Indignación y temor entre los judíos de Viena
VIENA.- "En la comunidad judía estamos todos indignados: Joerg Haider es un xenófobo, un gran nazi, y todos los saben. Es como Hitler, pero él no va a tener la misma oportunidad."
Jurist Avital, una joven de 21 años que nació en Israel y que vive en Austria desde muy pequeña, no puede ocultar su rabia ante el resultado de las elecciones del domingo último, en las que el partido de Haider, el controvertido líder del ultraderechista Partido de la Libertad (FPOE), se consagró como segunda fuerza política del país.
Jurist Avital acaba de hacer sus compras en el almacén Raffi, en el barrio judío de Leopoldstadt, en el distrito 2 de esta ciudad, donde se venden productos kosher, kippás, y un grabador pasa música hebrea. Como buena religiosa, viste pollera larga y sweater negros, igual que los hombres de traje, sombrero y barba que se ven por la calle. "El presidente israelí, Ezer Weizman, dijo que si Haider llega al poder no habrá embajada de Israel en Austria", dice Jurist. ¿Tiene miedo? "No, porque creo en Dios, que nos va a proteger."
En Austria, un país de 8 millones de habitantes en un territorio con un tamaño similar al de la provincia de Neuquén, se calcula que viven unos 15.000 judíos, de los cuales la mayoría reside en Viena. Entre ellos, hoy reina el desconcierto y la preocupación. Y es lógico: nadie puede olvidar que antes de la Segunda Guerra Mundial la comunidad era mucho más grande -había 200.000 judíos-, que el régimen nazi exterminó a más de 65.000, y que el resto nunca regresó. Así como tampoco nadie puede olvidar que la persecución nazi en esta ciudad fue terrible, mucho peor que en muchos pueblos del interior de Alemania.
En el 91, además, Joerg Haider, de 49 años, alabó las políticas laborales de Hitler y calificó a los efectivos de las SS como "hombres decentes y de carácter".
En la Tempelgasse, a pocos metros del almacén Raffi, permanecen resabios concretos de esa época de terror: allí queda sólo una parte del templo de Leopoldstadt, destruido el 9 de noviembre de 1938, durante la Noche de los Cristales. "Era un templo muy grande y muy lindo, construido en 1858", recuerda Peter Schwarz, manager de Esra, un centro social que ayuda no sólo a judíos sobrevivientes del Holocausto, sino también a gitanos que fueron víctimas del odio nazi.
Xenofobia y racismo
Peter Schwarz, austríaco, hijo de judíos, también está preocupado por el notable avance del partido de Haider. Pero no tanto por el personaje en sí, sino por lo que significa en la sociedad, es decir, por el aumento de la xenofobia y el racismo.
"Creo que no se puede comparar a Haider con Hitler, ni a 1938 (cuando se dio el "Anschluss", la anexión de Austria con la Alemania nazi) con 1999. Eso es exagerado. Ni creo que mañana pueda haber un segundo Holocausto. Lo que me preocupa es el fenómeno social y que no haya ningún político que reaccione en contra de la xenofobia y el racismo, que están creciendo", afirma.
Durante su campaña, Haider propuso frenar la inmigración, y en un acto en el cual fue ovacionado reclamó que se ponga fin a los "abusos del derecho de asilo" para que Austria deje de estar "inundada" de extranjeros.
Para Schwarz, la xenofobia que existe hoy en Austria, donde se calcula que vive un millón de inmigrantes, es principalmente en contra de los negros que vinieron de Africa, de ex yugoslavos que escaparon de la guerra de los Balcanes y de los turcos. A éstos se los culpa de un ínfimo aumento de la criminalidad.
"Así como existe racismo en contra de los extranjeros, puede surgir en contra de los judíos", agrega. "El antisemitismo -sigue- es un hecho, algo que aquí siempre existió. Aunque hoy sólo una minoría es antisemita, es un sentimiento que puede volver a despertarse."
¿Se iría del país si Haider llegara al gobierno? "Jamás. Como hijo de personas que sobrevivieron al Holocausto, sé que hay que participar, luchar y quedarse."
En la Stephansplatz (plaza de San Esteban), en el corazón de Viena, donde se levanta la bellísima catedral homónima, los turistas disfrutan de la ciudad y los austríacos salen a pasear y hacer compras, el clima es muy distinto.
Y la gente no parece demasiado alarmada por el "fenómeno Haider". Franz Meier, un jubilado de 67 años, por ejemplo, dice que no está preocupado: para él, Haider no tiene ninguna posibilidad de llegar al gobierno. Y afirma que si su partido de ultraderecha obtuvo el segundo lugar en las elecciones fue porque se trató de votos de protesta.
"La coalición de socialdemócratas y populares que gobernó durante 13 años cometió muchos errores y la gente está cansada, quiere un cambio, una cara nueva. Yo no lo voté, pero conozco a mucha gente que lo hizo, y no son fascistas", afirma.
Daniela Huber, un ama de casa de 45 años, opina parecido: "No pienso que sea neonazi Haider o los que lo votaron. Creo que se está exagerando. Yo no lo voté, pero entiendo a los que lo hicieron, sobre todo a los trabajadores que escucharon sus promesas demagógicas, como el cheque de 5000 chelines (unos 420 dólares) para las madres", dice.
Entre diplomáticos
En ámbitos diplomáticos, en tanto, la percepción es que la reacción del mundo ante el resultado de las últimas elecciones ha sido y es exagerada.
"No se puede negar que Haider es un hombre de derecha, pero no hay elementos para decir que es un extremista o un neonazi", afirma la ministra Ana Wirth, funcionaria de la embajada argentina en Viena, responsable de los asuntos políticos.
"Justifico cualquier cautela ante una personalidad de este tipo -opina por su parte Ricardo Massot, encargado económico de la misma sede diplomática-, pero me parece que la prensa internacional está reaccionando desmedidamente. Decir que Haider es el sucesor de Hitler es demasiado."
Críticas para la reacción de Levy
VIENA (EFE).- El presidente del Partido Liberal Austríaco (FPOE), Joerg Haider, calificó ayer de "acto de histeria" las reacciones a su triunfo electoral procedentes de Israel y anunció que comenzará una campaña internacional para mejorar su imagen y la de Austria en el mundo.
Tras asegurar que no entiende las críticas del Estado judío y afirmar "no haber hecho jamás un comentario antisemita", Haider señaló que el canciller israelí, David Levy, "perjudica a sus ciudadanos y a los judíos de toda Europa con su postura". Levy anunció, anteayer, que Tel Aviv estudiará la ruptura de relaciones diplomáticas con Austria si Haider accede al poder. Este respondió que "en un mundo civilizado no se actúa con amenazas, sino ante una mesa de negociaciones".
El presidente austríaco, Thomas Klestil, también rechazó ayer las "fuertes críticas a Austria". Por su parte, el presidente de la Comunidad de Culto Israelita (IKG), Ariel Muzicant, calificó de "exagerada" la reacción de Levy, pero rechazó convertir las elecciones en Austria en "un conflicto austríaco-judío", ya que "es un problema que deben resolver los austríacos".
Haider anunció que la semana próxima iniciará su campaña de imagen y que irá a Munich, Roma, París, Londres y Estados Unidos.





