
La trama secreta del ataque a las Torres
Fueron elegidas como blanco en 2000
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Nawaz Alhazmi fue detenido en Oklahoma por exceso de velocidad con su Toyota Corolla. El y Hani Hanjour llamaron la atención del FBI local cuando aprendían a volar en Phoenix. Mohammed Atta fue demorado por oficiales de inmigración en Miami en 2001 porque su visa había vencido; se la renovaron por ocho meses. Zacarias Moussaoui fue arrestado por el FBI en agosto de 2001. Cometieron errores, se descuidaron: la mayoría era inexperta como terrorista. Su metódica conspiración pudo haber sido descubierta y abortada, pero el FBI y la CIA ignoraron las pistas y, uno tras otro, ellos estrellaron, el 11 de septiembre, cuatro aviones contra el corazón de Estados Unidos.
¿Cómo lograron esos 19 hombres jóvenes -algunos tan temerosos de volar que rezaban a Alá mientras aprendían a pilotear aviones, otros tan ineptos para mimetizarse con la vida norteamericana que debieron pedir a su portero que les enseñara a cambiar una bombita de luz- lanzar el más abrumador de los ataques contra la más poderosa de las naciones?
Lo hicieron con 500.000 dólares, disciplina, navajas, una convicción religiosa radical, lecciones de vuelo, su inclaudicable odio a Estados Unidos, un sólido plan que les permitió saber ya en abril de 2000 que las Torres Gemelas era el blanco. Y paciencia.
“Sabíamos que Al-Qaeda era paciente. Pero no tanto; nunca habían organizado un ataque con tanta paciencia y coordinación. La trama fue impresionante y nosotros también deberíamos haber actuado mejor”, dijo Greg Treverton, vicedirector del Consejo Nacional de Inteligencia durante la presidencia de Bill Clinton, en diálogo telefónico con LA NACION.
La paciencia y la coordinación comenzaron en un departamento de estudiantes de la calle Marien, en Hamburgo, entre 1998 y 1999. A esa ciudad había llegado en 1992 Mohammed Atta, un arquitecto de El Cairo, para hacer un máster. El joven, de 24 años, había sido alentado a viajar por su padre, un abogado apartado del extremismo islámico pero disconforme con la occidentalización de Egipto.
En 1997, Atta desapareció y volvió en 1998. A quien le preguntaba respondía parcamente que había peregrinado a La Meca. Sus consejeros de la universidad comenzaron a notar signos de radicalización en el distante Atta. Compartía el departamento con Ramzi al-Shibh, un estudiante yemenita, y más tarde se unieron Marwan al-Shehhi, un joven de 19 años de los Emiratos Arabes Unidos, y Ziad Jarrah, un libanés educado en colegios católicos.
Los cuatro empezaron a asistir con mayor frecuencia a la mezquita Al Quds. Comenzaron también a discutir sobre su odio contra Estados Unidos, contra todo lo judío y sobre la Jihad (guerra santa), según reveló el jueves la justicia alemana.
Después de un año de investigación, las autoridades no pudieron aclarar todavía quién los reclutó. Una de las versiones de la reconstrucción oficial es que el reclutamiento llegó por mano, obra y orden de un barbudo veterano de la red de Osama ben Laden. Mohammed Sheik Khalid, kuwaití, lugarteniente del líder terrorista y el “cazatalentos” de Al-Qaeda.
Khalid habría visitado Alemania en 1999. Allí se habría encontrado con Atta, según las autoridades alemanas, no sólo como jerarca de la red, sino también como el operador logístico de los atentados. El habría sido el dueño de la idea de usar aviones comerciales para atacar Estados Unidos. Eso, al menos, habría asegurado Abu Zubaydah, el jefe de operaciones de Al-Qaeda capturado en Paquistán en marzo.
