
Las muertes por calor en Bélgica son una advertencia para el resto de Europa
Una ola de calor dejó al descubierto una letal falta de preparación; es un riesgo que vuelve a quedar en evidencia mientras otra ola de calor azota Europa
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Adultos mayores murieron en departamentos sofocantes. Las llamadas de emergencia quedaron en espera. Los médicos atendieron una avalancha de personas afectadas por el calor, a veces en salas sin aire acondicionado.
Estas escenas se vivieron en Bélgica, una de las naciones más ricas del mundo, durante un reciente fin de semana de verano. También son una advertencia para Europa.
Europa es el continente que más rápido se está calentando, pero grandes partes de la región siguen sin estar preparadas. Mientras las olas de calor azotan sus países este verano, están provocando miles de muertes incluso en naciones con sistemas de salud sólidos. Solo en una semana de fines de junio se registraron alrededor de 16.000 muertes en exceso, es decir, personas que murieron por encima de lo habitual, en Europa. Bélgica, Francia y Alemania fueron los países más afectados, según datos recopilados por la Red Europea de Monitoreo de la Mortalidad.
Bélgica, conocida por su clima frío y húmedo, más que por un calor abrasador, registró el mayor número de muertes en exceso de Europa, lo que la convirtió en un caso de estudio sobre lo que salió mal. En Valonia, la región que comprende el sur del país, la tasa de mortalidad fue un 77% superior a la esperada entre mediados de junio y principios de julio. Algunos hospitales se vieron desbordados, con camillas y pacientes ocupando los pasillos y personal médico trabajando sin descanso bajo un calor incesante.
“Cada crisis es cada vez más grave”, dijo Yves Coppieters, ministro de Salud de Valonia. “Eso es lo que no estamos logrando anticipar”.
El cambio climático significa que el problema probablemente llegó para quedarse. En toda Europa, “creemos que los veranos son calurosos ahora”, dijo Joan Ballester Claramunt, profesor de investigación del Instituto de Salud Global de Barcelona, especializado en cambio climático y salud. “El futuro que estamos viendo podría ser mucho peor”.
Bélgica es un claro ejemplo de por qué las olas de calor pueden volverse mortales en países más acostumbrados a las temperaturas bajas. En algunos casos, los sistemas de emergencia colapsaron bajo la presión, mientras que problemas estructurales dejaron expuestas a las personas más vulnerables.
El Ministerio Federal de Salud defendió algunos aspectos de la respuesta y señaló que la capacidad hospitalaria había sido ampliada durante la crisis, pero reconoció que era necesario introducir cambios. “Creo que, efectivamente, debemos aprender las lecciones rápidamente”, dijo Frank Vandenbroucke, ministro belga de Asuntos Sociales y Salud Pública, ante los legisladores a principios del mes pasado.
Durante la ola de calor de fines de junio, el hospital MontLégia, en la ciudad belga de Lieja, recibió una avalancha de pacientes tan intensa que, en la sala de emergencias, las personas en mejores condiciones fueron ubicadas temporalmente en los pasillos para que quienes ya no podían ser salvados tuvieran privacidad mientras morían.
El doctor Arnaud Detroz, que trabajó ese fin de semana, dijo que su equipo se enfrentó a casos de sobrecalentamiento que hasta entonces había visto principalmente en los libros de texto. “En nuestros países, en nuestras latitudes, estos casos son relativamente poco frecuentes”, dijo.
El calor colapsa los sistemas emergencias
Bélgica no está acostumbrada a tomarse el calor tan en serio.
Al comienzo de la ola de calor de junio, el ministro de Defensa, Theo Francken, publicó en Instagram una imagen en la que aparecía sonriente bajo el sol, acompañada del texto: “Hace calor durante dos días y aparentemente todos vamos a morir otra vez”. También criticó a la prensa.
“Disfruten del buen tiempo”, agregó. “¡Y VIVAN!”.
El clima se convirtió rápidamente en una cuestión de vida o muerte.
Las temperaturas se dispararon entre mediados de junio y principios de julio y superaron los 37,7 °C en algunas zonas de Valonia. El hecho de que fuera al comienzo del verano, antes de que la población tuviera la posibilidad de aclimatarse, agravó el peligro, según los expertos.
Durante el último fin de semana de junio, la línea belga de llamadas de emergencia quedó gravemente colapsada, según grupos médicos cuyos representantes firmaron una carta abierta para protestar por la situación. En algunos casos, aseguraron, se tardaba hasta 10 minutos solo en lograr comunicarse con un operador. (Bernard Quintin, ministro del Interior de Bélgica, dijo ante los legisladores que los tiempos de espera promedio eran mucho menores y señaló que se había incorporado personal adicional).
“Si hay que esperar 10 minutos cuando se sufre un ACV o un infarto, es un problema bastante grave”, dijo el doctor Pierre–Louis Deudon, médico generalista de la región de Bruselas que firmó la carta.
Las salas de emergencia también se vieron desbordadas en algunas zonas de Valonia. Durante el pico de la ola de calor, la cantidad de vehículos de emergencia que llegaban al Grand Hôpital de Charleroi, a aproximadamente una hora en auto al oeste de Lieja, pasó de un promedio de 60 a hasta 110 por día, dijo el doctor Laurent Peyskens, subdirector del servicio de emergencias.
“Fue muy agobiante”, dijo el doctor Peyskens.
La mitad de las salas de emergencia de Valonia no tenía aire acondicionado, según el doctor Phillippe Devos, director general de Unessa, una federación de prestadores de servicios de salud de Bruselas y Valonia.
