Finlandia, el país donde las cárceles no tienen rejas ni guardias armados

Con reglas poco estrictas, es la nación de Europa con menos presos por habitante
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6 de enero de 2003  

KEVARA, Finlandia.- A la luz de las estadísticas, Antti Syvajarvi puede parecer un perdedor. Es un interno en una prisión en Finlandia, el país que menor cantidad de ciudadanos encarcela en toda la Unión Europea. Sin embargo, él se considera afortunado.

"Si tengo que ser un prisionero, estoy feliz de serlo en Finlandia, porque confío en el sistema finlandés", dijo.

Lo mismo ocurre, evidentemente, con los finlandeses, tradicionalmente muy respetuosos de la ley, aunque su sistema es el menos estricto de Europa y probablemente pueda ser objeto de burlas en muchas sociedades fuera de los países nórdicos, por su condescendencia con los criminales.

En encuestas que miden qué instituciones nacionales admiran más, los finlandeses ponen a su blanda policía en primer lugar. La fuerza es la más pequeña per cápita de Europa, pero tiene la reputación de estar libre de corrupción y resuelve el 90 por ciento de los crímenes graves.

"Sé que este sistema suena como una curiosidad", afirmó Markku Salminen, un ex patrullero y detective de homicidios que ahora es el director general del servicio de prisión a cargo de castigos. "Pero si visita nuestras prisiones y camina por nuestras calles, verá que esta versión muy suave de la aplicación de la ley funciona para nosotros", agregó.

Finlandia, una cultura casi sin clases y con la creencia escandinava de la benevolencia del Estado y la confianza en sus instituciones cívicas, es algo así como un laboratorio de justicia benévola. Las desigualdades económicas y sociales que pueden generar violencia no existen en la sociedad de estado de bienestar de este país, el crimen es bajo y los funcionarios que aplican la ley pueden contar con el respaldo de una población que no es cínica.

Prisiones cerradas o abiertas

Si uno observa las instituciones penales de Finlandia, ya sean las que el sistema califica como "abiertas" o las "cerradas", es difícil advertir cuándo uno ha entrado en el mundo de la custodia. "Esta es una prisión cerrada -señaló Esko Aaltonen, guardia de la penitenciaría Hameenlinna, al recibir a un visitante-. Pero vio que pudo entrar directamente hasta acá con el automóvil y no había ninguna reja bloqueando su entrada."

Las paredes y los cercos han sido removido para dar lugar a una vigilancia discreta por cámara y redes de alerta electrónica. En lugar de estrepitosos portones de hierro, corredores de metal y sombrías celdas, hay pasillos con pisos de linóleo con espacios para que habiten los internos. Parecen más los dormitorios de un internado estudiantil que los calabozos de una cárcel.

Los guardias no están armados y usan ropa de civil o uniformes sin emblemas, grados o charreteras. "Hay diez armas en esta prisión y están todas en mi caja de seguridad -afirmó Aaltonen-. Sólo las saco para un traslado de prisioneros."

En las prisiones "abiertas" los internos y los guardias se llaman por sus nombres de pila. Los superintendentes de la prisión usan títulos no militares, como administrador o gobernador, y a los prisioneros algunas veces se los llama "clientes". Si son jóvenes, "alumnos".

Se otorgan generosas licencias para salir, especialmente cuando se acerca el final de una sentencia. Para los internos que cumplieron la mitad de sus condenas hay casas en las propias cárceles, con privacidad asegurada, donde pueden pasar hasta cuatro días seguidos con sus esposas o hijos.

Hace treinta años, Finlandia tenía un modelo rígido, heredado de Rusia, y uno de los índices más altos de encarcelamiento en Europa. Pero algunos académicos impulsaron un replanteo de la política penal, sosteniendo que debería reflejar las teorías liberales de organización social de la región.

"Creemos en el efecto creador de moral y formador de valores que tiene el castigo, en lugar del castigo como retribución", afirmó Tapio Lappi-Seppala, director del Instituto Nacional de Investigación de Política Legal.

Lappi-Seppala señaló que, con este sistema, en las dos últimas décadas más de 40.000 finlandeses han evitado ir a prisión, se han ahorrado 20 millones de dólares en costos y el índice de criminalidad ha descendido a los niveles relativamente bajos de los escandinavos.

Orden público

Como el resto de los países de la Unión Europea, Finlandia no tiene pena de muerte. Según el Ministerio de Justicia en Helsinki, hay poco más de 2700 prisioneros en Finlandia, un país con 5,2 millones de personas. Es decir, 52 prisioneros por cada 100.000 habitantes. Cifras del ministerio indican que hay 702 prisioneros por cada 100.000 ciudadanos en Estados Unidos, 664 en Rusia y 131 en Portugal, el índice más alto en la Unión Europea.

Los finlandeses dan crédito a su prensa y a sus políticos por mantener un debate razonable y no estridente sobre el orden público. "Nuestros diarios no están llenos de sexo y crimen", dijo Salminen. "Y no tengo que enfrentar presiones de políticos populista para ponerme duro con los criminales, como ocurriría en muchos otros países", agregó.

Syvajarvi, un fornido joven de 21 años con cabello rapado que se hizo adicto a la heroína a los 14, recibió una sentencia de seis años por venta de drogas y asaltos. Al ser un delincuente joven, sólo cumplirá un tercio de esa condena, y se espera que recupere su libertad en un año.

Ahora fue nombrado "hermano mayor", un consejero para otros jóvenes en esa cárcel, debe someterse a análisis de drogas al azar para asegurarse de que se mantiene alejado del hábito y ha realizado un entrenamiento con especialistas en control de la ira, que según él mismo dice lo ha preparado para volver a insertarse en la sociedad con una nueva perspectiva.

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