
Giulio Andreotti: el controvertido digitador del poder político en Italia
ROMA.- El poder desgasta a quien no lo tiene" ( "Il potere logora chi non ce l'ha" ). Era la frase favorita de Giulio Andreotti, siete veces primer ministro italiano, que murió ayer en su casa de Roma, a los 94 años. Símbolo del Estado italiano durante medio siglo, líder de la desaparecida Democracia Cristiana (DC) y uno de los personajes políticos más influyentes de la historia reciente de Italia, Andreotti no tendrá funerales de Estado ni capilla ardiente.
Las exequias de este hombre que era toda una leyenda serán privadas y tendrán lugar en la Iglesia de San Juan de los Florentinos de esta capital, la parroquia a pocos pasos de su propia casa, a la que Andreotti iba a misa todos los días, a las 7 de la mañana, hasta hace un año.
Profundamente católico, con llegada directa al Vaticano, amigo de los últimos papas, famoso por su fina ironía y cinismo, diabólico -llamado "Belcebú"- y maquiavélico según sus detractores, Andreotti se lleva a la tumba muchos secretos. Más allá de sus dotes de estadista, como ayer destacó todo el arco político, también encarnó el lado más oscuro de la política.
No sólo por mantener sombrías relaciones con la logia masónica P2, con la Cosa Nostra y con el Vaticano, sino también por negarse a negociar con las Brigadas Rojas cuando éstas secuestraron a Aldo Moro (1978), a lo que el grupo terrorista respondió asesinando al político democristiano.
Nacido en Roma el 14 de enero de 1919, Andreotti comenzó su carrera a fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando de la mano de Alcide De Gasperi, fundador de la DC, se convirtió en miembro de la asamblea constituyente de la república italiana de 1946. Con sólo 28 años, fue subsecretario de la presidencia del consejo. Ambicioso, en 1954 se convirtió en el ministro del Interior más joven de la historia. Su feudo electoral era la campiña del sur de Roma, de donde era oriunda su familia. Representó el ala más conservadora y clerical de la DC. Sus adversarios internos eran más de centroizquierda, como Moro.
Fue en 1972 cuando logró llegar a ser jefe de gobierno. Entonces fue elegido, sin mucha convicción, para darle vida a un gobierno de centro con pocas expectativas. Se trató, en efecto, del gobierno más breve de la historia reciente: nueve días. Pero Andreotti -apodado "el divo", "el zorro", "el papa negro", "la Esfinge", "el jorobado" y "tío Giulio"- no se dejó desalentar.
Durante una carrera controvertida, fue el político de los récords: nadie nunca llegó a ser siete veces primer ministro, como él, ni el líder más votado de la DC ni titular de tantos ministerios importantes. Fue ocho veces ministro de Defensa; cinco veces, canciller; tres, ministro de Participaciones Estatales; dos, de Finanzas, de Balance, de Industria, de Economía, del Interior, de Bienes Culturales y de Políticas Comunitarias.
Se sabía que Andreotti estaba en estado crítico. En las últimas semanas de frenesí político, no había participado de la votación para elegir al presidente, Giorgio Napolitano, ni del voto de confianza al gobierno actual del premier Enrico Letta, que calificó a Andreotti como "protagonista de la democracia italiana desde el nacimiento de la República, tras los traumas de la dictadura y de la guerra".
Durante el secuestro de Aldo Moro (1978-1979), lideró el denominado gobierno "de solidaridad nacional"; antes, el gobierno de la "no desconfianza" (1976-1977) que tuvo la primera mujer ministra, Tina Anselmi, titular de la cartera de Trabajo.
Después de que una treintena de mafiosos arrepentidos lo acusara de haber estado conectado con la Cosa Nostra, la mafia siciliana, debió someterse al denominado "juicio del siglo", en Palermo. Tras un proceso larguísimo, que comenzó en 1995 y que definió como "un calvario", en 2004 fue absuelto por la corte de casación. Andreotti también fue procesado en Perugia por el homicidio del periodista Mino Pecorelli. Masón con vinculaciones mafiosas, y director del periódico OP, Pecorelli fue acribillado con cuatro tiros de pistola en Roma el 20 de marzo de 1979.
El periodista había anunciado que tenía previsto publicar un artículo que documentaba supuestos cobros de comisiones ilegales por parte de Andreotti, de los que había tenido conocimiento por documentos de Moro, secuestrado y muerto por las Brigadas Rojas el año anterior. Si bien en segundo grado fue condenado en 2002 a 24 años de cárcel, al año siguiente ese veredicto-shock fue anulado por la Casación.
En medio siglo de vida política, Andreotti -que inspiró la premiada película Il divo , de Paolo Sorrentino- fue identificado como el emblema de un poder que nace y se alimenta en las sombras. Cuando el arrepentido Tommaso Buscetta aseguró haber visto cómo le daba un beso al histórico capo di tutti i capi , Salvatore "Totó" Riina, muchos consideraron la escena verosímil. Con su célebre joroba, que se fue acentuando con los años, sin embargo, Andreotti, asiduo lector de L'Osservatore Romano y que hasta el final fue lúcido e irónico, nunca se dejó vencer por las terribles acusaciones. Desafió a los jueces yendo a todas las audiencias del proceso que lo veía en el banquillo por mafioso, con la cabeza gacha sobre sus apuntes, defendiéndose hasta ser absuelto.
El ex premier Silvio Berlusconi, al recordar que "hizo la historia de Italia", aprovechó para destacar "la demonización" padecida por Andreotti, y acusó a la izquierda. "Lo que usaron en su contra es un método que conocemos bien", dijo el Cavaliere , que suele considerarse perseguido judicialmente por "togas rojas".
Al enviar un mensaje de pésame a su esposa, Livia, el presidente Giorgio Napolitano destacó el servicio prestado en "múltiples formas" por Andreotti, cuya "larga experiencia sólo podrá ser evaluada por el juicio histórico".
Frases para el recuerdo
El ex premier era famoso por sus citas célebres
Giulio Andreotti / Ex primer ministro italiano
- "Es pecado pensar mal de los otros, pero con frecuencia se acierta"
- "Aparte de las guerras púnicas, me han hecho culpable de todo"
- "Tengo secretos de Estado, pero me los llevaré al paraíso"
- "Gobernar no consiste en solucionar problemas, sino en hacer callar a los que los provocan"
- "Sé que soy un hombre medio, pero cuando miro a mi alrededor, no veo ningún gigante"