Ya reclutados, Atta, Al Shehhi, Jarrah y Al Shibh partieron en noviembre de 1999 a un campo de entrenamiento en Afganistán. Regresaron a Alemania a fines de ese año y reportaron que sus pasaportes habían sido robados, de forma tal que en los nuevos documentos no figurara el sello de su visita al país refugio de Al-Qaeda.
El milenio comenzaba y la “célula de Hamburgo” ya estaba formada. Atta, por su organización y su edad, era el líder natural. Jarrah y Al Shehhi, al tanto del plan –una información que Al-Qaeda sólo reserva para los comandantes– lo secundaban. Eran comandantes y fueron todos pilotos.
Al Shibh, en cambio, permanecería en Alemania; su pedido de visa a Estados Unidos fue rechazada. El, entonces, sería encargado de realizar los giros que financiaron a los terroristas.
Otro de los interrogantes es en qué momento la célula recibió sus órdenes. ¿Fue en Afganistán, en Alemania? ¿Cómo se contactaban con la cúpula?
Internet era una de las herramientas preferidas de los futuros secuestradores. En los primeros meses de 2000 enviaron e-mails a 31 escuelas de aviación norteamericanas solicitando información. Decían que anhelaban pilotear naves comerciales. Pero ya sabían que el fin era otro.
En algún momento entre abril y mayo de 2000, el casi adolescente Al Shehhi violó una de las reglas del manual de Al-Qaeda: “Un miembro encubierto nunca debe revelar su participación en la Jihad”. En su conversación con una bibliotecaria de Hamburgo mencionó, según la justicia local, un ataque a las Torres Gemelas y dijo: “Habrá miles de muertos”.
Así, con el blanco y método de los atentados en mente, Al Shehhi, Jarrah y Atta se embarcaron a Estados Unidos entre mayo y junio de 2000. Comenzaron de inmediato sus clases de vuelo en Venice, Florida. Pero ellos no eran la avanzada de Al-Qaeda en el país; otros dos de los cerebros habían arribado seis meses antes. Khalid Almidhar y Nawaz Alhazmi ya tomaban lecciones en San Diego.
Buscaban aprender a pilotear sólo grandes jets; sus instructores de la escuela Sorbi’s los consideraban demasiado inexpertos. Habían llegado el 15 de enero de 2000 de Malasia. Y, como la célula de Hamburgo, conocían el plan. Se habrían enterado durante la cumbre de Al-Qaeda en Kuala Lumpur el 6 de enero de 2000, monitoreada por la CIA, al tanto del encuentro desde 1999.
“Es casi seguro que allí se discutieron los ataques en Estados Unidos y el atentado contra el (barco) USS Cole (en 2000 en Yemen)”, aseguró Michael Isikoff, el periodista de Newsweek que reveló que la CIA había tenido en su mira a los terroristas en 2000, en diálogo telefónico con LA NACION.
Pero la CIA perdió el interés en los dos hombres. Después de los atentados, los agentes se dieron cuenta de su error. En una de las fotos tomadas en la cumbre, ambos jóvenes están con Tawfiq Khallad, otro supuesto lugarteniente de Ben Laden.
“Cómo perdieron interés en ellos dos es un gran misterio. Después, seguirlos en Estados Unidos no podría haber sido más fácil. Se pavoneaban a plena vista, iban a bares nudistas. Nosotros encontramos su dirección en la guía de teléfonos. Alhazmi figura con su nombre y apellido, no se lo había cambiado”, reveló Isikoff.
Durante su permanencia en Estados Unidos, Alhazmi, Almidhar, Al-Shehhi, Atta y Jarrah mantuvieron sus nombres, su obligación de rezar cinco veces al día, su manía de moverse de a dos. E incorporaron hábitos de la cultura que tanto detestaban.
Vestían jeans y camisas para pasar inadvertidos, se alimentaban con “comida chatarra”, acudían al gimnasio para aprender lucha cuerpo a cuerpo, una técnica que les sería necesaria una vez secuestrados los aviones para aplacar a los pasajeros.
