La guerra de Estados Unidos contra Irán entra en una nueva fase
Tras el fin del alto el fuego intermitente, Trump relanza su ofensiva con ataques masivos y un bloqueo naval para debilitar el control iraní sobre una vía clave para el comercio global de petróleo
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WASHINGTON.– La administración Trump volvió a embarcarse en una guerra contra Irán que en realidad nunca había terminado.
Cuando comenzó la guerra hace más de cuatro meses, las fuerzas estadounidenses atacaron bases militares iraníes, lanzadores de misiles, buques e instalaciones navales. Israel, luchando junto a Estados Unidos, atacó objetivos de la cúpula dirigente, con la esperanza de derrocar al gobierno de línea dura de Irán.
Su historial de éxitos ha sido, en el mejor de los casos, irregular. Israel asesinó al líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, pero los líderes que lo sucedieron fueron aún más intransigentes. Las fuerzas estadounidenses atacaron miles de objetivos, pero no lograron destruir la capacidad de Irán para controlar el estrecho de Ormuz, la vía marítima por donde suele transitar alrededor del 20% del petróleo mundial.
Durante aproximadamente 90 días, a partir de abril, prevaleció un alto el fuego intermitente. Y luego se acabó.

Estados Unidos parece estar entrando en la segunda fase de su campaña militar. Esta fase tiene un nuevo enfoque, pero no necesariamente una estrategia más clara.
La capacidad de Irán para controlar el estrecho, a pesar del duro golpe que sufrió su armada, es sin duda la lección más importante de la primera fase de la guerra. Por lo tanto, no sorprende que la administración Trump esté centrada en intentar debilitar el control iraní sobre él.
El martes pasado, en represalia por los ataques contra buques petroleros, el presidente Trump ordenó ataques aéreos contra decenas de objetivos en Irán, incluidos radares costeros, lanzadores de misiles antibuque y una flota de pequeñas lanchas de ataque iraníes.
Tras una breve pausa, Estados Unidos atacó 140 objetivos militares en el primero de tres días consecutivos de intensos bombardeos esta semana.
Las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo nuevas oleadas de ataques contra Irán a lo largo del martes y reanudaron el bloqueo naval de los puertos iraníes, una estrategia que había mostrado cierto éxito en la fase anterior.
Los ataques tienen como objetivo reabrir la vía al tráfico marítimo. El propósito del bloqueo naval es ejercer presión económica sobre Irán interrumpiendo su comercio y demostrar el poderío militar estadounidense.

Trump no tardó en declarar el éxito.
“El estrecho de Ormuz está abierto a todo el tráfico marítimo, excepto al de Irán, y eso se debe a su liderazgo mentiroso, violento y malicioso, que los está llevando por el camino de la destrucción total”, escribió Trump en Truth Social el martes por la mañana.
Pero no está claro qué medidas tomará exactamente el Ejército estadounidense para hacer cumplir el bloqueo, ni hasta dónde llegará para ejercer control sobre el estrecho.
La primera fase de la guerra tuvo un alto costo. Teherán estima que al menos 3500 iraníes han muerto en el conflicto , incluyendo 175 en una escuela primaria. Trece militares estadounidenses también fallecieron. La guerra ya costó decenas de miles de millones de dólares , y la nueva fase podría incrementar considerablemente esos costos financieros.

