
Fundamentalismo: el turno de Turquía
Turquía el más secular moderno y europeo de los países islámicos asiste a una ofensiva fundamentalista comparable a la que amenaza a países musulmanes menos desarrollados como Egipto y Argelia. La diferencia es que por ser Turquía el único país democrático y musulmán al mismo tiempo la ofensiva del fundamentalismo adquiere en él una forma electoral.
El Partido Islámico del Bienestar (PIB) por donde se canaliza el fundamentalismo tenía un bajo porcentaje histórico de los votos: nunca había superado el ocho por ciento. Sin embargo en las elecciones generales del último domingo 24 -vísperas de Navidad fecha que nada significa en un país de 65 millones de habitantes cuyo 98 por ciento es musulmán- el PIB trepó al 21 por ciento convirtiéndose en el partido más votado. Con este ritmo de crecimiento los observadores predicen que de aquí a poco tiempo estará en condiciones de gobernar.
No todavía sin embargo. Tanto la fuerza política que apoya a la primera ministra Tansu €iller -el Partido del Sendero Verdadero (PVS)- La necesidad de una coalición deriva del sistema de representación proporcional que impide que un solo partido domine por sí solo el Parlamento como la principal fuerza de la oposición que sigue a Yesut Yilmaz -el Partido de la Madre Patria más conocido por sus siglas ANAP- retrocedieron gravemente en estas elecciones con el 19 por ciento cada uno.
EL PVS y el ANAP son ambos de centroderecha. La rivalidad personal entre €iller y Yilmaz les había impedido reunirse hasta ahora pero la necesidad podría llevarlos a negociar un gobierno de coalición con el objeto de frenar el ímpetu fundamentalista. Para formar gobierno empero tendrían que apelar a alguno de los dos partidos de centroizquierda que también llegaron al Parlamento. El principal de ellos es el Partido de la Izquierda Democrática (PID) del ex primer ministro Bulent Ecevit. El otro es el Partido Socialdemócrata o CHP de Denis Baykal.
La necesidad de una coalición deriva del sistema de representación proporcional que impide que un partido domine por sí solo el Parlamento. Como ese sistema está protegido por una norma que niega bancas a los partidos que no sobrepasen el diez por ciento de los votos por otra parte el juego político en Turquía se concentra en cinco partidos: dos de centroderecha dos de centroizquierda y el PIB. El centroderecha y el centroizquierda tienen diferencias importantes entre sí pero los une un sentimiento común: el temor al fundamentalismo.
Formada en los Estados Unidos adherente al consenso de Washington que predica la fórmula moneda sana + mercado libre también reinante entre nosotros la primera ministra €iller embarcó a Turquía en un duro plan de ajuste que pasa ahora por su máxima tensión. Ha aumentado la productividad de la economía pero también el desempleo y la inflación todavía se mantiene en un nivel del ochenta por ciento anual.
Al mismo tiempo ha habido una gran migración rural hacia los suburbios de la capital Ankara y de la maravillosa y acuática Istambul reina del Bósforo con sus casi siete millones de habitantes. Esas masas migratorias y desarraigadas con una alta proporción de kurdos que huyen de sus tierras empujados por una cruel represión son la clientela principal del PIB.
Antes de estas elecciones el PIB ya había alcanzado posiciones municipales desde las cuales no sólo cuestiona la orientación occidentalista del gobierno nacional; se opone además a la austeridad económica reinante. Municipalizó las panaderías y reparte pan gratis a los desposeídos. La oposición a Occidente y la sensibilidad social fueron el doble título que exhibió el carismático líder del PIB Necmettin Erbakan para avanzar decisivamente en las elecciones del domingo.
Breve historia de Turquía
Todo a lo largo de un inmenso arco geográfico que va desde Marruecos en el noroeste de Africa hasta Paquistán e Indonesia en Asia meridional y oriental 1000 millones de musulmanes adhieren a una religión cuyo fundamento es el respeto exacto de la tradición. Desde el siglo VII de nuestra era cuando el profeta Mahoma escribió el Corán la fuerza central de un movimiento que abarca a todos los pueblos árabes y a otros que no lo son consiste en la fidelidad intacta a un glorioso pasado. Esta característica lo vuelve particularmente impermeable al cambio a la modernización de tipo occidental.
Venidos de Mongolia los turcos se convirtieron al Islam y pasaron a formar gradualmente el imperio más poderoso de su tiempo. En 1453 tomaron Constantinopla o Bizancio hoy Istambul acabando con el Imperio Romano de Oriente casi mil años más tarde que los bárbaros de raíz germánica hubieran hecho lo mismo con el Imperio Romano de Occidente. En el siglo XVII el Imperio Otomano que había sido contenido en el Mediterráneo en 1573 en la famosa batalla naval de Lepanto -en la que luchó Cervantes- llegó a las puertas de Viena.
