
Insólito secuestro de turistas en la selva amazónica
Una tribu tomó 15 rehenes por siete días
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SAN PABLO.- Quince turistas brasileños que se aventuraron en medio de la selva para pescar en los pródigos afluentes del río Amazonas pasaron una semana como rehenes de una de las tribus guerreras que subsisten en el corazón del Brasil.
Como en las películas de Indiana Jones, los turistas fueron sorprendidos por medio centenar de indígenas de la etnia caiapó, pintados para la guerra y armados con lanzas, arcos, flechas y escopetas antiguas.
Los caiapós, de la región de Novo Progresso, en el Estado de Pará, acusaron a los turistas, pescadores de San Pablo y Pará en excursión, de estar invadiendo sus tierras. Después de una semana de tensa negociación, en la que los indios llegaron a amenazar con matar a todos los rehenes, el cacique de la aldea Baú, Be-i Caiapó, aceptó ayer liberarlos. A cambio, el gobierno brasileño accedió a demarcar como tierra indígena un área de 1,8 millón de hectáreas.
Dueños de la tierra
Para entender mejor esta historia es preciso comprender la relación indio-hombre blanco en Brasil. La última Constitución brasileña (1988) estipuló la creación de reservas indígenas autónomas dentro de Brasil como parte de una serie de medidas de defensa del patrimonio histórico.
En esas áreas sólo puede entrar el hombre blanco si los indios de las tribus lo autorizan. Son, aunque no se los considere exactamente así, "países" dentro del Brasil, con lenguas y leyes propias.
Los 18 turistas tomados como rehenes invadieron lo que los indígenas ya consideraban como territorio propio. Permanecieron siete días casi sin comer ni bañarse, a punta de lanza.
Oficialmente, el territorio en el que los pescadores fueron capturados no había sido demarcado, y por eso la reivindicación de los caiapós: sólo liberaron a los rehenes cuando el ministro de Justicia del Brasil, José Gregori, envió un comunicado avisando de la demarcación de la nueva tierra caiapó.
Allí, nadie, ni la policía, podrá ingresar sin autorización de las autoridades indígenas. Invadir territorio aborigen es crimen federal. Decenas de garimpeiros (buscadores de oro) y cazadores ilegales han sido detenidos en muchas oportunidades por violar esa ley.
Delito y castigo
Existe en Brasil un organismo oficial llamado Fundación del Indio (Funai) que se ocupa de defender los derechos indígenas. Anteayer, cuando se conoció la historia de los rehenes, la asesoría de comunicación de la Funai salió en defensa de sus representados: "Si un indio ocupa la tierra de los blancos para robar alimentos no sale sin ser castigado", decía el comunicado de la institución.
Hasta ayer, cuando liberaron a sus rehenes, los caiapós exigían que las 15 personas -eran 18 en un comienzo, pero 2 ya habían sido liberadas por razones médicas y una escapó- fueran retiradas de sus tierras esposadas, simbolizando que habían invadido territorio "extranjero".
En diálogo con La Nación en una entrevista reciente, Aureo Faleiros, director de la Funai, había explicado que "nadie que no sea aborigen puede entrar en las reservas. Sólo ellos pueden explotar las tierras como les parezca mejor y sin intervención de ninguna autoridad blanca".
La región de la aldea invadida, a pesar de ser caiapó, está fuera del territorio que la etnia ya tiene delimitada dentro del Brasil, que es la mayor reserva indígena del mundo. El territorio ya delimitado de los caiapós, de 11 millones de hectáreas, es mayor que Portugal, Cuba, o tres veces el tamaño de Bélgica.
Relativamente cerca de allí, en el Estado de Amazonas, se encuentra Cabeza de Perro, la segunda mayor reserva indígena del planeta, de 10,6 millones de hectáreas. Ese es el "país" de los barés, surianos, makús, baniwas y tucanos.
Se estima que cuando los portugueses llegaron al Brasil existían en el territorio unos 5 millones de indígenas. Hoy son 330.000, motivo por el cual hace pocas semanas, cuando se conmemoraron los 500 años del descubrimiento de Brasil, los indios los calificaron como "500 años de exterminio y explotación".
Pero los indios brasileños corrieron mejor suerte que en los países vecinos. El difícil acceso a la selva amazónica impidió una campaña colonizadora para exterminarlos a todos. Por ese motivo, muchos viven aún en medio de la selva amazónica sin contacto con el hombre blanco, y hasta hace pocos años se continuaban descubriendo nuevas etnias y nuevas lenguas en el territorio brasileño.
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