Una cuestión clave es si Trump considerará la posibilidad de llevar a cabo una operación para tomar la isla de Kharg, en el estrecho, un importante centro de exportación de petróleo para Irán.
El mandatario especuló públicamente sobre la posibilidad de ordenar a los marines que tomaran el control de la isla durante la primera fase de la guerra, pero finalmente abandonó esos planes por temor a un elevado número de bajas estadounidenses.
Una operación de este tipo supondría una escalada mucho mayor que la que Trump ha emprendido hasta ahora. Sin embargo, sería difícil y podrían perderse vidas tanto en la toma como en el control de la isla.
Estados Unidos sigue contando con un temible arsenal en la región, que incluye dos portaaviones y docenas de aviones de ataque y vigilancia, tanto embarcados como terrestres.
“Actualmente hay más de 20 buques de guerra de la Armada estadounidense y cientos de aeronaves militares operando en todo Medio Oriente”, declaró el Comando Central en un comunicado anunciando la reanudación del bloqueo. “Las fuerzas estadounidenses permanecen vigilantes, letales y preparadas”.
U.S. forces resumed the naval blockade against vessels transiting to and from Iranian ports and coastal areas today at 4 p.m. ET.
— U.S. Central Command (@CENTCOM) July 14, 2026
There are currently more than 20 U.S. Navy warships and hundreds of military aircraft operating across the Middle East. American forces remain… pic.twitter.com/ATRJHlLQNo
En los ataques de la semana pasada, las fuerzas estadounidenses alcanzaron más de 170 objetivos militares iraníes. En tres días consecutivos de intensos bombardeos esta semana, Estados Unidos ha alcanzado 140 objetivos militares.
Según los analistas, la administración Trump estaba enviando un mensaje contundente al gobierno de Teherán: Estados Unidos estaba dispuesto a ampliar de nuevo su misión y atacar objetivos que tuvieran usos tanto militares como civiles.
Pero altos funcionarios estadounidenses afirmaron que el verdadero foco de la fase actual es, sin duda, el estrecho.
El Ejército estadounidense ha atacado algunos objetivos lejos del estrecho, pero estos también están relacionados con la misión principal. Por ejemplo, la semana pasada, las fuerzas estadounidenses aparentemente atacaron un puente ferroviario en el noreste de Irán, a más de 1100 kilómetros del estrecho. Un video difundido en línea y verificado por The New York Times mostraba a varias personas inspeccionando un cráter en el lugar.
El capitán Tim Hawkins, vocero del Comando Central, declaró en una entrevista telefónica que entre esos objetivos se encontraban infraestructuras logísticas militares iraníes que permitían a Irán dirigir armas, municiones y otros suministros militares a la zona más disputada del conflicto.

Hasta el momento, Trump no había ordenado la reanudación de un conflicto tan a gran escala, en parte porque eso podría provocar que Irán atacara no solo las bases militares estadounidenses en países del Golfo como Kuwait, Bahrein, Qatar y Arabia Saudita, sino también la infraestructura energética de esas naciones.
Los ataques contra esas instalaciones podrían disparar aún más los precios del petróleo y del gas natural.
Altos funcionarios afirmaron que el objetivo de la nueva campaña militar es obligar a Irán a permitir que los buques cisterna y otros buques de carga comerciales transiten libremente por el estrecho y, en última instancia, a regresar a la mesa de negociaciones para reanudar las conversaciones incipientes sobre cuestiones más difíciles y a largo plazo, como el destino del uranio altamente enriquecido de Irán.
Funcionarios del gobierno reconocen que la estrategia militar no está exenta de riesgos. Irán demostró tener una ventaja asimétrica. Las fuerzas iraníes no necesitan atacar a todos los barcos que transitan por el estrecho ni hundir ninguno. Basta con causar daños suficientes y lanzar amenazas suficientes para atemorizar a las navieras y aseguradoras.
Esta semana, misiles iraníes alcanzaron dos buques petroleros que transitaban por la parte sur del estrecho. El ataque causó la muerte de un tripulante indio. Otro buque cisterna, que transportaba gas natural licuado, también fue alcanzado y se incendió cerca de la costa omaní.
Altos funcionarios estadounidenses afirmaron que el tiempo aún está a favor de Estados Unidos ante el colapso de la economía iraní.
Durante la frágil paz, Irán pudo sacar muchos de sus buques cisterna y vaciar los tanques de almacenamiento que rebosaban de petróleo.
El reinicio del bloqueo provocará que el petróleo se acumule una vez más, y el dinero que Irán ha ganado con sus exportaciones de petróleo comenzará a agotarse.
Pero la verdadera pregunta es: ¿Podrá el liderazgo intransigente de Irán resistir la ansiedad de Trump ante el aumento de los precios del petróleo?
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