La decisión de Elián González
En el nombre de Elián González había un destino. Cuando decidieron llamarlo "Elián", sus padres combinaron las primeras tres letras del nombre de ella, Elizabeth, con las dos últimas letras del nombre de él, Juan. Hace cuatro meses, Elizabeth escapó de la Cuba oficial rumbo a esa otra Cuba cuya capital es Miami en una balsa junto a Elián. Juan, que estaba separado de Elizabeth, vive en la isla. El destino de Elián, que hasta ese momento estaba latente en su nombre, quedó de manifiesto desde entonces: vivirá desgarrado entre dos Cubas.
Se puede hablar de "la decisión de Elián" de dos maneras. Una es la decisión "acerca de Elián", que se inició con la trágica huida de Elizabeth y el niño, que culminaría con la muerte de Elizabeth en el mar y el naufragio de Elián en las playas de la Florida y que sigue ahora por un laberinto de instancias administrativas y judiciales. La otra es "la decisión de Elián" propiamente dicha, la elección que tarde o temprano tendrá que realizar él mismo entre las dos Cubas que ardientemente lo reclaman.
"Acerca de ..."
Desde el momento que Elián está en los Estados Unidos, la decisión acerca de su futura residencia discurre a través de los organismos judiciales y administrativos norteamericanos. El presidente Clinton y su secretaria de Justicia, Janet Reno, optaron desde el comienzo por devolver el niño a Cuba. El fundamento jurídico de esta determinación es inobjetable: Juan González es el padre de Elián y, muerta Elizabeth, goza, según el Derecho Civil, de la patria potestad. Si quiere que Elián viaje a Cuba con él, ¿quién podría impugnarlo?
Más allá del Derecho Civil interviene, sin embargo, un factor político. Cuba es un sistema totalitario cuyo titular ha montado una campaña nacional para recuperar a Elián. Dada esta circunstancia, es legítimo preguntar hasta dónde Juan González podrá expresarse con libertad. Si viaja a los Estados Unidos como está previsto, ¿estará una vez allí en condiciones de resolver sin presiones adónde vivirán él y Elián? ¿Podría escoger asilarse en los Estados Unidos como quería Elizabeth, por ejemplo?
Por eso ha resultado vital fijar las condiciones del encuentro entre Juan y Elián. Fidel Castro quiere que ocurra en la sede diplomática de Cuba en Washington. Otros piensan en un lugar neutral.
La comunidad cubana de Miami, cercana al millón de personas, ha rodeado mientras tanto a Elián y al tío abuelo con quien reside, para protegerlo contra la ofensiva de Castro. Y esos cubano-norteamericanos votan. No debe sorprender por eso que, en tanto Clinton y Reno se inclinan por el regreso del niño a Cuba, los dos candidatos de las elecciones presidenciales de noviembre, el republicano Bush y el demócrata Gore, tengan en cuenta a la comunidad cubana de Miami.
De esta manera, la disputa por Elián ha penetrado dentro de la propia sociedad norteamericana. Washington presiona en favor de la devolución de Elián. Miami la resiste. Pero Miami no es sólo una ciudad norteamericana, sino también una ciudad cubana. Es la otra Cuba: la del exilio y la resistencia.
"De..."
El combate por Elián se desarrolla en dos teatros de operaciones. El primero, según vimos, es político e institucional. El segundo, más profundo, es el alma de Elián.
El niño ha vivido seis años en su Cuba natal. Pero el niño ha vivido también cuatro meses en la Cuba del exilio. Si pudiera decidir, ¿por cuál de ellas optaría?
En el terreno de los hechos, esta pregunta no tiene respuesta posible porque Elián es menor de edad. Pero en el terreno de los símbolos se da una batalla crucial entre el comunismo cubano y la democracia capitalista norteamericana no sólo delante de Elián sino también delante de millones de espectadores. Ellos, ¿a cuál de los dos sistemas preferirían?
La Guerra Fría terminó hace diez años. Despojada de toda significación militar y económica, ella subsiste, sin embargo, en el alma de todos aquellos que, sentados en la platea frente a este drama unipersonal, se imaginan en el lugar de Elián y piensan por él. Si Elián viaja a La Habana, los últimos creyentes en el comunismo pensarán que su larga cruzada aún no ha terminado. Si Juan o, finalmente, su hijo prefieren un día las costas de la Florida, señal será de que a Castro y los suyos no les queda ni siquiera el refugio de una ilusión.





