
Las leyendas del clan Kim reinan en el hermético país
Del “Presidente Eterno” al “Querido Líder”, una excéntrica dinastía mantiene unido al régimen
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PEKIN.– En los últimos días, poco antes del estallido de la nueva crisis en la península, los analistas surcoreanos, recorriendo una larga lista de dirigentes de Corea del Norte, encontraron pruebas de que Kim Jong-un, el joven general, es verdaderamente el número dos del régimen.
No bastaba con saber que era el nuevo vicepresidente de la Comisión Militar ni haberlo visto pasar revista a las tropas que desfilaban el pasado 10 de octubre. El tercer hijo de Kim Jong-il es el futuro número uno de la República Democrática Popular de Corea porque su nombre figuraba junto al de su padre.
Para los arúspices de Seúl y de Tokio, que dedican su ciencia a un país hermético y sistemáticamente opaco, ésas son las pistas sobre las que se puede especular; siguiéndolas, si no se llega a la verdad, por lo menos es posible acercarse al clan.
Detrás de lo que el mundo ve como una incomprensible puesta en escena –y que en Pyongyang, en cambio, se asemeja a una suerte de sabiduría confuciana– el “Querido Líder” Kim Jong-il ha consolidado la familia, la dinastía roja que desde 1945 mantiene unido al país.
Los mitos fundadores ayudan. Kim Il-sung, padre de la Corea comunista, es el héroe de la guerra de liberación contra la ocupación japonesa, el que –como se les enseña a los chicos– rechazó a los norteamericanos y condujo al país a cumbres de desarrollo inconmensurables.
Suena entonces como blasfemia la versión de “canallas y opositores” en el exilio que sostienen que el verdadero Kim Il-sung no era en realidad el treintañero que arengó a 100.000 personas en Pyongyang el 14 de octubre de 1945, sino que tenía unos 20 años más. El Kim Il-sung que se impone a la historia habría sido, en cambio, una creación de Stalin, un doble elegido ad hoc para el puesto de un original que se había hecho desaparecer.
Las proezas de Kim Il-sung y el nacimiento de Kim Jong-il son narradas en medio de jubilosos arco iris, prodigios y maravillas.
En cierto modo, lo sobrenatural permanece: Kim Il-sung, que murió en 1994, es el “presidente eterno” por decreto constitucional, y Kim Jong-il asumió el mando después de haber sido preparado para la sucesión con mucho cuidado y esfuerzo.
Kim Jong-il se afirmó primero como conductor intelectual, dedicándose al cine y al arte; luego blandiendo el “Juche”, la doctrina autárquico-marxista que es el cimiento de una Corea tanto roja como nacionalista, y finalmente aliándose con los militares.
Se le adjudica una cantidad interminable de anécdotas de extravagancia y excesos, desenfreno y afabilidad imprevista (a Madeleine Albright le dijo, en 2000: “¿Cuál es su mail?”). Dos años atrás sufrió un ataque, y, más debido a la enfermedad y a la urgencia que a una larga incubación, nació la investidura de Kim Jong-un.
Herederos
Estudios en Suiza, una carga que no eludió el sarcasmo del Sur y una semejanza notable a su abuelo, Jong-un ha superado a dos competidores.
El segundo hijo de Kim, Jong-chol, fue considerado poco viril por el padre y con el metabolismo alterado por demasiados esteroides. Fue visto en 2006 en Alemania en un concierto de Eric Clapton y sería leal a Jong-un.
El primogénito Jong-nam, en cambio, se eliminó solo. En 2001 fue arrestado en el aeropuerto de Narita, vecino a Tokio, cuando con un improbable pasaporte dominicano procuraba viajar a Disneylandia. Vive en una residencia de Coloane, a un cuarto de hora de auto de Macao. Su mujer es una ex integrante del Kippeujmo, el grupo de apoyo al líder.
Es un gran bebedor pero no un alcohólico. No habla de política pero a la décima copa –según se rumorea– se lamenta de las purgas que Pyongyang ha impuesto, exiliando a quienes le eran fieles.
Finalmente, el tío y la tía. Ella es Kyong-hui, hermana de Jong-il, que la describió como “la única sangre de la familia a la que mi madre, al morir, le encomendó que cuidara de mí”.
Elevada a la cúspide del ejército, sabe hacerse respetar e incluso –se dice– eliminar a los rivales.
Su marido es Jang Song-taek, que se recuperó tras un arresto punitivo y que se acercó a Kim durante la enfermedad. Ha sido (¿es?) gerente general de la empresa familiar, por así decirlo, y ahora ocupa el cargo de vicejefe de la Comisión Nacional de Defensa junto con su sobrino.
El tío y la tía velan, por voluntad del “Querido Líder”, por la seguridad de su retoño. Si es cierto que Kim Jong-un ha ordenado una serie de purgas anticorrupción, es posible que lo haya hecho para su propia protección. Uno para todos y todos para uno, la regla de estos Kim.
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