
Flavio Bolsonaro suma aliados y tiende un puente con la Corte, mientras Lula apuesta al miedo y al fin de la “jornada 6x1”
En Goiania, capital del estado de Goiás, el candidato del PL recibió el respaldo del exgobernador Ronaldo Caiado
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BRASILIA.– Dos días después de la primera vuelta presidencial en Brasil, el senador Flavio Bolsonaro y el presidente Luiz Inacio Lula da Silva intensificaron sus movimientos de cara al balotaje del 25 de octubre. El opositor, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, sumó un aliado clave y envió un mensaje de distensión a la Corte, en tanto que el presidente estrenó publicidades más agresivas a la caza de nuevos electores. El Senado, por su parte, empezó a debatir un proyecto para reducir la jornada laboral, iniciativa que el oficialismo intenta convertir en bandera antes de la segunda vuelta.
El candidato del Partido Liberal (PL), que llega a esta fase con ventaja tras la primera vuelta del domingo, buscó ampliar su coalición. En Goiania, capital del estado de Goiás, recibió el respaldo del exgobernador Ronaldo Caiado, que en la primera vuelta terminó quinto con 2,6 millones de votos. Es el primer apoyo de peso que suma Flavio, después de que el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema declarara el lunes su voto por él, aunque sin foto juntos.
“Voy a entrar en la campaña de cabeza. Flavio, si hay alguien que quiere verte devolviendo Brasil a los brasileños, soy yo. Lula, robaste el futuro de Brasil y vas a recibir lo que te merecés en esta elección”, dijo Caiado, quien destacó su amistad con el expresidente Bolsonaro. Tres semanas atrás, el exgobernador de Goiás había tildado al senador de uno de los “mayores asaltantes de Brasil”.
Flavio pidió además el apoyo de dos partidos clave del Centrão, Progresistas (PP) y Republicanos. Las gestiones ya estaban en marcha a través del coordinador de su campaña, el senador Rogério Marinho, quien llamó el domingo a la noche a los presidentes de ambos partidos, Ciro Nogueira y Marcos Pereira. El comando opositor espera cerrar esos acuerdos antes del jueves.
Marinho fue también el protagonista del otro movimiento del día. Fue recibido por el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Edson Fachin, en una audiencia privada en la Corte.
El mensaje tuvo dos caras. Marinho, que dijo haber visitado ya a cinco o seis ministros del tribunal, llevó a Fachin el mensaje de que un gobierno de Flavio no buscará revancha contra los magistrados. “Vamos a cumplir la Constitución y la ley. No tenemos espíritu de vendetta. Al contrario, queremos reconstruir el país y normalizar la relación entre los poderes”, afirmó al salir.
Pero enseguida marcó el límite. “Venganza no significa omisión”, advirtió, y anticipó que si un juez del Supremo comete un delito de responsabilidad, la figura que habilita el juicio político, “el Senado no se va a inhibir”.
Tampoco ahorró reproches. Denunció una “intervención continuada” de algunos jueces del Supremo en la justicia electoral y acusó a dos de ellos, Flávio Dino y Alexandre de Moraes, de actuar con “sesgo político evidente”.
La reunión coincidió con una decisión de alto valor simbólico para el bolsonarismo. El martes se conoció que Moraes concedió el paso al régimen semiabierto a Débora Rodrigues dos Santos, quien se hizo conocida como “Débora do Batom”, la peluquera condenada a 14 años por escribir con lápiz labial sobre la estatua de la Justicia situada frente al STF durante los ataques golpistas del 8 de enero de 2023. La resolución, difundida dos días después de la votación, le reconoce 212 días de reducción de pena y contó con el aval de la Procuración General.
Consultado por LA NACION sobre si lo interpretaba como un gesto de Moraes tras el resultado del domingo, Marinho respondió: “No sé si fue en función de las elecciones, pero la sentencia contra Débora está absolutamente fuera de la normalidad”. Lejos de ver una concesión, acusó al juez de frenar la ley que reduce las penas de los condenados por el 8 de enero. “Moraes no está haciendo más que su deber. De hecho, está dejando de cumplirlo”, lanzó.