Y viajaron de ciudad en ciudad, de escuela en escuela. Así los seis cerebros –ya se les había unido Hani Hanjour– comenzaron a estudiar la seguridad del país que pensaban atacar.
El despliegue tenía su costo, pero había dinero; llegaba desde Alemania y desde una cuenta del Standard Chartered Bank en los Emiratos Arabes Unidos. Los envíos eran regulares y abultados y cubrieron los US$ 500.000 que gastaron los secuestradores. Incluso sobró; Atta y Al Shehhi giraron a Dubai US$ 25.000 el 10 de septiembre. Es que Al-Qaeda exige a sus miembros que devuelvan los excedentes para usarlos en otras operaciones.
Tras los atentados, los investigadores se enteraron de que la cuenta de los Emiratos era de Mustafa Ahmed Al Hawsawi, jefe financiero de Al-Qaeda.
Para julio de 2001, Atta y Almidhar, los cabecillas, habían viajado a Europa y Asia para reunirse con líderes de Al-Qaeda. En ese entonces ya había comenzado a arribar a Estados Unidos el resto del grupo: los soldados. Trece jóvenes, en su mayoría saudita, y, según los investigadores, sin mayores detalles del ataque. Trece jóvenes que se dispersaron por la Costa Este, sin conocerse el uno al otro –como establece el manual de Al-Qaeda– y que no habrían estado al tanto de que su misión implicaba la muerte.
Para ese entonces, también, la inteligencia norteamericana había retomado la pista de los secuestradores. Era fines de julio; las semanas siguientes serían una carrera entre el FBI y los futuros terroristas, en la que ni unos ni otros eran conscientes de las actividades de sus rivales.
En cuestión de días, agentes del FBI pidieron autorización para investigar a un grupo de árabes que tomaban lecciones de vuelo en Phoenix y para estudiar la información de la computadora decomisada a Moussaoui, el supuesto secuestrador “número 20” llegado varios meses antes y arrestado en Minnesota el 16 de agosto. Las peticiones fueron rechazadas y sólo el 24 de agosto el FBI se lanzó frenéticamente tras Almidhar y Alhamzi, luego de que finalmente la CIA lo alertara sobre su presencia.
Tarde. Tanto frenesí llegó en vano. Ese día los secuestradores comenzaron a comprar sus pasajes. Entre el 8 y el 10 de septiembre, los 19 secuestradores viajaron a sus destinos finales.
Cuando el sol comenzaba a bañar la Costa Este el 11 de septiembre, Marwan Al Shehhi abordó en Boston el vuelo destinado a Los Angeles pero que impactó en la Torre II. Jarrah tomó en Nueva Jersey el avión que cayó en Stony Creek, Pennsylvania. Almidhar, Alhamzi y Hanour se embarcaron en Washington en la nave que se estrelló en el Pentágono. Y en Boston, Atta casi llega tarde a su vuelo. Pero pudo abordarlo; él y sus hombres se hicieron con el control del avión y lo estrellaron contra la Torre I. Tras dos años de planeamiento comenzaban los ataques.
La investigación
Qué se sabe
- Los secuestradores eran 19 y estaban liderados por Mohammed Atta, que a su vez estaba secundado por 5 comandantes.
- El plan habría sido ideado en Afganistán por los lugartenientes de Al-Qaeda y organizado en Alemania.
- Las armas usadas fueron cuchillos y gas paralizante.
Qué no se sabe
- Quién reclutó y entrenó a Atta y sus compañeros de la célula de Hamburgo y cómo y cuándo recibieron las órdenes de proceder con los ataques.
- Quién reclutó a los trece “soldados” que completaron el grupo de secuestradores.
- De dónde salió el dinero.
- Cuál era el blanco del vuelo de United Airlines que cayó en Pennsylvania. Las autoridades creen que era la Casa Blanca.



