
Incendios récord en España y Francia: por qué son tan difíciles de controlar y qué puede pasar ahora
Miles de evacuados, récords de superficie arrasada, incendios “fuera de capacidad de extinción” y un escenario que podría agravarse en agosto
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PARÍS.– Los incendios forestales que azotan España y Francia ya dejaron una marca histórica. En apenas dos semanas, las llamas arrasaron una superficie récord, obligaron a evacuar a cientos de miles de personas y llevaron al límite a los equipos de emergencia, enfrentados a focos que las propias autoridades calificaron como “fuera de capacidad de extinción”.
En el sudoeste francés, uno de los incendios alcanzó tal intensidad que provocó un fenómeno extremadamente inusual en Europa: un pirocumulonimbo, una gigantesca nube de tormenta generada por el propio fuego, capaz de producir rayos, desatar vientos erráticos y originar nuevos focos.

Con el continente en alerta ante la llegada de otra ola de calor, estas son las principales claves para comprender una crisis que todavía está lejos de terminar.
¿Qué está ocurriendo en España y Francia?
Europa atraviesa una de las peores temporadas de incendios forestales desde que existen registros. En apenas dos semanas, varios focos de enorme magnitud convirtieron una campaña que ya se encontraba por encima del promedio en una emergencia que rompió récords históricos.
En Francia, la superficie quemada ya supera en un 40% el anterior máximo registrado por el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (Effis), que recopila datos desde 2006. En España, en tanto, el área arrasada se acerca a los niveles más altos de las últimas dos décadas.

Los dos mayores incendios del año —uno en cada país— forzaron evacuaciones masivas y llegaron a amenazar zonas próximas a grandes ciudades como Burdeos, Madrid y Valencia.
¿Cuáles son las zonas más afectadas?
El principal foco español se concentra en los alrededores de Madrid y en la provincia de Ávila, donde se desarrolla el mayor incendio registrado en la historia reciente del país. Solo allí, las llamas consumieron alrededor de 50.000 hectáreas y destruyeron viviendas, campings, instalaciones recreativas y extensas superficies forestales.
El fuego avanzó luego hacia Toledo, mientras otro frente de consideración permanece activo en la provincia de Castellón, en el este del país. En conjunto, los incendios que afectan el centro de España ya arrasaron unas 77.000 hectáreas.
Del otro lado de la frontera, la situación más crítica se concentra en la región vitivinícola de Burdeos, en el sudoeste de Francia, donde el rápido avance de las llamas obligó a evacuar a más de 250.000 personas.
¿Por qué estos incendios son tan difíciles de controlar?
Los especialistas atribuyen la virulencia de los incendios a la combinación simultánea de varios factores excepcionales.
Europa occidental atravesó una primavera muy lluviosa, que favoreció un crecimiento inusual de pastizales y matorrales. Sin embargo, las temperaturas extremas registradas durante mayo y junio secaron rápidamente esa vegetación y la convirtieron en una enorme reserva de combustible.

A ese escenario se sumaron sucesivas olas de calor, registros cercanos a los 40 grados, noches con temperaturas elevadas, vientos cambiantes y una sequía prolongada. La combinación facilitó una propagación extremadamente veloz y volvió imprevisible el comportamiento de las llamas.
Las autoridades españolas reconocieron incluso que, durante algunos momentos de la emergencia, se enfrentaron a incendios “fuera de capacidad de extinción”: focos cuya intensidad y velocidad superaban las posibilidades de respuesta de los medios disponibles.
¿Qué dimensión alcanzó la emergencia humana?
El impacto sobre la población fue enorme. Cerca de 90.000 personas debieron abandonar sus hogares en el centro de España, mientras que en el sudoeste francés las evacuaciones superaron las 250.000.
Los testimonios de los damnificados reflejan la magnitud del desastre. Elvira Menéndez, una jubilada de 79 años, huyó de su vivienda y lamentó la suerte de unos vecinos cuya casa quedó completamente destruida.
Rocío Domínguez contó que apenas alcanzó a recoger un kit para sus perros antes de abandonar todo lo demás. Al recordar el momento de la evacuación, resumió la escena en una frase: “Parecía el apocalipsis”.
Quienes pudieron regresar se encontraron con viviendas devastadas, vehículos carbonizados y jardines reducidos a cenizas. También hallaron una importante mortandad de fauna y comprobaron la pérdida de objetos personales y recuerdos imposibles de reemplazar.
¿Qué dicen los bomberos que combaten las llamas?
Los propios brigadistas describen una situación inédita, incluso para quienes acumulan décadas de experiencia en la lucha contra el fuego.
Un bombero definió el episodio como “el más grande y más complejo” de toda su carrera. Otro aseguró que nunca había enfrentado un incendio semejante: “Este es mi peor incendio con diferencia”.

A la exigencia física se suma, además, un fuerte impacto psicológico. Uno de los efectivos explicó que, frente a condiciones tan adversas, “no terminas de sentirte eficaz”. Otros cuestionaron la presencia de personal con escasa preparación y de voluntarios que ingresaban en zonas de riesgo sin el equipamiento adecuado, lo que añadía nuevas dificultades a los operativos.
¿Qué papel juega el cambio climático?
Los organismos europeos advierten que las condiciones propicias para los incendios extremos son hoy mucho más frecuentes que algunas décadas atrás.
La Comisión Europea calcula que los incendios de gran magnitud se duplicaron durante los últimos veinte años y proyecta que aumentarán otro 33% hacia 2050 y más del 50% hacia finales de siglo.
El fenómeno está relacionado con un calentamiento particularmente acelerado. Europa occidental eleva su temperatura casi al doble del ritmo promedio mundial, mientras que las sequías extremas en la cuenca del Mediterráneo son actualmente hasta cinco veces más frecuentes que en el pasado, de acuerdo con distintos estudios de atribución climática.
Ese contexto no solo aumenta la probabilidad de que se produzcan incendios, sino que también favorece focos más intensos, rápidos y difíciles de combatir.
¿Qué puede ocurrir en las próximas semanas?
Aunque en algunas zonas las condiciones meteorológicas mejoraron de manera temporal, las autoridades consideran que la emergencia está lejos de haber terminado.
Los pronósticos anticipan una nueva ola de calor, con temperaturas cercanas a los 40 grados. Al mismo tiempo, los especialistas recuerdan que agosto suele concentrar cerca del 60% de toda la superficie quemada durante la temporada de incendios en Europa.
Ante ese panorama, la Comisión Europea apuesta por incorporar nuevas herramientas de detección temprana, entre ellas imágenes satelitales en tiempo real, cámaras equipadas con inteligencia artificial, satélites capaces de localizar focos apenas se inician y redes de drones que ya funcionan en países como Grecia.
Sin embargo, la tecnología tiene límites. Los expertos coinciden en que, mientras persistan las condiciones climáticas extremas, la temporada de incendios de 2026 todavía podría alcanzar nuevos récords.
Agencias ANSA, Reuters y diarios El País y The New York Times
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