
La esposa de Arafat acusó a los dirigentes palestinos de conspirar
Dijo que quieren "enterrar vivo" al líder
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RAMALLAH, Cisjordania.– Mientras reina la incertidumbre y crece el misterio en torno del agonizante Yasser Arafat, su esposa, Suha, desató un incendio de consecuencias imprevisibles en la cúpula palestina, a la que acusó de querer “enterrar vivo” al legendario líder.
Como en una tragedia de Shakespeare, Suha, que desde que su marido fue internado en París mantuvo un mutismo absoluto, se convirtió de pronto en protagonista de uno de los momentos más delicados para Medio Oriente. Debido a las leyes francesas, como familiar de Arafat es la única con acceso a los secretos del lecho del enfermo. Y ayer rompió el silencio.
En momentos en que la dirigencia palestina intenta organizar una transición lo menos traumática posible hacia una era sin Abu Ammar (nombre de guerra de Arafat), Suha provocó un verdadero escándalo al llamar al canal de TV Al-Jazeera y denunciar a viva voz una conspiración en contra de su esposo.
“Este es un mensaje al honorable pueblo palestino, para que sepa que un grupo de los que quieren heredar (el poder de su marido) viene a París”, dijo, al referirse al viaje del primer ministro, Ahmed Qureia (Abu Ala); de su antecesor, Mahmmoud Abbas (Abu Mazen), y del ministro de Relaciones Exteriores, Nabil Shaath.
“Tienen que ser conscientes de la conspiración. Les digo que quieren enterrar vivo a Abu Ammar. El está bien y va a volver a su patria. La revolución llevará a la victoria. Alá es el más grande”, siguió, concluyendo su arenga de un minuto con el habitual grito de guerra musulmán.
La declaración de Suha -una cristiana de 41 años detestada aquí porque desde el inicio de la Segunda Intifada, a fines de 2000, abandonó al líder palestino, de 75, y se fue a vivir a la elegante París-, fue como el paso de un huracán.
Al margen de enfurecer a los palestinos de la calle -que la insultaron como nunca y hasta la compararon con Imelda Marcos, la ex primera dama de Filipinas-, Suha lanzó una virtual declaración de guerra a "los dos Abu". Abu Ala y Abu Mazen, de hecho, han tomado las riendas de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) desde que Arafat viajó a París, hace 11 días, y han negociado frenéticamente con todos los grupos para evitar que el vacío de poder degenere en una feroz lucha entre las varias facciones palestinas.
Si bien en un primer momento la denuncia de Suha bloqueó el viaje a París que tenían previsto ayer los principales dirigentes palestinos de la nueva era "sin Arafat" -que temían que Suha les cerrara la puerta en la cara y no les permitiera ver a su marido-, poco después los dirigentes cambiaron de idea. Viajaron igual a la capital francesa, donde hoy se reunirán con el presidente francés, Jacques Chirac, e intentarán negociar una visita al agonizante presidente palestino y conocer su real estado de salud.
Según las leyes francesas, Suha tiene el derecho de controlar toda la información sobre su marido y todas las decisiones sobre su tratamiento e, incluso, su eventual muerte. "El estado del señor Arafat es estable, pero las visitas siguen limitadas", dijo ayer Christian Estripeau, el jefe del equipo de médicos que atiende al líder palestino, en lo que pareció indicar que la delegación palestina difícilmente podrá ingresar hoy en la habitación de Arafat.
"El presidente Arafat no pertenece sólo a su familia, sino también al pueblo palestino", indicó ayer Qureia. Y agregó, en alusión a Suha: "No tiene derecho a decidir quién lo puede ver y quién no".
Aunque varios medios israelíes creen que quiere adueñarse de la fortuna secreta de su marido (ver aparte), fuentes bien informadas dijeron a LA NACION que Suha en realidad no quiere que su esposo, un verdadero mito en estas tierras, sea enterrado en la mísera Franja de Gaza, como el gobierno israelí pretende y como "los dos Abu" habrían aceptado.
Para Suha, él se merece un lugar más honroso, que si no puede ser Jerusalén, como desearía, debería al menos ser la Mukata, el cuartel general de esta ciudad, donde estuvo recluido los últimos dos años y medio.
Esto es algo que Israel no está dispuesto a aceptar, no sólo porque cree que aquí no habría seguridad suficiente para controlar un funeral masivo, sino también por la cercanía con Jerusalén, que queda a media hora de auto.
La prensa israelí ha calculado en unos 1000 millones de dólares la fortuna de Arafat. Según Haaretz, esta cifra proviene de fondos supuestamente sustraídos a la ANP entre 1995 y 2000. Sin embargo, otro periódico, Yediot Ahronot, citó un ranking de la revista norteamericana Forbes, que ubica al líder palestino en la novena posición entre los dirigentes más ricos del mundo, con un capital personal estimado en unos 200 millones de dólares. En definitiva, según la opinión de analistas israelíes, si bien puede haber mucho de cierto en este polémico tema, también existe una cuota importante de leyenda.
Así, en un clima de telenovela, llena de intrigas y golpes de efecto, la prensa israelí -que escribió que el hospital parisiense ya habría decretado la muerte de Arafat el sábado último- dijo ayer que la cúpula palestina viajaba a París para declarar el fallecimiento del presidente palestino. Añadió que los líderes palestinos ya le habían pedido a Suha que lo desconectara de la máquina que lo mantiene con vida.
Según Haaretz, esto podría suceder hoy mismo, porque se celebra el Lailar-al Kader, el día en que los musulmanes creen que Dios reveló el Corán al profeta Mahoma.
Más allá de las especulaciones, lo cierto es que la ira de Suha significa que ha aparecido una nueva jugadora en la guerra de sucesión que se ha desatado en esta parte del planeta.
"Como mujer y esposa, yo entiendo su reacción, pero no justifico el caos que provocó con sus palabras. Ella no es la dueña de Arafat, sino el pueblo palestino, nosotros. Probablemente, ahora que él ha muerto, ella también quiere tener poder político", dijo a LA NACION Maha Ajaweini, una maestra de arte de esta ciudad.
Cristiana, nacida en el seno de una rica familia de Cisjordania, famosa por su pelo rubio y vestidos a la moda en esta tierra en la que la mayoría de las mujeres se tapan el cabello con pañuelos, Suha se convirtió al islam para casarse con Arafat en 1992, tras haber trabajado como su secretaria privada en los tiempos del exilio en Túnez.
En 1995 tuvo una hija con él, Zahwa, pero a partir de 2000 prácticamente se separó de su marido, a quien sólo volvió a ver el 28 del mes último, cuando optó por llevárselo a París, una histórica decisión que acá todo el mundo le critica.
"El tendría que morir en su tierra, no en la capital francesa, donde ella se la pasó derrochando nuestro dinero", comentó, furioso, Ehab, un administrador de empresas que ayer por la tarde participó aquí de una manifestación de rechazo a Suha y de solidaridad a Arafat.
Por la mañana, en la primera marcha frente a la Mukata, donde centenares de periodistas mantienen guardia, unas veinte mujeres también reaccionaron indignadas a los dichos de Suha. Llevaban una pancarta que decía: "La lucha de las mujeres es en la calle, no en los hoteles", en referencia a la vida extravagante de Suha, entre hoteles de lujo en Túnez y en París.
Entre estas mujeres estaba Annan Ashrawi, vocera de la ANP, que resumió: "Arafat es más que el marido de Suha, él es un símbolo, es el padre de los palestinos". Y, sin ocultar su furia, se preguntó: "¿Dónde estaba [su esposa] cuando él estuvo prisionero en la Mukata?".
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