavia. España cuenta con un millón; Italia y Holanda, con más de 800.000 cada uno; Bélgica, con 500.000; Grecia, con 400.000; Austria, con 300.000. En el resto de los países europeos representan menos del 3% de la población.
La mayoría de los musulmanes europeos son descendientes de inmigrantes que llegaron en los años 40 y 50 como mano de obra barata para la reconstrucción de una Europa devastada por la guerra. Los primeros inmigrantes eran hombres solos que parecían dejar el islam entre paréntesis durante su estadía en Europa. El plan inicial era que retornaran a sus países de origen, y por eso prácticamente ningún país europeo hizo un esfuerzo concreto por integrarlos a la comunidad. Más aún, con vistas a facilitar su retorno, se crearon barrios que son hoy versiones reducidas de sus lugares de nacimiento (como la Little Islamabad, de Bradford).
Con la crisis económica de los 70, la UE empezó a colocar restricciones, autorizando sólo el ingreso de personas en planes de reunificación familiar. Pero ante culturas en que la familia extendida es de rigor, estos planes no sólo fracasaron, sino que también contribuyeron a la aparición de suburbios guetos, como los quartiers chauds de París y Lyon, donde el desempleo y la precariedad económica suelen engendrar la violencia.
La merma de la inmigración laboral coincidió, además, con un aumento en el número de refugiados por persecución política y religiosa en Africa y Medio Oriente. De contextos urbanos, bien educados y de clase media, la mayoría sueña todavía hoy con el retorno.
Fue a partir de su llegada, a mediados de los 80, cuando los musulmanes comenzaron a ser "visibles". Las mezquitas se multiplicaron, pero las diferentes tendencias teológicas no consiguieron coordinarse bajo un organismo común que los representara en los países de acogida. Muchos siguieron dependiendo de las autoridades político-religiosas de sus países de origen. Cuando éstos se radicalizaron, algunos musulmanes jóvenes -que ahora critican la "europeización" de sus mayores- siguieron la misma línea.
Gijs de Vries, coordinador de la lucha antiterrorista en la UE, advierte que estos extremistas son una minoría. "La clave para desarmarlos radica en reforzar la mano de la mayoría moderada." ¿Cómo hacerlo? Para Vries, la forma más efectiva es resolviendo problemas crónicos como el conflicto en Medio Oriente, "que ha servido de sargento de reclutamiento para muchos de los kamikazes".
Hay medios más sencillos, sin embargo, al alcance de la mano. La ausencia de subvención estatal del islam -en contraste con otras religiones- obliga justamente a muchas mezquitas a depender de ayudas del exterior. La familia Ben Laden, por ejemplo, figura todavía entre los donantes en la construcción de una mezquita y centro cultural islámico en Oxford. Para debilitar este tipo de vínculo, los parlamentos de Bélgica y Suecia aprobaron este año leyes que ordenan el pago de los salarios de todos los imanes que operan en sus territorios.
La carencia de instrucción religiosa en escuelas públicas incita a muchos padres a enviar a sus hijos a escuelas coránicas fuera del horario lectivo. Estos colegios funcionan sin control estatal y, en algunos casos, son las antesalas de las madrazas donde prospera el extremismo en sus países de origen.
Eliminar la discriminación sigue siendo el más grande desafío. La Federación Internacional de Derechos Humanos de Helsinki evaluó la situación de esta comunidad en Europa tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Los resultados son escalofriantes. Los musulmanes son víctimas frecuentes de abusos verbales en las calles y en los transportes públicos. En Gran Bretaña, un 80% de los entrevistados dijo haber sido blanco de discriminación, cuando en el 2000 la cifra alcanzaba el 45% y en 1999, un 35 por ciento.
En Suecia, Gran Bretaña y Francia, nativos con apellidos típicamente musulmanes tienen tres veces menos chances de ser llamados a ocupar un empleo que extranjeros con nombres europeos. La adhesión de Turquía a la UE fue objetada por muchos políticos, no por su situación geográfica, sino porque la mayoría de la población es musulmana. El líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen ha dejado de hostigar a los judíos para cargar la munición contra los turcos.
En Holanda, un gran número de atentados antiislámicos le siguieron al asesinato del cineasta Theo van Gogh en noviembre, a manos de un demente de origen marroquí.
En Francia, la aplicación en septiembre último de la ley de laicismo que prohíbe el uso de símbolos religiosos dentro de edificios públicos dio pretexto a una oleada de violencia en Alsacia con el incendio de negocios de la comunidad magrebí, la violación del cementerio islámico y hasta de cuatro tumbas de soldados musulmanes en el cementerio militar de Estrasburgo.



