
Irán: flagelan y ejecutan en público a un criminal
Apodado el Vampiro de Teherán, recibió 900 latigazos y murió en la horca por asesinar y violar a nueve mujeres
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TEHERAN, 13 (Reuter).- Un taxista iraní, apodado el Vampiro de Teherán, fue azotado y ahorcado públicamente hoy por haber violado y asesinado a nueve niñas y mujeres. A su vez, la hermana y el cuñado del violador fueron condenados a recibir 70 latigazos por sospechas de encubrimiento.
Ante una multitud de cientos de miles de personas, Gholamreza Khoshrou Kouran Kordieh, de 28 años, un ex presidiario que vivía prácticamente en la clandestinidad, fue colgado de una grúa móvil en el distrito de la Villa Olímpica, una zona ubicada al oeste de Teherán.
La policía acordonó el área para que la "condena a linchamiento por horca" no fuera alterada por las organizaciones de derechos humanos opuestas a la pena de muerte. Pero ninguna de esas organizaciones intentó impedir la ejecución, ya que la indignación pública por el salvajismo de Kordieh había adquirido en los últimos tiempos una dimensión poco frecuente.
El ahorcamiento de Kordieh fue calificado de "acto ejemplar" por los jueces que lo condenaron.
Los últimos latigazos
Antes de ser colgado, Kordieh recibió en desnudez 214 latigazos, que le propinaron en escasos diez minutos los familiares varones de las nueve víctimas. El día anterior había sido sentenciado a recibir 900 latigazos "oficiales" por sus delitos.
Kordieh confesó en un programa de televisión haber violado y asesinado a nueve niñas y mujeres entre enero y julio de este año. La víctima más joven tenía 10 años y la mayor, 47.
El asesino fue rápidamente condenado a diez sentencias de muerte, resumidas luego en flagelación pública y linchamiento mediante la horca.
Apodado el Vampiro porque violaba y asesinaba a sus víctimas en la noche, Kordieh murió cerca del sitio donde cometió sus crímenes. Hacía subir a las víctimas a su automóvil y las conducía a los suburbios, donde las violaba y las asesinaba a puñaladas. Luego rociaba sus cuerpos con combustible y las quemaba, para que no fueran identificadas.
"La bestia ha muerto"
"La sangre inocente siempre será vengada. Este es un castigo para el criminal, y para nosotros, los testigos, una lección que debemos aprender. Cada uno es responsable de sus actos", afirmó un clérigo ante la multitud, minutos antes de que se llevara a cabo la ejecución.
Después, Kordieh fue colgado por el cuello hasta morir, mientras la multitud celebraba la ejecución. "La pesadilla ha terminado -afirmó uno de los familiares de las víctimas-. La bestia ha muerto. Dios es grande".
Versos del Corán fueron leídos mediante megáfonos, mientras miles de personas se apretujaban cerca de la grúa donde fue colgado Kordieh.
Pero una mujer, amiga de una de las víctimas, afirmó que "no fue suficiente. Hubieran debido despedazarlo o lapidarlo. Yo vine aquí para matar mi dolor"..
"Pido perdón a todos" había declarado inútilmente el condenado, antes de morir.
La opinión pública iraní siguió de cerca el juicio a Kordieh, que fue transmitido por televisión. Los jueces, adhiriendo a la tradición islámica, optaron por la ley del talión.
El ahorcamiento en un lugar público respondió a la necesidad de satisfacer a la opinión pública y de contentar a los familiares de las víctimas. Estos habían pedido a las autoridades que se les otorgara el derecho -asegurado por la Sharia, la ley islámica- de decidir la pena y ejecutarla con sus propias manos.
En realidad, Kordieh era buscado desde hacía cuatro años. En 1993 fue arrestado y condenado por la violación y asesinato de una niña, pero consiguió huir de la policía durante el traslado a la cárcel.
Presión pública
Dos meses más tarde fue apresado nuevamente por una serie de asaltos a mano armada, pero en esa oportunidad la policía no reconoció en él al violador y asesino que había escapado poco tiempo antes. Después de tres años de cárcel, recuperó la libertad y comenzó su cadena de violaciones y asesinatos. La décima condena a muerte que recibió fue por el crimen cometido en 1993.
La captura de Korkieh tuvo lugar tras encendidas polémicas sobre la ineficiencia de la policía, que no lograba encontrarlo. El clamor de las protestas adquirió relieves políticos.
Poco después de la subida a la presidencia del moderado Mohammad Khatami, la prensa conservadora no perdió una sola ocasión para recordarle su compromiso de "garantizar un mayor respeto a la ley y más seguridad para la población".
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