A partir de ahí comenzó su lenta declinación. La hora fatal del Imperio Otomano llegó en 1914 con la Primera Guerra Mundial. Aliado a la Alemania del káiser y al Imperio Austrohúngaro el Imperio Otomano sucumbió al mismo tiempo que ellos y que la Rusia del zar.
De sus amplias posesiones de antaño -la Europa de los Balcanes Egipto Persia y casi todo el mundo árabe- el Imperio Otomano quedó reducido a lo que es hoy Turquía. La humillación de la derrota llevó al ejército liderado por Mustafá Kemal después llamado Kemal Atatürk a intentar lo que nadie había intentado hasta entonces en el vasto mundo musulmán: la secularización la modernización la occidentalización.
En 1924 Atatürk fundó una nación moderna y secular basada en la separación entre la religión y el Estado alentando la modernización de las costumbres la liberación de la mujer y hasta el cambio del alfabeto que dejó de ser árabe y pasó a ser occidental.
Tanto los partidos de centroderecha como los de centroizquierda que hoy se alarman frente al resurgimiento del fundamentalismo islámico comparten el espíritu de Atatürk. Hace poco la Unión Europea celebró un tratado de unión aduanera con Tuquía. Si bien en el mapa la porción europea de Turquía es mínima -la mitad de Istambul y poco más en la ribera occidental del estrecho de los Dardanelos- hacia allí apunta la vocación de los partidos hasta ayer dominantes de la Turquía moderna. Es un movimiento de setenta años en pos de la democracia y del capitalismo entonces al que ahora ame- Pero esta vasta reacción que es una de las noticias centrales de nuestro tiempo también plantea a los occidentales un arduo desafío naza la fuerte embestida de Erkaban.
Con este agregado: que difícilmente las fuerzas armadas todavía identificadas con Atatürk permanecerían pasivas ante una eventual vuelta al pasado. En los años setenta y ochenta Turquía vivió una historia latinoamericana con idas y venidas entre frágiles democracias e intervenciones militares. Si el PIB trasciende ciertos límites la historia podría repetirse.
Choque de civilizaciones
Si esto ocurriera Turquía descendería al nivel de Egipto y de Argelia donde regímenes de base militar pugnan por contener la ofensiva fundamentalista mediante elecciones fingidas. En Sudán por otra parte ya impera un régimen fundamentalista. En el sur de Rusia la resistencia de los chechenos está ligada al mismo credo. Diversas organizaciones terroristas comenzando por la tristemente famosa Hezbollah (Partido de Dios) admiten una inspiración fundamentalista y libran su propia guerra santa (Jihad). La capital del fundamentalismo islámico es por supuesto una nación no árabe: la tierra de Khomeini y de sus sucesores sacerdotalistas que han logrado suplantar las leyes seculares por la Sharia ley islámica en lo que ahora se llama Irán y antes se llamaba Persia.
El renacimiento del fundamentalismo a lo largo de todo el mundo musulmán responde a dos causas concordantes. De un lado a la frustración económica y social de un subdesarrollo agravado. Del otro a la defensa de la propia identidad ante el avance de las ideas las costumbres y el poder de Occidente.
Pero esta vasta reacción que es una de las noticias centrales de nuestro tiempo también plantea a los occidentales un arduo desafío. De un lado nos inclinamos a pensar que la democracia el respeto de los derechos humanos y la libre iniciativa económica son ideales universales; que renegar de ellos equivale a hundirse en el oscurantismo y el pasado. Del otro lado también es lícito preguntarse si Occidente no ofrece un modelo de vida demasiado estrecho a otras civilizaciones que tienen sus propias raíces sus propios méritos su propio orgullo y que sienten nuestra libertad como una opresión.
De este dilema surgen dos futuribles o futuros posibles. Uno el triunfo final de los ideales de Occidente en todo el orbe luego de previsibles y quizá gravísimas confrontaciones que podrían incluir las "guerras entre civilizaciones" que pronosticó Samuel Huntington en un famoso artículo ahora destinado a convertirse en libro. Otro la formación de una nueva civilización multicultural en la cual convivan sin oprimirse ni destruirse las tradiciones más diversas.
Esta es la propuesta que viene de hacer el ministro de Finanzas japonés Eisuke Sakakibara en un inquietante artículo que tituló El fin del progresismo. Sakakibara sugiere que la resistencia a la occidentalización a toda costa que él llama "progresismo" y que Fukuyama canonizó al predicar "el fin de la historia" no se confina a musulmanes e incluye con variados matices a Japón China y el resto de Asia cuyo giro hacia el capitalismo y eventualmente a la democracia sería a su juicio un fenómeno superficial más el producto de una oportuna adaptación que de una auténtica conversión (ver Eisuke Sakakibara) The End of Progressism A Search of New Goals Foreign Affairs September-October 1995 Págs. 8-15).
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