
Inquietud por una segunda oleada del virus H1N1
La cepa podría mutar y volverse más agresiva
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LONDRES.- ¿El mundo está preparado para un mortífero segundo brote de gripe porcina en septiembre? Eso es lo que desvela a las autoridades: la posibilidad de que una versión aún más virulenta de la enfermedad regrese con furia y mate a millones.
Históricamente, las pandemias de gripe vienen en oleadas, y con frecuencia empeoran con el correr del tiempo. Es lo que sucedió con el brote de 1918, que fue también la última pandemia del virus H1N1.
"Y lo mismo pasó con las pandemias de 1890, 1847, 1781, y otras", dijo Lone Simonsen, de la Universidad George Washington, de Washington DC, que ha estudiado el desarrollo de la pandemia de 1918.
La gripe de 1918 comenzó como una oleada benigna en el mes de marzo, seguida de una letal segunda ola, más tarde ese mismo año. Para que el virus de 2009 siga el mismo camino, debe propagarse entre los humanos con suficiente rapidez para no extinguirse, y mutar hasta adoptar una forma más peligrosa. Parece poco probable que se extinga: ha logrado resistir durante meses.
Mike Worobey, un especialista de la Universidad de Arizona, en Tucson, estimó que el virus apareció entre junio y noviembre pasados. Si se supone que llegó para quedarse, ¿se volverá más peligroso? "No se puede predecir lo que hará", dijo Worobey.
La esperanza de que podríamos usar lo que sabemos del virus de 1918 para predecir en qué momento esta cepa se volverá realmente peligrosa fue desestimada en los últimos días.
Jeffrey Taubenberger, del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, descubrió que, aunque el virus de la gripe de 1918 parecía tener que mutar para adaptarse a los humanos, esas mutaciones no fueron indicio de peligro en otros virus de la gripe.
Una diferencia entre 1918 y hoy es la posibilidad de una vacuna. En teoría, si este brote benigno de H1N1 viene seguido de una oleada más mortífera en el transcurso del año, podríamos fabricar vacunas contra lo que está circulando ahora con la esperanza de que siga funcionando, sin importar la forma que tome el virus.
Pero, si la producción se inicia en junio y en las mejores condiciones posibles, para septiembre podríamos contar con 190 millones de dosis, y con 1000 millones para octubre, cantidad por lejos insuficiente para cubrir a la población mundial. Otra opción son las drogas antivirales, pero las reservas son limitadas y se cree que el virus se hará resistente a ellas.
En 1918, no había ni drogas ni vacunas, pero dos cosas jugaron a favor de la gente y pueden darnos alguna esperanza también ahora. En primer lugar, la primera oleada, más benigna, produjo un efecto de protección y esta vez podría ocurrir lo mismo. "Allí donde hubo más casos durante el primer brote, menos gente murió el de otoño", dijo Simonsen.
La otra lección que deja el brote de 1918 es el impacto potencialmente poderoso del "distanciamiento social" una vez que el virus se ha vuelto realmente peligroso.
Medidas como aislar a los pacientes y sus contactos, cerrar las escuelas, prohibir los eventos masivos, cerrar algunos negocios y escalonar los horarios de trabajo para evitar el congestionamiento de la hora pico lograron mantener bajos los niveles de contagio en muchos lugares.
Howard Markel, historiador médico de la Universidad de Michigan, dijo que un oportuno "distanciamiento social" podría ayudar a ganar tiempo hasta que las vacunas estuvieran listas.
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