
La historia de una frontera que muchos se animaron a cruzar
Fue el mayor símbolo de la Guerra Fría
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La programación habitual de la radio se interrumpió con uno de esos mensajes que hielan la sangre. Se supo entonces lo ocurrido en la calma de una noche de verano: más de 40.000 soldados y policías habían bloqueado la frontera que separaba en Berlín, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Alemania oriental de la occidental.
El amanecer del domingo sacó a relucir el brillo de los alambres de púa que se extendieron, hace 40 años, entre la comunista República Democrática Alemana (RDA) y la capitalista República Federal Alemana (RFA).
Era el esqueleto de un enorme cuerpo de hormigón de 155 km de largo por 3,60 metros de alto que se convertiría en el símbolo de la Guerra Fría, en el custodio de quienes en el este de la ciudad soñaban con una vida mejor.
Durante la década previa al 13 de agosto de 1961, dos millones y medio de personas habían huido hacia el Oeste. En los 28 años que siguieron, poco más de 5000 lograron cruzar el Muro de Berlín sin autorización y al menos 250 murieron en el intento.
A esas víctimas les rendirán hoy homenaje el canciller alemán, Gerhard Schroeder, y el presidente del Bundestag (Cámara baja del Parlamento), Wolfgang Thierse, en la Bernauerstrasse. El acto promete convertirse en una confrontación más de las que mantienen conservadores y ex comunistas de la Alemania oriental como parte de la campaña electoral para los comicios municipales de Berlín. En esa misma calle donde se organizó el acto político, el día de la construcción del Muro, los bomberos tendieron lonas para atajar a quienes saltaban al vacío desde las casas orientales.
"Pasar del Este hacia el Oeste era pasar de la oscuridad a la luz", recordó Gonzalo Cáceres, periodista de la cadena de televisión pública alemana Deutsche Welle, en diálogo con LA NACION.
Cáceres nació en Chile hace 54 años y emigró a Alemania en 1974, poco después del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende. Allí trabajó para el Periódico de Cataluña a partir de 1987.
Su profesión le permitía cruzar a la región oriental con una visa "prácticamente imposible" de obtener y válida por el período que le demandara la noticia por cubrir.
Ese codiciado privilegio le permitió comparar dos realidades muy diferentes: la del Oeste, que "con un sistema democrático bastante profundo y un capitalismo con sentido social ganó muchos amigos en el mundo", y la del Este, cuya economía planificada "cubría las necesidades básicas, pero no permitía a sus ciudadanos vivir felices, porque no podían salir y el grado de bienestar era muy bajo".
Un nuevo muro
Parte del trabajo de este periodista consistió en registrar un hecho histórico para el mundo: la caída del Muro, el 9 de noviembre de 1989, cuando una revolución pacífica acabó con lo que para Occidente fue el "muro de la vergüenza" y para el Este, un "dique de contención antifascista".
"Hasta las 6 de la tarde, cuando se anunció en conferencia de prensa, nadie pensaba que se pudiera abolir la necesidad de presentar visas. Entonces hubo gente que se acercó tímidamente a los puestos fronterizos, y a las once de la noche Berlín era una fiesta."
Más de una década después de ese día, otro muro divide a Berlín. Una línea invisible sigue separando a "ossies" (orientales) de "wessies" (occidentales), e incluso hay quienes aún hoy reivindican la construcción de la llamada "franja de la muerte".
"La caída del Muro trajo problemas de convivencia entre los alemanes del Este y los del Oeste, y hay quienes todavía no se acostumbran a la llamada libertad", dijo a LA NACION desde Berlín la escritora María de Bamberg.
Nacida en Berlín hace 85 años, Bamberg emigró a la Argentina cuando tenía siete. En Córdoba se casó con otro berlinés, Pablo Bamberg, con quien regresó a su ciudad natal en 1963.
Según ella, los "ossies" se desilusionaron "porque sus esperanzas eran demasiado grandes y no se acostumbran a trabajar con las normas del Oeste". Acostumbrados al pleno empleo, ahora enfrentan un desempleo que llega al 30 %. Por otra parte, Bamberg señala que "la caída del Muro sigue costando millones al Oeste -donde ella vive-, que tuvo que reconstruir la RDA".
Muchas de las familias que se separaron hace 40 años permanecen distanciadas, porque vivieron realidades muy distintas y "los que se quedaron en la RDA se sintieron abandonados", observa Bamberg. "Parece mentira: vivimos en la era de la comunicación y nunca hubo tanta incomunicación," agrega.
Sin Kohl
- BERLIN (EFE).- El candidato de la Unión Cristiano Demócrata, Frank Steffel, no contó ayer con el apoyo del ex canciller alemán Helmut Kohl, en un acto que los conservadores realizaron en el llamado Checkpoint Charlie, el puesto fronterizo más famoso del Muro. Pese al apoyo que manifiesta por el candidato conservador, Kohl volvió al encierro que mantiene desde la muerte de su mujer, Hannelore.
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