Júpiter. Las inesperadas descargas eléctricas en la atmósfera y las bolas de champiñón

Los datos de las tormentas eléctricas son el resultado de la misión Juno en el planeta más grande del sistema solar.
Los datos de las tormentas eléctricas son el resultado de la misión Juno en el planeta más grande del sistema solar.
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8 de agosto de 2020  • 10:28

Una nueva investigación sugiere que las violentas tormentas eléctricas que tienen lugar en la atmósfera de Júpiter pueden formar granizo rico en amoníaco. Dichas tormentas juegan un papel clave en la dinámica atmosférica del planeta más grande del sistema solar, según un reciente estudio publicado en la revista Nature.

Al igual que en la Tierra, el agua de Júpiter se mueve por tormentas eléctricas. Se cree que se forman dentro de la atmósfera profunda del planeta, a unos 50 km por debajo de las nubes visibles, donde la temperatura es cercana a los 0° C. Cuando estas tormentas son lo suficientemente potentes, transportan cristales de hielo de agua a la atmósfera superior.

En un estudio reciente, investigadores de Estados Unidos y del Laboratoire Lagrange de Francia sugieren que cuando estos cristales interactúan con el amoníaco gaseoso, éste actúa como anticongelante y convierte el hielo en líquido.

Bolas de Champiñón

Tanto en Júpiter como en la Tierra, una mezcla de dos tercios de agua y de un tercio de gas de amoníaco permanecerá líquida hasta una temperatura de -100° C. Los cristales de hielo que se han elevado a la atmósfera de Júpiter son derretidos por el gas de amoníaco, formando un líquido de agua y este gas, y se convierten en las semillas de las piedras exóticas de granizo de amoníaco, denominadas por los investigadores como 'bolas de champiñón'.

Estas bolas son más pesadas y luego caen más profundamente en la atmósfera hasta que alcanzan un punto donde se evaporan. Ese mecanismo arrastra el amoníaco y el agua a niveles profundos en la atmósfera de Júpiter.

Las mediciones de la misión Juno de la NASA descubrieron que, si bien el amoníaco es abundante cerca del ecuador de Júpiter, es muy variable y generalmente se agota en otras partes a presiones muy profundas. A diferencia de las misiones anteriores, que solo habían observado relámpagos desde regiones profundas, la proximidad de Juno al planeta le permitió detectar destellos más pequeños y menos profundos.

Estos flashes "superficiales" provienen de regiones donde las temperaturas están por debajo de -66 ºC y donde el agua sola no se puede encontrar en estado líquido. Sin embargo, se cree que la presencia de un líquido es crucial para el proceso de generación de rayos.

La detección de Juno de tormentas de "relámpagos poco profundos" en las altitudes donde se puede crear agua de amoníaco líquido es un soporte de observación de que el mecanismo de la bola de hongo puede estar funcionando en la atmósfera de Júpiter.

Comprender la meteorología de Júpiter y de otros planetas gigantes aún inexplorados como Urano y Neptuno debería permitirnos comprender mejor el comportamiento de los exoplanetas gigantes de gas fuera de nuestro propio Sistema Solar.

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