Para Bélgica, el 27 de junio parece haber sido el segundo día más mortífero del siglo XXI, después de una jornada ocurrida al comienzo de la crisis del coronavirus. En Valonia, el 28 de junio fue más letal incluso que los momentos más críticos de la pandemia en 2020.
“Definitivamente deberíamos temer que vuelva a ocurrir”, dijo Loïc Gillerot, experto en clima y salud del CERAC, un centro de investigación belga independiente que estudia los riesgos climáticos. “La pregunta es: ¿estamos hablando de que vuelva a ocurrir este verano?”
Condiciones preexistentes
En Bélgica, como en otros lugares, el calor extremo afectó con mayor dureza a las personas más vulnerables.
La región de Valonia registró más del doble de muertes en exceso que la región norteña de Flandes.
Según los expertos, parte del problema es que, en promedio, los habitantes de Valonia tienen ingresos más bajos. Las personas de menores recursos tienen más probabilidades de padecer problemas de salud preexistentes y, a menudo, no tienen acceso a viviendas bien ventiladas.
Según datos de Sciensano, el instituto belga de datos sanitarios, alrededor del 85% de las más de 900 muertes en exceso registradas en Valonia entre mediados de junio y el 1° de julio correspondieron a personas de 65 años o más. Los adultos mayores de bajos ingresos que vivían solos eran particularmente vulnerables, según profesionales de la salud, ya que sus casas o departamentos en áticos se convertían en trampas mortales por el calor.
“Hay personas que están aisladas, que son mayores”, dijo el doctor Devos. “Lo vimos en las salas de emergencia: cuando llegaban, era imposible salvarlas”.
Las viviendas de Valonia fueron parte del problema. Muchos edificios residenciales son antiguos y fueron construidos para conservar el calor, no para mantenerlo afuera.
“Es un país que, culturalmente, es considerado frío”, dijo Gilles Vanvolsem, director general del Belgian Green Building Council. “La gente piensa más en calefaccionar su casa que en refrigerarla”.
Tampoco cambiaron los hábitos. Los belgas, incluso aquellos con problemas de salud y sus cuidadores, en ocasiones parecían no saber cómo afrontar el calor.
El doctor Deudon, en Bruselas, señaló, por ejemplo, que las personas que toman antidepresivos y otros medicamentos para la salud mental a menudo no son advertidas de que corren un mayor riesgo, por lo que continúan yendo a trabajar con normalidad.
El doctor Toon Ceyssens, médico generalista en Flandes, coincidió con esa preocupación y señaló que los medicamentos para la presión arterial también aumentan el riesgo.
En el peor momento de la ola de calor, se alarmó al ver que los residentes de una institución de cuidados donde trabaja todavía realizaban excursiones. “Los cuidadores y los pacientes no se tomaron la ola de calor tan en serio”, dijo.
Un país frío que ya no lo es
Para reducir los riesgos del calor, países como Bélgica tendrán que dejar atrás su mentalidad de país frío, dijeron los expertos.
El doctor Ceyssens dijo que los pacientes a menudo se mostraban reticentes a instalar aire acondicionado, preocupados de que pudiera enfermarlos, propagar gérmenes y dañar el medio ambiente.
Los belgas no “quieren ser estadounidenses”, con la temperatura interior fijada en 18 °C, dijo, pero consideró que existe un punto intermedio en el que las personas vulnerables puedan tener acceso al aire acondicionado.
“La mentalidad respecto del aire acondicionado tiene que cambiar”, afirmó.
Otros discrepan. Incluso algunos funcionarios belgas son cautelosos a la hora de depender demasiado de los sistemas de climatización, preocupados de que su incorporación pueda sobrecargar la red eléctrica y hacer que las ciudades sean aún más calurosas al expulsar aire caliente a las calles.
“El aire acondicionado puede ser apropiado en situaciones específicas, particularmente para personas vulnerables o determinados edificios”, dijo Simon Souris, portavoz del ministro de Vivienda y Energía de Valonia. “Sin embargo, nuestra estrategia a largo plazo no se basa en su implementación generalizada”.
Desde junio, expertos belgas han emitido recomendaciones para contar con más espacios de refrigeración y recursos destinados a las personas vulnerables. Según los médicos, las autoridades federales trabajan para modificar la forma en que se gestionan las llamadas de emergencia. Las autoridades de vivienda de Valonia están implementando políticas para fomentar la renovación de viviendas.
Sin embargo, trabajadores de la salud y expertos en salud pública temen que los cambios necesarios –como las mejoras en viviendas e infraestructura– lleven más tiempo del que Bélgica tiene. En MontLégia, los médicos siguen preocupados de que las autoridades no destinen suficientes recursos para hacer frente a la amenaza persistente del calor.
A fines del mes pasado, mientras los médicos de emergencias recordaban a los pacientes que habían perdido en junio, llegó otro.
Una mujer de 77 años ingresó en una camilla con un golpe de calor. Su frágil pecho se agitaba y su temperatura corporal estaba cerca del punto en el que podía producirse una falla orgánica. Los médicos le cortaron la blusa y la cubrieron con bolsas de hielo.
Se preparan para recibir a más pacientes. Un armario de suministros en el piso de la sala de emergencias está equipado con ventiladores. Cerca de allí, una heladera está llena de sueros intravenosos refrigerantes.
“Como médicos de emergencias, podemos aceptar una muerte, pero no es lo mismo cuando uno sabe que se debe a una falla sistémica”, dijo la doctora Michèle Yerna, responsable de la unidad de emergencias de MontLégia. Eso, agregó, es “mucho más difícil de soportar”.

