
La guerra de guerrillas y sus lecciones
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BRUSELAS.- Una guerra de guerrillas es lo que los soldados norteamericanos afrontan en Irak, según su comandante, John Abizaid. Se trata de una frase que no se menciona en voz alta dentro de unas fuerzas armadas que tan sólo ahora se están recuperando de la derrota sufrida en Vietnam.
Para los norteamericanos que recuerdan ese conflicto, "guerra de guerrillas" evoca las desacreditadas frases "ganar los corazones y la mente," respecto del pueblo, y "luz al final del túnel", respecto de la victoria. Fue un conflicto en el que los norteamericanos triunfaron en las principales batallas, pero aun así perdieron la guerra.
Sin embargo, la victoria para los guerrilleros tampoco está garantizada. Tuvieron éxito en China, la Indochina francesa, Laos, Cuba, Argelia y Nicaragua. Pero no en Grecia, Filipinas, Malasia, Chipre ni Kenya.
Para ambos bandos, el precio puede ser alto y la lucha muy larga. Los británicos y sus aliados tardaron 12 años en acabar con los guerrilleros marxistas de lo que hoy es Malasia. Algunos movimientos guerrilleros -Sendero Luminoso en Perú, el Nuevo Ejército Popular en las Filipinas y las FARC en Colombia- siguen activos después de décadas de hostilidades.
Los guerrilleros son enemigos invisibles que acechan ocultos entre la población civil. Luchar contra un adversario que podría ser un sonriente adolescente a menudo requiere de métodos tan brutales como los que emplean los propios guerrilleros.
"Siento escalofríos cuando veo soldados norteamericanos que, a patadas, derriban puertas de hogares civiles en medio de la noche amenazando con sus armas a niños que gritan, disparando contra multitudes que protestan y ordenando ataques aéreos contra aldeas", escribió Eric Maergolis en el diario The Toronto Sun.
Estos métodos pueden resentir a la población local, minar la voluntad de la opinión pública norteamericana y provocar protestas internacionales. Eso le hace el caldo gordo a la guerrilla, que apuesta a que su enemigo, que lo supera en fuerzas, se canse de tanto derramamiento de sangre y se retire.
En dos fases
En Cuba, los guerrilleros de Fidel Castro tomaron el poder el día de Año Nuevo, en 1959, agotando el apoyo popular que tenía el gobierno de Fulgencio Batista y debilitando la moral combativa de su ejército. La estrategia de la guerra de guerrillas establecida por Mao Tsé-tung en China parte de la creación de "zonas de seguridad" en las que los insurgentes pueden adiestrarse y organizarse. La siguiente fase prevé la expansión de esas zonas hasta que los rebeldes estén listos para atacar ciudades.
Para los guerrilleros iraquíes, esas zonas parecerían estar en el denominado "triángulo sunnita", al norte de Bagdad, bastión de Saddam. Pasar a la fase dos podría requerir del apoyo de la mayoría musulmana chiita, una de las más acérrimas opositoras al régimen.
Las exitosas rebeliones a menudo requieren del apoyo de otros países, que suministran armas y refugios, como el que tenía el Vietcong en Camboya, Laos y Vietnam del Norte. En 1979, los sandinistas lanzaron su ofensiva final, que derrocó al presidente Anastasio Somoza desde bases en Costa Rica y Honduras. Aunque ninguno de los países vecinos de Irak respalda a los guerrilleros iraquíes, las fuerzas leales a Saddam apuestan a obtener el apoyo de árabes comunes y corrientes que quieren expulsar a los norteamericanos de sus territorios.
Los franceses en el sudeste asiático, los norteamericanos en Vietnam y los rusos en Afganistán aprendieron dolorosas lecciones derrotados en ese tipo de guerra de guerrillas: una fuerza abrumadora y dispositivos de alta tecnología no garantizan el triunfo; y los servicios de inteligencia -conocer al enemigo y su idiosincrasia- son primordiales. También, que el tiempo es un arma. El guerrillero sabe que no puede vencer a una fuerza superior en el campo de batalla. En cambio, trata de prolongar el conflicto hasta que su adversario se harte y se retire.
En una guerra de guerrillas, la fuerza superior debe aprender a combatir como su adversario. Fuerzas especiales que operen como los guerrilleros en pequeñas unidades que se movilicen de un lado a otro demuestran ser más eficaces que las fuerzas convencionales armadas hasta los dientes.