En el oficialismo, el segundo puesto del domingo, con 45,16% de los votos contra 47,03% de Flavio, abrió una revisión de estrategia, que el propio Lula admitió la noche del lunes en una reunión con aliados en Brasilia.
La campaña del presidente difundió este martes en redes un video que presenta el fin de la escala “6x1” (seis días de trabajo y uno de descanso), el aumento del salario mínimo y el reajuste de las jubilaciones como conquistas que el votante puede “dejar escapar” en caso de que vote por el bolsonarismo.
“No dejes que nadie se lleve lo que conquistaste”, dice el spot, mientras papeles con los nombres de programas o beneficios aparecen y desaparecen en la palma de diferentes manos.
Otra de las propagandas exhibidas apunta directo al rival. La protagoniza un repartidor de comida en moto que dice saber de “entregas”. “Lula entregó un proyecto para reducir la jornada laboral sin reducción de salario y prohibió las apuestas online. Flavio quiere entregar Brasil a los norteamericanos”, compara el joven, antes del remate: “Lula entrega. El entreguista [Flavio], no”.
La pieza más dura apela al tesouraço, el tijeretazo al gasto que promete Flavio, y lo asocia con los recortes del gobierno de su padre en programas como Farmacia Popular. “No dejes que esa pesadilla vuelva”, cierra.
El objetivo del Partido de los Trabajadores (PT) es elevar el rechazo al opositor. En el último sondeo Datafolha previo a la votación, ambos empataban en 45% de electores que no los votarían de ninguna manera.
Son las primeras piezas de lo que en Brasil algunos medios ya tildan de “campaña del miedo”. El propio Lula adelantó el argumento el lunes a la noche, en el tramo público de la reunión con aliados para reorganizar la campaña. Dijo que cada vez que en el país se habla de “dureza fiscal” lo que está en juego es la política de inclusión social: “No es sacarles el beneficio a los ricos, es sacárselo a los pobres”.
Según el diario Folha de S.Paulo, en la parte cerrada del encuentro el presidente pidió además alertar a los jubilados sobre el riesgo de que sus haberes dejen de ajustarse por el salario mínimo.
El otro giro es contra el Supremo. Lula, a quien la oposición busca pegar al desgaste del tribunal por el escándalo del Banco Master, elevó el lunes las críticas. Ante su comando de campaña habló de “promiscuidad” en la Corte y defendió una nueva reforma judicial. El presidente del PT, Edinho Silva, admitió ante CNN Brasil que los brasileños leyeron la crisis del Poder Judicial como una crisis del gobierno y que a Lula “le cargaron una responsabilidad que no es suya”.
La prueba más concreta para el presidente está en el Congreso. El plenario del Senado abrió el martes la discusión de la enmienda constitucional que reduce la jornada máxima de 44 a 40 horas semanales y garantiza dos días de descanso sin baja salarial. El texto fue aprobado por Diputados en mayo y por la comisión de Constitución del Senado en septiembre, pero el titular de la Cámara alta, Davi Alcolumbre, postergó su tratamiento hasta después de la primera vuelta.
El resultado del domingo, que dejó un Senado más conservador para 2027, complicó el panorama. Lula decidió de todos modos mantener la apuesta. El reglamento exige cinco sesiones de debate antes de votar y 49 de los 81 votos en dos turnos. El PT calcula una primera votación el 15 y la definitiva el 22, tres días antes del balotaje. La oposición, que Marinho lidera en el recinto, trabaja para bloquear la aprobación y no servirle en bandeja al gobierno ese triunfo.
El armador del senador Bolsnaro aseguró que nadie se niega a discutir la reducción de la jornada, pero calificó el debate de “abiertamente oportunista y electoralista”. “El PT lleva 18 años gobernando el país. ¿Por qué ahora?”, planteó, y advirtió sobre más inflación e informalidad.


