
Lágrimas y cantos para agradecer a Dios
En la iglesia estaba el sacerdote argentino Gustavo Acho
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ROMA.- "Fue terrible", aseguró. Después de 38 días dramáticos en la Basílica de la Natividad de Belén, sitiada por las fuerzas israelíes y encerrado junto a más de dos centenares de personas -entre religiosos y palestinos civiles y militantes-, ayer terminó la pesadilla para Gustavo Acho, el fraile argentino que se quedó en el complejo de uno de los lugares más sagrados del cristianismo, para custodiarlo. El final del asedio israelí, que comenzó el pasado 2 de abril, llegó luego de que las partes acordaron enviar a Chipre a 13 de los militantes palestinos, juzgados "peligrosos" por Israel.
Gustavo, un salteño de 32 años, finalmente pudo llorar "porque las lágrimas ayudan a liberarnos de toda la carga interna que tuvimos", y cantar de alegría.
Son las diez de la noche en Belén y su voz suena agitada en el teléfono, pero ya no por el miedo, sino por la emoción de un día de júbilo.
"Ahora estoy contentísimo, muy feliz, tranquilo, con ganas de darle las gracias a Dios porque todo terminó", cuenta a LA NACION, aliviado, con la tonada salteña intacta.
-¿Cómo fue la liberación?
-Fue un día muy pesado, muy agitado, por todos los trámites que hubo para que salieran todos los palestinos. Fue un día lleno de tensión, porque hasta el último momento en que no salió el último de los palestinos no se podía cantar victoria. Como veníamos de una semana con mucha expectativa, en que decían que había arreglo, y después las negociaciones caían, yo en realidad tenía miedo de que la cosa no terminara hoy.
-¿Cómo viviste estos 38 días?
-Por momentos fue terrible. Sentí una gran mezcla de sentimientos, miedo, impotencia, pero también mucha confianza en Dios, a quien le rezábamos permanentemente. Fue muy difícil porque estábamos encerrados y ni siquiera podíamos salir a la terraza para tomar aire, y era también terrible saber que afuera había gente que estaba sufriendo. Acá adentro había mucha expectativa, y todos los días teníamos misa, en la que pedíamos que esta situación terminara.
-¿Cómo festejaron la liberación?
-Al principio no podíamos tocar nada, entraron los militares americanos e israelíes para recoger las armas y revisar todo el complejo de la Natividad. Estuvimos en la puerta esperando ver qué necesitaban, hasta que más tarde vinieron los superiores de la orden y las tres comunidades -(N.D.R. católicos, ortodoxos y armenios)- entramos a venerar la Gruta de la Natividad. Bajamos cantando y llorando de alegría y rezamos agradeciéndole a Dios. Fue muy emocionante.
-¿Después pudiste salir?
-Sí, salí a dar una vuelta por Belén, ya era un poco oscuro, pero vi destrucción, autos rotos en la calle, y saludé a muchos amigos. Todos me preguntaban cómo estaba, fueron muy solidarios, y me dijeron que me acompañaron todo el tiempo con la oración.
-¿Tuviste algún contacto con los palestinos?
-Sí, sólo al principio, cuando entraron en la Basílica y fui a llevarles un poco de agua. Después no, porque a nosotros nos trasladaron como refugiados a la parte superior del convento.
-¿Qué planes tenés ahora? ¿Pensás tomarte vacaciones, viajar a la Argentina, o te quedás?
-Depende de nuestros superiores. Tenemos un voto de obediencia y estaremos a la espera de lo que determinen nuestros superiores. Todavía tengo clases, tengo que estudiar, y creo que a mediados de julio iré a la Argentina. Lo que más quiero es ver a mi familia y abrazar a mi papá.
-¿Hablaste con ellos?
-Todavía no, porque los teléfonos no funcionan, pero supongo que se habrán enterado de que terminó todo.
El rector del seminario de Filosofía del Complejo de la Natividad, y profesor de Gustavo, el padre mexicano Nicolás Márquez, detalló a LA NACION de qué magnitud fueron los daños sufridos por el complejo. "Hay varios daños por los incendios que hubo en la parte de los franciscanos y en la parte de los griegos, y ahora están trabajando para darnos nuevamente la luz, el agua, el teléfono, que son simples daños, pero que nos tocan muy de cerca", explicó. "El complejo de los griegos ortodoxos también sufrió varios daños en la parte externa", agregó.
Ayer, varios miembros de la comunidad, entre ellos Gustavo, comenzaron a quitar los obstáculos de madera y tela que habían puesto detrás de puertas y ventanas para impedir la entrada de los palestinos, así como las colchonetas y las mantas que éstos dejaron en la Basílica, un campamento durante más de un mes.
Basura
- BELEN (EFE).- La Basílica de la Natividad contiene “basura para llenar un camión”, ya que sus ocupantes convivieron sin las mínimas condiciones de salubridad e higiene. “Como tenían miedo de moverse por los disparos, los palestinos han hecho sus necesidades en cualquier sitio”, explicaron algunos sacerdotes. Una señal tangible de la dureza del asedio es un limonero: el árbol apenas si muestra sus ramas desnudas y los frailes relataron que los palestinos comieron hasta sus hojas para resistir el asedio de los soldados israelíes, que querían rendirlos por hambre.


