La capacidad de ataque, vigente pese a las divisiones

Eric Schmitt
Helene Cooper
Anne Barnard
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21 de marzo de 2015  

WASHINGTON.- Estado Islámico (EI) enfrenta un creciente disenso entre sus filas de combatientes rasos y tiene problemas para gobernar las ciudades que ocupó, pero este grupo sunnita conserva su capacidad de lanzar ataques y extender su alcance ideológico más allá de los límites de Irak y Siria, según altos funcionarios del gobierno norteamericano.

Experimentados oficiales de las áreas de defensa y de inteligencia dicen que siete meses después de que los aviones de la alianza liderada por Estados Unidos comenzaran a bombardear objetivos estratégicos de EI, la milicia sunnita, si bien un poco debilitada, se mantiene en pie.

Los funcionarios del Pentágono advierten que aunque EI perdió gran parte de Tikrit, en el centro de Irak, después de una semana de cruentos enfrentamientos, a las fuerzas iraquíes les podría resultar tan difícil conservar el control de la ciudad como les fue liberarla. Durante esos mismos días, los combatientes de EI coordinaban el más feroz asalto de los últimos meses, en este caso contra Ramadi, al oeste de Bagdad.

Pero las tensiones en el seno de EI ya son evidentes, producto de la creciente presión militar y financiera que sufre el grupo, sumada a la enorme dificultad que implica, para una organización mayormente descentralizada, mantener la cohesión de lo que ven como un naciente Estado. Y, a la vez, integrar a miles de combatientes extranjeros a las milicias compuestas por sirios e iraquíes.

Esas tensiones fueron descriptas en entrevistas por un combatiente sirio que desertó recientemente del grupo, y por un reclutador de EI que sigue trabajando para ellos, pero que objeta algunas de sus prácticas. Esas descripciones coinciden con el relato de los residentes de las áreas controladas por EI y con las entrevistas hechas a numerosos activistas sirios que se oponen tanto a EI como al gobierno sirio. Esos activistas ya huyeron de la zona, pero tienen contacto permanente con quienes siguen en el lugar.

Hay informes de decenas de ejecuciones y encarcelamientos de combatientes que intentaron desertar. Y hay tensiones en diversos frentes, ya que algunos combatientes se quejan de ser trasladados a batallas que son estratégicamente poco importantes.

También hay quejas por los sueldos y las condiciones de vida, peleas por dinero y oportunidades de negocios, y acusaciones contra los comandantes de haberse quedado con botines en dinero y otros bienes. Y hay cada vez más relatos y anécdotas sobre miembros del grupo -en especial lugareños, que pueden haberse unido por oportunismo o por sentir que era la mejor manera de sobrevivir- horrorizados por la extrema crueldad de EI.

"Se me sigue revolviendo el estómago", dijo recientemente el desertor sirio Abu Khadija, tras haber presenciado la decapitación de 38 prisioneros de guerra kurdos y alauitas en Yaroubiyeh, una ciudad siria sobre la frontera con Irak. Por razones de seguridad, Abu Khadija pidió ser identificado sólo por su sobrenombre.

A pesar de esos relatos, el general Lloyd J. Austin III, jefe del Comando Central de Estados Unidos, confió que la batalla contra EI estaba casi ganada. Y a pesar de que Austin dijo ante la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes que los ataques aéreos habían matado a más de 8500 combatientes y acabado con la principal fuente de ingresos por petróleo del grupo (limitando la capacidad de los líderes para comandar y controlar a sus tropas), hay funcionarios del Pentágono y de las agencias antiterroristas que dicen que el grupo es cada vez más peligroso. Y eso es debido a sus nuevas filiales en Afganistán, Argelia, Egipto y Libia. El sábado pasado, el grupo nigeriano Boko Haram fue el último en jurar alianza con EI.

Hasta ahora, el autoproclamado califato perdió sólo un 20% del territorio de Irak que había ocupado, y gran parte de la zona la perdió en el Norte, frente a las tropas peshmergas kurdas.

Otra matanza de Boko Haram

Decenas de cuerpos de mujeres masacradas por el grupo islámico Boko Haram fueron descubiertos por el ejército nigeriano en pozos del poblado de Bama, tras ser reconquistado por fuerzas militares. Según los informes, se trata de mujeres secuestradas y convertidas en esposas-esclavas por los milicianos. Las mujeres habrían sido asesinadas por los jihadistas para no hacerlas caer en manos "infieles" antes de su retiro del lugar. La mayor parte de los cadáveres tenían impactos de bala, aunque también había varios cuerpos decapitados, según informó el ejército.

Traducción de Jaime Arrambide

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