
"La sociedad griega entendió que no había otra salida"
Lo afirmó a LA NACION Ilias Plaskovitis, secretario de Finanzas griego, sobre el ajuste
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ATENAS.- Ilias Plaskovitis, número dos del Ministerio de Finanzas griego, admite que vendrán tiempos durísimos para los griegos, que el rigurosísimo plan de austeridad aprobado anteayer implica grandes sacrificios para todos y que no se quiere "ni imaginar" qué sucederá si el ajuste no "puede ser ejecutado".
Ese plan era la única alternativa para Grecia. "No había otra salida", indicó este secretario de Estado en una entrevista con LA NACION en su despacho con vista espectacular sobre la plaza Syntagma, en los últimos días centro de violentas manifestaciones en contra del gobierno del premier, el socialista Giorgios Papandreu.
Plaskovitis, que reveló que el ajuste griego le significará un recorte del 30% de sus ingresos -de 60.000 euros anuales, pasará a ganar 40.000-, explicó por qué se llegó a semejante situación, de la que culpó, en parte, a los mercados financieros, que con sus movimientos de pánico y de especulación fueron quienes empujaron a Grecia al borde del abismo, según denunció.
-¿Qué pasó? ¿Por qué Grecia llegó a esta situación?
-Hay tres razones: la primera viene de lejos y tiene que ver con la falta de competitividad de la economía griega. Aunque diría que el verdadero problema se debió a un mal manejo de las finanzas públicas entre 2008 y 2009: en este período la deuda del país aumentó en 90.000 millones de euros, porque el déficit también se disparó, de alrededor del 7,5%, al final de 2008, a 13,6%, al final de 2009.
-¿Por qué?
-Primero de todo porque el gobierno griego de ese momento (conservador, de Kostas Karamanlis) fracasó en obtener ingresos fiscales y además, en vez de limitar el gasto público, lo aumentó para ganar las elecciones de octubre de 2009? Un error, porque no sólo perdieron ampliamente los comicios, sino que empujaron a la economía a esta situación crítica.
-¿El tercer motivo?
-La tercera razón tiene que ver con aquellas situaciones que no pueden ser controladas por Grecia y que tienen que ver con las reacciones de los mercados financieros. Porque Grecia al final de octubre no estaba mejor de lo que está ahora, sino peor. Ya habíamos registrado un déficit muy alto y no se sabía claramente con qué tipo de políticas íbamos a solucionar las cosas. Desde octubre en adelante, pasamos a través del Parlamento un presupuesto de austeridad, diseñamos un plan de crecimiento y estabilidad con medidas muy estrictas para cortar los gastos y aumentar los ingresos fiscales, que fue aprobado por la UE. Sin embargo, desde fines de noviembre en adelante vimos un gradual aumento de las tasas de interés por los bonos griegos, y esto se aceleró después de Navidad en un nivel sin precedente, que no se correspondía con lo que pasaba con la economía griega. Ahí fue claro que hubo un movimiento debido al pánico y también a la especulación. Y creo que es lo que realmente nos empujó al borde del abismo.
-Otro problema fue que se ocultaron los datos verdaderos del déficit?
-Exacto. El gobierno anterior con éxito manipuló los datos, lo que significó otro factor importante en el colapso de la confianza. Por supuesto Grecia no estaba preparada para pagar tasas de interés del 12, 15 o 18%; hubiera sido imposible pagar la deuda a ese costo. Y fue en ese momento que el premier decidió que debían comenzar conversaciones urgentes con sus colegas de la UE, para poner en marcha un mecanismo para apoyar la economía griega de estos ataques especulativos. Al principio hubo dudas, pero después todos entendieron que no fue una movida para salvar la economía griega, sino que fue una movida para salvar al euro y asegurarse de que los mercados financieros no pasaran a reemplazar a los gobiernos europeos en las decisiones económicas.
-¿Qué va a pasar ahora? Los manifestantes aseguran que van a seguir con las protestas?
-Yo creo que la sociedad griega entendió que no hay otra salida. Las protestas son reacciones naturales de la gente cuando uno le reduce el salario y le cambia su modo de vida de un día para el otro. Sin embargo, nosotros tenemos sondeos que muestran que el 56% de la gente dice que entiende la urgencia de las medidas de ajuste. No le gustan esas medidas, a nadie le gustan, nadie niega que vayan a traer sufrimiento, pero no hay alternativa en este momento. Y esto es algo mucho menos vicioso que, como usted bien sabe viniendo de la Argentina, podría llegar a ser una cesación de pagos.
-¿Un default?
-Sí, eso provocaría problemas mucho más graves y de largo plazo. Ahora, es cierto, estamos en un túnel, pero hay luz al final de ese túnel. Lo que sí es crucial es que, al aplicar las medidas, logremos una más equilibrada distribución de las cargas. La gente tiene que sentir que se está haciendo justicia.
-Muchos manifestantes, de hecho, me decían que los políticos son unos ladrones, que son los ricos los que no pagan los impuestos?
-Hay un viejo y grave fenómeno de evasión fiscal en Grecia, de empresas, de profesionales, de dueños de propiedades, etcétera. Y hemos aprobado una nueva ley de impuestos que incluye más de 20 formas innovadoras de atacar la evasión fiscal. Esta es una política a mediano o largo plazo para reducir el déficit, y una forma de demostrarle a la gente que hay justicia en la distribución de las cargas. Sin embargo, igual era necesario cortar salarios, pensiones, reducir gastos, que era la única vía de bajar un déficit de semejante magnitud en forma rápida. Creo que los objetivos son únicos en la historia económica de Europa: planeamos reducir el déficit en 11 puntos porcentuales en 3 a 4 años, y éste es un objetivo sin precedente, que por sí solo explica la complejidad de la magnitud del esfuerzo que debe hacerse.
-Sigue habiendo una situación muy volátil en los mercados: ¿es posible que Grecia deje el euro o caiga en default?
-Descarto las dos cosas.
-¿No cree que este durísimo ajuste puede llegar a tener consecuencias políticas?
-No es una situación para nada fácil y uno espera que se elija el camino más sabio. Nosotros somos una democracia; la gente va a decidir su futuro. Mi esperanza es que podamos ejecutar este programa, porque, de lo contrario, ni siquiera quiero imaginar lo que podría pasar. Y creo que éste es un punto de vista que la mayoría de los griegos comparte.






