
La Antártida, a salvo por los próximos 50 años
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MADRID (Reuter).- El Protocolo de Protección de la Antártida, destinado a preservar intacto durante 50 años el continente helado, entró finalmente en vigor ayer, seis años después de su firma en Madrid.
"Saludamos esta entrada en vigor como una victoria histórica en la protección del medio ambiente porque es el acuerdo más progresista que el mundo ha visto", dijo Ian Reddish, encargado de la Antártida para Greenpeace.
El documento, firmado por 26 países, convirtió el enorme continente helado, que supone una décima parte de la superficie terrestre, en una "reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia".
Durante 50 años la frágil Antártida, decisiva para la regulación del clima de todo el planeta, estará a salvo de la explotación minera y petrolera.
"Cualquier actividad relacionada con los recursos mineros, exceptuando la investigación científica, será prohibida", afirmó el más decisivo artículo del documento.
Pero su puesta en vigor se demoró seis años por la lenta ratificación por parte de los 26 países que lo firmaron el 3 de octubre de 1991, en España. Estados Unidos, Rusia y Japón fueron los últimos países, el año pasado, en ratificarlo.
De ahora en adelante, antes de llevar a cabo cualquier actividad, incluso de tipo científico o turístico en el continente, será necesario evaluar su impacto en el medio ambiente.
También se protegerán la flora y la fauna de la Antártida, que representa el 70% de las reservas de agua dulce mundiales, y se regulará la eliminación de residuos, procedentes de las bases científicas establecidas allí.
No a la explotación
Pero el aspecto más transcendental de este documento es la prohibición de la explotación minera y petrolera; es la primera vez que se trata esta cuestión desde que el Tratado de la Antártica, que gobierna el continente, fue firmado en 1959.
Aunque aún no se han encontrado grandes cantidades de minerales o de hidrocarburos en el continente, helado en un 98%, los científicos están convencidos de que existen.
La prohibición podrá ser levantada dentro de 50 años, si la mayoría de los países signatarios así lo decide, y solamente si se ha establecido una regulación legal para la explotación minera.
El Protocolo de Madrid desilusionó a los ecologistas y a países como Francia y Australia, los más ardientes defensores de la Antártida, que pretendían convertir el continente en un permanente centro de investigación científica y de vida silvestre.
Sin embargo, muchos mantienen aún la esperanza de que esta moratoria se convierta en indefinida, una vez que venzan los primeros 50 años, para que la Antártida quede fuera del alcance de los intereses mineros y petroleros.




