
Kosovo fue la última gran guerra mundial
Osama ben Laden, un nuevo Milosevic
1 minuto de lectura'
ROMA.- Slobodan Milosevic era Osama ben Laden en la última gran guerra mundial "en miniatura", la de Kosovo. Denominado "el carnicero de los Balcanes" por la limpieza étnica y las fosas comunes que auspició en las sucesivas guerras que azotaron a la ex Yugoslavia a partir de los 90, cuando comenzó a disgregarse, desde hace unos meses el ex presidente serbio está en una cárcel de La Haya, acusado de genocidio.
Slobodan Milosevic era como Osama ben Laden, hace dos años y medio, durante la guerra de Kosovo. Entonces, no era Afganistán el centro del mundo, como ahora, sino la minúscula provincia serbia de Kosovo, donde la mayoría de etnia albanesa era deportada y perseguida brutalmente por las fuerzas serbias, paramilitares y regulares.
Entonces, como ahora las Torres Gemelas derritiéndose como fósforos shockearon al mundo, las imágenes de limpieza étnica transmitidas por las TV de todo el mundo penetraron en los hogares de los cinco continentes.
A diferencia de ahora, la guerra que se libró en 1999 en Kosovo, una guerra entre Occidente (los buenos) y Serbia (los malos), nunca fue llamada "guerra". La comunidad internacional, que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial volvía a ver sangre y miles de refugiados en el corazón de Europa, prefirió camuflarla con otro término: "intervención humanitaria".
Liderada por la OTAN, la intervención en contra de Milosevic -con quien se había firmado los acuerdos de Dayton en el 95, para poner fin a la guerra en Bosnia-, comenzó el 23 de marzo de 1999, para salvar a los albaneses de Kosovo.
Se trató de una ofensiva aérea que duró 78 días, con 38.000 incursiones -de la cuales 10.000 con bombardeos-, que puso de rodillas a la ya empobrecida ex Yugoslavia y, de hecho, convirtió a Kosovo en un protectorado internacional de difícil gestión. Fue una ofensiva que no tuvo ninguna baja del lado aliado, 545 del lado yugoslavo, y provocó la hecatombe de casi un millón de refugiados en las vecinas Albania y Macedonia (la mayoría de ellos ha regresado).
Fue una ofensiva aérea que se inició con 400 aviones y concluyó con 1100, que no logró el gran objetivo de derrocar al régimen del "carnicero" "Slobo" Milosevic, algo que ocurrió hace un año, con las elecciones que llevaron al poder a Vojislav Kostunica.
Sin embargo, la guerra de Kosovo fue ganada por Occidente: después de 78 días de bombardeos aliados, muchos de los cuales con "efectos colaterales" (es decir, errores monstruosos, como por ejemplo el caso de la embajada China en Belgrado), Milosevic decidió rendirse.
Sin víctimas
El 10 de junio de 1999 el ejército serbio se retiró de Kosovo, y las fuerzas aliadas entraron como libertadores a esa minúscula provincia, víctima de incendios, saqueos, ejecuciones masivas y violaciones de todo tipo.
En la guerra de Kosovo, un problema en realidad ajeno y lejano a los norteamericanos, sino más bien producto de la ineficacia europea a la hora de resolver el rompecabezas balcánico, la OTAN nunca quiso una intervención terrestre. Entonces Bill Clinton, que quizás decidió intervenir para sacarse de encima el escándalo Lewinsky, impuso a sus aliados el dogma del " no casualties " (sin víctimas).
Era lógico. A diferencia de lo que sucede ahora, la guerra no había comenzado como reacción a un ataque terrorista inimaginable, sino después del fracaso de sucesivas negociaciones en Rambouillet y París, tendientes a evitar que Kosovo se convirtiera en una nueva Bosnia. Otras diferencias: entonces el orgullo norteamericano no estaba herido a muerte, ni el mundo entero en alarma ante posibles nuevos atentados terroristas. Y tampoco algunas mentes no planteaban un conflicto entre el Occidente cristiano y el Islam.
Sin contar los intereses económicos siempre presentes en las guerras, en Kosovo no se pretendía librar una cruzada contra el terrorismo internacional, sino eliminar del escenario al "carnicero" Slobodan Milosevic. El Ben Laden de la última gran guerra del siglo XX.



