Guerra narco: la cantidad de muertos, señal del descontrol en el ejército mexicano

Los expertos objetan que, por cada herido, las fuerzas armadas dejan ocho víctimas fatales, a la inversa de las estadísticas mundiales
Los expertos objetan que, por cada herido, las fuerzas armadas dejan ocho víctimas fatales, a la inversa de las estadísticas mundiales
Eric Schmitt
Azam Ahmed
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28 de mayo de 2016  

CIUDAD DE MÉXICO.- En la historia bélica contemporánea, los combatientes tienen más chances de herir a sus enemigos que de matarlos. Pero en México pasa todo lo contrario.

Según cifras del gobierno, las fuerzas armadas mexicanas son excepcionalmente eficaces a la hora de matar, y acumulan cadáveres a un ritmo extraordinario.

Las autoridades dicen que los soldados de México simplemente están mejor entrenados y preparados que los carteles de la droga a los que se enfrentan. Pero los expertos señalan que la "tasa de letalidad" mexicana es un índice desconocido, y que esas cifras revelan una realidad mucho más ominosa. "Son ejecuciones sumarias", dice Paul Chevigny, profesor jubilado de la Universidad de Nueva York y pionero de los estudios de letalidad de las fuerzas armadas.

En las diversas formas de enfrentamiento entre grupos armados, por cada víctima fatal hay cuatro heridos, según el relevamiento bélico que realiza el Comité Internacional de la Cruz Roja desde fines de la década de 1970. Y, a veces, la proporción de heridos es incluso más alta. Pero en México el conteo de víctimas arroja un resultado inverso: por cada enemigo que hiere, el ejército mexicano mata a ocho. Y en cuanto a las fuerzas mexicanas de elite, la discrepancia es todavía más pronunciada: los datos de esas propias fuerzas hablan de 30 enemigos muertos por cada herido.

Las estadísticas, que el gobierno dejó de difundir en 2014, ofrecen una sorpresiva mirada sobre el rol que asumieron los militares mexicanos en la guerra contra los narcos. En la última década, a medida que los soldados y marines se vieron forzados a ir al frente de batalla, hubo una escalada de violaciones de los derechos humanos. Y, sin embargo, los militares aún son mayormente intocables, bajo la protección de un gobierno renuente a cargar contra la única fuerza capaz de hacerse cargo de esa guerra.

Poco se ha hecho por investigar las miles de denuncias de torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales que se acumulan desde que el ex presidente Felipe Calderón lanzó la guerra de su país contra el narcotráfico, hace una década.

De las 4000 denuncias de tortura que investigó la oficina del procurador general desde 2006, sólo 15 derivaron en condenas. "En México, la tortura no sólo es generalizada, sino que también goza de impunidad", dijo Juan Méndez, relator especial de la ONU sobre la tortura. "Si el gobierno sabe que los casos de tortura se repiten y no llegan a juicio, y si los que llegan a juicio terminan en la nada, entonces la culpa es del Estado."

Las fuerzas armadas mexicanas no respondieron al pedido de entrevistas, pero el general Salvador Cienfuegos Zepeda, secretario de Defensa, salió a defender públicamente a los militares, al señalar que es la única institución que combate el crimen organizado. "Estamos en las calles porque la sociedad nos exige que estemos ahí", señaló al diario mexicano Milenio.

Entre 2007 y 2012, unas 3000 personas murieron a manos de los militares; los soldados muertos ascienden a 158. Las voces críticas afirman que esas muertes son una forma de pragmatismo: en México, donde menos del 2% de los homicidios llega a juicio, las fuerzas armadas matan a sus enemigos porque saben que no pueden confiar en el endeble sistema judicial.

El gobierno mexicano sufre desde hace un tiempo una ola de presiones. En marzo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó la situación de los derechos humanos en el país, hablando de ejecuciones sumarias, lo que vino a agregarse a otro informe crítico de la ONU donde se afirma que la tortura en México está generalizada.

El gobierno dice tomarse los derechos humanos muy en serio, con la aprobación de leyes para contrarrestar los abusos, proteger a las víctimas y permitir que los soldados sean juzgados por tribunales civiles. Pero si bien las denuncias de tortura contra el ejército bajaron desde 2011 -en coincidencia con una reducción de tropas desplegadas en suelo mexicano-, la letalidad de los enfrentamientos no declinó, según datos de 2014.

Vínculos

La estrecha relación entre los militares y el gobierno se remonta a hace más de 70 años, momento en que el país emergió de su guerra civil. Según los historiadores, para mantener la estabilidad el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hizo un pacto con las fuerzas armadas: a cambio de una autonomía casi absoluta, los militares no se inmiscuirían en la política mexicana.

A diferencia de muchas naciones de América latina, en México nunca hubo un golpe militar. Y aunque hace tiempo que el gobierno somete a los militares a una asfixia de financiamiento, los sigue protegiendo de cualquier investigación.

Esa protección pasó a ser crucial a partir de 2006, cuando los militares se vieron forzados a salir a la calle para combatir a los carteles y recrudeció la violencia. Mientras las denuncias de violaciones de los derechos humanos alcanzaban niveles récord, el gobierno no hizo mayores reclamos a sus fuerzas armadas.

Hace dos años, los militares directamente dejaron de difundir estadísticas de muertos en enfrentamientos. Sin esos datos, dicen los expertos, es difícil saber el grado de violencia que cobró la lucha contra el crimen organizado.

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide

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