
Gesto del Papa para fomentar el diálogo con los musulmanes
Nombró a un experimentado cardenal
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ROMA.- En una movida más que significativa y después de varios traspiés, Benedicto XVI designó ayer al cardenal francés Jean-Louis Tauran, uno de los prelados con más experiencia diplomática del Vaticano, al frente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, al que le devolvió la autonomía que le había quitado en marzo de 2006.
En una notable marcha atrás que había anticipado LA NACION hace casi un mes, y demostrando gran humildad, el Papa deshizo así una de las pocas reformas que había hecho en la Curia romana -el gobierno central de la Iglesia-, y corrigió un error que le significó, en septiembre de 2006, caer en la "pesadilla" de Ratisbona, en referencia al discurso con el cual inflamó, sin querer, al mundo musulmán.
Al devolverle al Pontificio Consejo para el Diálogo Religioso el status que tenía, y al designar como su cabeza al cardenal Tauran, hombre más que apreciado en el mundo islámico, Benedicto XVI dejó en claro que ahora considera el diálogo con las otras religiones una de las prioridades de su pontificado, y la oficina que se ocupa de este tema, una de las más estratégicas del Vaticano.
De 64 años y hasta el 1° de septiembre bibliotecario y archivista del Vaticano (cargo que antes que él tuvo el cardenal argentino Jorge Mejía), Tauran es muy conocido porque durante 13 años -de fines de 1990 a fines de 2003-, fue secretario para las relaciones con los Estados de la Santa Sede, es decir, el "canciller" del Vaticano. Como tal, fue el encargado de misiones más que delicadas en terrenos tan calientes como Irak, Kosovo, Israel y los territorios palestinos. Antes, Tauran había sido nuncio en el Líbano, entre 1979 y 1983.
Un momento delicado
Cuando, hace más de un año, Joseph Ratzinger decidió bajar de categoría al Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, integrándolo con el Pontificio Consejo para la Cultura que encabeza el cardenal francés Paul Paupard, la decisión dejó a muchos estupefactos. ¿Cómo, en un momento internacional tan delicado en cuanto a las relaciones con el mundo musulmán, sobre todo después del 11 de Septiembre y de las guerras de Afganistán e Irak, el Papa degradaba a la oficina que se encargaba del diálogo con la religión islámica? Más allá de que todo el mundo habló de un "error", algunos explicaron que el Papa tenía intenciones de darle un enfoque más cultural y menos religioso al diálogo con las otras religiones.
Poco antes, también había causado gran impacto la virtual defenestración del entonces titular de ese dicasterio, el arzobispo británico Michael Fitzgerald, considerado el máximo experto en islam del Vaticano. En una decisión que dejó a todos boquiabiertos, en lugar de darle a Fitzgerald el birrete cardenalicio que se esperaba, el Pontífice lo designó nuncio en Egipto y ante la Liga Arabe. Entonces, también se dijo que el virtual "exilio" del máximo experto en islam del Vaticano se debía a sus posiciones demasiado progresistas.
Según fuentes vaticanas que prefirieron el anonimato, fue el cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado y número dos de Benedicto XVI, quien, desde su asunción en septiembre pasado, manifestó la necesidad de que el Papa reviera sus decisiones en este tema, sobre todo a la luz del terremoto que provocó su discurso en Ratisbona. Entonces, el Papa citó a un emperador bizantino que denunciaba los males traídos por el profeta Mahoma, algo que ofendió profundamente al mundo musulmán, que reaccionó quemando iglesias católicas e incluso asesinando a una monja en Africa. Fue así como Bertone, que no es diplomático pero que entendió la trascendencia del error, lo convenció al Papa a dar marcha atrás.
El de Ratisbona, sin embargo, no fue el único traspié de Benedicto XVI, que en sus dos años de pontificado cometió varios errores de los cuales después debió retractarse. Entre los más recientes figuran su improvisada conferencia de prensa en el avión que lo llevaba a Brasil, y su afirmación sobre la evangelización de América latina "que no supuso una imposición de una cultura extraña".
Para revertir esta tendencia, Benedicto XVI ahora se está rodeando de diplomáticos más que experimentados, como el flamante sustituto de la Secretaría de Estado, Fernando Filoni, que a partir del 1° de julio reemplazará al arzobispo argentino Leonardo Sandri en un cargo clave.



