
La pujante industria de la pornografía
Por Mario Diament
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MIAMI.- Súbitamente, los medios norteamericanos parecen haberse dado cuenta de que la pornografía se ha convertido en un negocio mayúsculo y han comenzado a tratarlo como tal.
Desde que, el 20 de mayo último, la revista de The New York Times dedicó su nota de tapa a esta industria con el título "Capitalistas desnudos", los medios más serios y formales del país, incluida la revista Forbes, han estado debatiendo abiertamente la importancia de este fenómeno y su significado.
El jueves último, Jane Hamilton, una ex estrella de películas porno convertida ahora en productora y directora, estaba siendo entrevistada en el programa "Talk of de Nation" ("Lo que dice la nación"), uno de los ciclos más prestigiosos y de mayor audiencia de la radio pública. A la pregunta de si consideraba que la pornografía había alcanzado un nivel de normalidad en la sociedad norteamericana, Hamilton respondió: "El hecho de que ustedes me estén entrevistando por esta radio lo dice todo, ¿no?".
La danza de los millones
Las cifras que se manejan en esta industria desafían la imaginación. Los norteamericanos desembolsan 4000 millones de dólares anuales en videos pornográficos, una suma que supera lo que gastan en ver fútbol americano, basquet o béisbol. Pero, como concluye el Times, ésta es apenas la mitad de la historia: contando televisión, Internet, revistas y adminículos, el negocio mueve entre 10.000 y 14.000 millones de dólares, lo que es más que lo que los norteamericanos oblan en cine, teatro, ballet y música combinados.
La revista económica Forbes cuestiona estas cifras, que considera infladas (su estimación es que el total oscila entre 2600 millones y 3900 millones), pero una avalancha de testimonios de medios especializados se ocupó de certificarlas.
De hecho, la pornografía se ha convertido en una de las escasas operaciones exitosas en Internet; tanto, que muchos de los 75.000 empleados en empresas punto com que quedaron sin trabajo emigraron al negocio del sexo.
Los analistas coinciden en que el mayor impulso que recibió la industria llegó con las videocassetteras y, más tarde, con la televisión por cable e Internet. La posibilidad de consumir pornografía en el hogar, sin exponerse públicamente, puso de manifiesto el verdadero interés que el público tenía por este entretenimiento.
La relación de consumo de películas pornográficas en los hoteles, por ejemplo, comparada con el de películas regulares de Hollywood es de 10 a 1, y esto, a pesar de que alquilar una película porno cuesta habitualmente el doble.
Bienvenidas las mujeres
La privacidad también ha permitido la emergencia de un mercado que prácticamente no existía en la época en que la pornografía se refugiaba en cines tenebrosos y malolientes: las mujeres. De hecho, ellas constituyen el segmento de consumo que más vertiginosamente ha crecido en los últimos años.
Aunque la industria está diseminada en una extensa red de pequeños productores y distribuidores y no existen aún las Fox o las Sony del entretenimiento adulto, los réditos que se obtienen en este negocio son tales que gigantes como General Motors, Time Warner, Hughes Corporation y cadenas hoteleras como Marriott y Hilton no han tenido ningún prurito en poner un pie en este sector.
A pesar de las evidencias de que el fenómeno es tan generalizado y extenso que abarca todas las clases, niveles y edades, la hipocresía sigue siendo una de las actitudes predominantes cuando se trata de medir la penetración de la pornografía como fenómeno cultural en la sociedad norteamericana.
Pero, como uno de los entrevistados le comentó a Frank Rich, de The New York Times: "Nos dimos cuenta de que si anualmente se alquilan 700 millones de películas porno, no puede tratarse únicamente de un millón de pervertidos que alquilan 700 películas cada uno".
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