
Haití: a seis meses del terremoto preocupa la amenaza de huracanes
Un informe de Médicos sin Fronteras describe los avances y desafíos; aún hay cerca de 1,5 millones de personas sin techo; el esfuerzo de las organizaciones humanitarias; testimonios de la miseria y la esperanza
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Faltaban minutos para las cinco de la tarde cuando la tierra comenzó a sacudirse. Muy pocos alcanzaron a reaccionar y entender lo que estaba sucediendo. En pocos segundos, un terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter arrasó con gran parte del territorio. Parecía una película de terror. Hoy, seis meses después de aquel 12 de enero , Haití aún vive las secuelas de la catástrofe.
El terremoto se cobró la vida de más de 250 mil personas y dejó cerca de 1,5 millones de personas sin techo. Si bien la respuesta de cientos de organizaciones humanitarias fue inmediata, testimonios de quienes permanecen en el lugar dan cuenta de que todavía falta mucho por hacer.

A las carencias y las miserias que dejó la catástrofe, ahora se suma la amenaza de la temporada de huracanes, que se inició en la región el 1 junio.
El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó su preocupación, indicando que "el programa de asistencia no ha progresado con la velocidad planeada", según consignó la agencia DPA.
Un informe al que tuvo acceso lanacion.com , elaborado por Médicos sin Fronteras (MSF), una de las organizaciones que ha invertido gran esfuerzo en la recuperación de Haití, manifiesta que "las lluvias llevan semanas cayendo y la miseria que amenaza a los cientos de miles de personas que perdieron sus casas es implacable".
"La ayuda humanitaria ha mantenido a la gente con vida, pero no es suficiente para paliar algunas de sus mayores necesidades", indica el informe.
El miedo también es una secuela de la catástrofe. "Muchas personas permanecen en lo que yo llamaría un estado de ´confusión total de tierra y cuerpo´. La mayoría de mis pacientes tienen miedo de ser tragados por la tierra. El terremoto se les ha metido literalmente en el cuerpo y el ruido está siempre presente. Tienen graves trastornos del sueño. Viven en un estado constante de miedo y siguen teniendo flashbacks ", cuenta Maryvonne Bargues, psiquiatra, que dirige en Puerto Príncipe un equipo de salud mental de MSF.
El acceso a la salud. Según indica MSF, la catástrofe destruyó "el 60% de las estructuras de salud y el 10% del personal médico falleció o dejó el país".
Entre el 12 de enero y el 31 de mayo, esta organización atendió a más de 173 mil pacientes. Pero la preocupación por un plan a largo plazo continúa. "El Ministerio de Salud ha elaborado un plan a 18 meses cuyo punto central es la asistencia sanitaria gratuita para algunos grupos vulnerables de población. Pero todo esto necesita financiación externa y la reconstrucción de instalaciones permanentes", explican desde MSF.
Hoy, esta organización gestiona 19 estructuras médicas, con 16 quirófanos y más de 1.100 camas disponibles en total.
Paul McMaster, médico cirujano que llegó a Haití pocos días después del terremoto, recuerda el esfuerzo de los primeras jornadas.
"Cuando comenzamos con las intervenciones quirúrgicas, no teníamos energía eléctrica en el hospital. El equipo instaló un par de luces en un árbol. Los primeros días no teníamos agua ni comida para los pacientes ni tampoco para los equipos que estaban trabajando. Eran heridas brutales. Estaban muy infectadas porque llegaban tres o cuatro días después de haberlas sufrido", cuenta el especialista.
"A menudo, uno tiene una sensación de impotencia, o de querer hacer más. Y las emociones y los sentimientos se vuelven muy fuertes", agrega.
Refugiados. Además de los muertos y los miles de heridos que dejó el terremoto, otra de las consecuencias más graves es la falta de viviendas. Al menos un millón y medio de personas quedaron en la calle tras la catástrofe, y la reconstrucción, según indican las diferentes organizaciones que permanecen en Haití, avanza muy lentamente.
Astrid Nissen, directora de la sección de ayuda humanitaria de la organización alemana Diakonie, informó que de los 125 mil alojamientos temporales que se requieren en Haití, sólo han sido construidos unos 3.000.
"Llegué el 13 de enero con mi madre, mi hija, mis tres hermanos y mi primo. Me dieron una cubierta de plástico, pero estas cosas no duran demasiado. Con las lluvias que han caído durante semanas, el agua acaba entrando", cuenta a MSF Siliana, una de de las 45 mil personas desplazadas que viven en el Campo del Club de Golf de Puerto Príncipe.
"Tendremos que esperar a que pare de llover para volver a poner las camas y dormir. En este pequeño espacio duermen seis personas. Así es como vivimos y no es nada fácil", se lamenta.
Agua y saneamiento. La escasez de agua y la contaminación son otras de las principales amenazas para los haitianos. A esto se le suma la temporada de lluvias y huracanes, que complica el trabajo de las organizaciones humanitarias.
En total, indica el informe, "se distribuyen 1269 metros cúbicos de agua al día y se han construido 880 letrinas y 415 duchas".
También se trabaja constantemente en la limpieza de letrinas y tratamiento de los residuos, para evitar la propagación de enfermedades a causa de la contaminación.
"Haití ya tenía problemas de agua y saneamiento antes del terremoto, así que cuando éste sucedió, parecía la tormenta perfecta de los desastres, todo al mismo tiempo", cuenta Paul Jawor, especialista en agua y saneamiento que formó parte del equipo de emergencia de MSF.
Y agrega: "Ahora estamos pasando a la siguiente fase, con la colocación de torres de agua y otras formas más permanentes de suministro que no dependan del transporte en camiones, que ha sido el modelo básico. Y tenemos el reto de mantener las letrinas por encima del nivel del agua y las inundaciones con las lluvias actuales".
Más allá de la miseria y las secuelas que aún afectan a la población haitiana, la ayuda internacional y humanitaria sigue siendo motivo de esperanza para los millones de afectados por el terremoto.





