
Habrían identificado al asesino del ántrax
Inexplicablemente, sigue en libertad
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NUEVA YORK.– La torpeza del FBI en vísperas del 11 de septiembre último es cosa del pasado. Pero la indolencia y la ineficiencia de ese organismo para seguir el rastro del homicida armado con ántrax siguen permitiendo que amenace la seguridad nacional norteamericana, que ataque de nuevo o que –lo más probable– que huya a Irán o a Corea del Norte.
Casi todos los que siguieron de cerca la investigación del FBI sobre el ántrax se han quedado perplejos por el letargo de ese organismo. Ciertos miembros del equipo dedicado a la biodefensa piensan que conocen a un posible culpable, a quien llamaré Señor Z. Aunque el FBI sometió a Z a un detector de mentiras, allanó su domicilio en dos oportunidades y lo interrogó cuatro veces, no lo mantuvo bajo vigilancia ni pidió a sus calígrafos que compararan la escritura del sospechoso con la que aparece en las cartas que contenían ántrax.
Esto forma parte de un esquema más amplio. Aunque parezca extraño, el FBI permitió la destrucción de existencias de ántrax en la Universidad de Iowa, perdiendo lo que podrían haber sido valiosas claves genéticas.
Luego esperó hasta diciembre último para abrir el sobre intacto con ántrax que descubrió. El FBI no solicitó cepas de ántrax a diversos laboratorios para su comparación hasta marzo último, y las pruebas aún no fueron completadas. El organismo no sometió sistemáticamente a pruebas poligráficas a científicos de dos laboratorios sospechosos, el de Fort Detrick, Maryland, y el de Dugway Proving Ground, de Utah, hasta hace un mes.
En cámara lenta
Los meses pasan y el FBI sigue actuando como una oficina burocrática, en cámara lenta. La gente que trabaja en el campo de la biodefensa dio el nombre del Señor Z al FBI en octubre último.
Z niega cualquier acto indebido y sus amigos se sienten mortificados por las sospechas contra un hombre a quien consideran un patriota.
Si Z fuese ciudadano árabe ya habría sido encarcelado hace tiempo. Pero se trata de un norteamericano de pura cepa con estrechos lazos con el Departamento de Defensa, la CIA y el programa de biodefensa norteamericano. Además, en cierta oportunidad fue descubierto con una “amigovia” en una “sala de riesgo biológico” de Fort Detrick.
De manera que parece justo formularle al FBI algunas preguntas:
¿Sabe cuántas identidades y pasaportes tiene el Señor Z?, ¿lo vigila durante sus viajes al exterior? Descubrí que tiene por lo menos un alias, y que ha seguido viajando al extranjero por encargo del gobierno.
¿Por qué lo privaron del libre acceso a la máxima zona de seguridad en agosto último, menos de un mes antes de que comenzaran los ataques con ántrax? ¿Existe plena colaboración entre la CIA y la inteligencia militar respecto de esta investigación?
¿Allanó el FBI la aislada residencia a la que el Señor Z tuvo acceso hasta el último otoño boreal? El FBI conocía ese edificio, y sabe que Z recetó Cipro, un antibiótico utilizado para tratar casos de ántrax, a gente que lo visitó.
¿Analizó el FBI si Z tiene relación con el mayor brote de ántrax entre seres humanos, que enfermó a más de 10.000 campesinos negros en Zimbabwe de 1978 a 1980? Hay evidencia de que el ántrax fue usado por el ejército blanco de Rhodesia, que combatía a guerrilleros negros. Z afirmó haber participado del temible grupo Selous Scouts de ese ejército.
Entre los antecedentes de Z figura su participación en la ex Fuerza de Defensa Sudafricana; aparte de esto, ¿quién sabía que el Departamento de Defensa norteamericano elegiría a un ciudadano que había cumplido funciones en las respectivas fuerzas armadas de dos regímenes blancos racistas para que trabajara en el programa de biodefensa norteamericano y manipulara algunos de los gérmenes más mortíferos del mundo?
¿Y ahora qué? ¿Cuándo se propondrá el FBI actuar a fondo?
Traducción de Luis Hugo Pressenda





