
Qué revela la victoria de Nigel Farage sobre el futuro de la ultraderecha británica
El líder de Reform UK arrasó en su feudo de Clacton, pero el retroceso en las encuestas nacionales y la reanudación de una investigación sobre sus finanzas ponen límites a su impulso político
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PARIS.– Nigel Farage es como un búmeran: cada vez que sale vencido por la puerta, consigue volver a entrar por la ventana. Reelegido este viernes como diputado por Clacton–on–Sea tras una votación parcial que él mismo provocó, el dirigente británico de extrema derecha derrotó a un candidato disfrazado de guerrero espacial con un tacho de basura en la cabeza. Una victoria aplastante en las urnas, pero mucho más frágil en las encuestas nacionales… Y que solo logrará suspender la investigación sobre sus finanzas durante el tiempo que dure el espectáculo de fuegos artificiales.
Según los resultados comunicados por las autoridades electorales, Farage, de 69 años, obtuvo 22.239 votos (63%) contra 9455 para “Count Binface” (conde cabeza de tacho, en español), en una elección parcial convocada por el mismo Farage en esa estación balnearia del sur de Inglaterra, tras semanas de polémica en torno al financiamiento de su partido, Reform UK.
The result in Clacton speaks for itself. pic.twitter.com/iQeaYxT35J
— Nigel Farage (@Nigel_Farage) August 14, 2026
Pero, aunque Count Binface perdió frente a Farage, en el feudo mismo de su contrincante en el condado de Essex, aun así logró cosechar un 27% de los votos, cuando hace dos meses tenía apenas un 0,2%. Un resultado sin precedentes para Jon Harvey, el cómico de 46 años que interpreta el papel de agitador político desde 2017.
A Farage le habían hecho falta ocho intentos para entrar finalmente al Parlamento de Westminster en 2024. Este viernes por la mañana solo necesitó unos minutos para volver a sentarse en las históricas butacas de la Cámara de los Comunes. Pero nadie puede decir que su triunfo haya sido glorioso.
El sinuoso recorrido de Farage
Farage, el gran líder de la extrema derecha euroescéptica británica, uno de los principales responsables del Brexit, fue reelegido en Clacton frente a un hombre con un basurero gris portado a modo de casco y una capa plateada, que se presenta como un “guerrero espacial intergaláctico” enviado para salvar a la nación.
Pero, resumamos, porque la historia roza la parodia. Tras verse sorprendido a principios de julio por una investigación del organismo de ética parlamentaria sobre una donación de cinco millones de libras recibida –poco antes de su elección de 2024– por parte del multimillonario de las criptomonedas Christopher Harborne, Farage dimitió de su escaño, gesto que desencadenó automáticamente una elección parcial. Oficialmente, se trataba de “dejar que el pueblo de Clacton juzgara”.
Extraoficialmente, la investigación sobre dichas donaciones quedó, como por arte de magia, suspendida durante el proceso electoral. Un clásico de la política populista: transformar un procedimiento disciplinario en un referéndum sobre uno mismo.
Decididos a no dejarse manipular, los tres grandes partidos tradicionales –laboristas, conservadores y liberal–demócratas– olfatearon la trampa y boicotearon la votación. Resultado: 34 candidatos, una cifra récord, la mayoría independientes y desconocidos, donde el único adversario mediático de Farage fue ese hombre con el tacho en la cabeza, heredero de esa muy británica tradición de candidaturas satíricas que el Official Monster Raving Loony Party –también presente con tres candidatos– perpetúa desde 1983. El programa de Count Binface prometía, entre otras cosas, “nacionalizar” a la cantante Adele y “tapar todos los baches con el manifiesto laborista de 2024”. Al menos, el programa resultó mucho más divertido que el de su oponente.
Tomorrow is the day to stick two fingers up to the establishment. pic.twitter.com/LnCVgAbUrH
— Nigel Farage (@Nigel_Farage) August 12, 2026
Fiel a su retórica habitual, Farage presentó ese duelo desproporcionado como un enfrentamiento histórico: “Los habitantes de Clacton deben ser los jueces de mis actos. Esta elección parcial enfrentará al pueblo contra el establishment”, lanzó en un video publicado en X.
Dado que el establishment declinó la invitación a presentarse, la frase sonaba como la de un boxeador que se jacta de haber noqueado a un punching–ball. Stijn Van Kessel, politólogo de la Universidad Queen Mary de Londres, no se equivocó al respecto: “El intento de Nigel Farage de convertir esta elección parcial en una gran batalla política fracasó”, declaró a la AFP.
Continúa la investigación
En el terreno, el entusiasmo no fue unánime. Aunque criticaba la “llegada masiva” de migrantes al Reino Unido, un residente de Clacton, reprochaba a su diputado saliente frente a las cámaras de televisión sus “visitas relámpago”, apenas para una “sesión de fotos”.
“En realidad, nunca está presente”, insistió, repitiendo el reproche que muchos de sus representados hacen a Farage.
Esto resume la geografía mental de Nigel Farage: está en todas partes y, a la vez, no está en ningún lado. Incluso Count Binface mostró un juego limpio, admitiendo ante la prensa que la victoria debía respetarse, aunque añadió con más mordacidad que una posible conclusión de “falta grave” por parte de la investigación parlamentaria debería respetarse de la misma manera.
Porque ahí es donde reside el problema para Reform UK. La victoria fue clara en el cuarto oscuro, pero el contexto nacional cuenta una historia muy distinta. Impulsado por un avance en las elecciones locales de mayo –la misma que precipitó la dimisión del primer ministro laborista Keir Starmer, sustituido el 20 de julio por el exalcalde del Gran Manchester, Andy Burnham–, el partido de Farage lideró durante mucho tiempo las encuestas. Sin embargo, desde la llegada de Burnham a Downing Street, la tendencia se ha invertido: por primera vez en más de un año, el Partido Laborista ha vuelto a superar a Reform UK.
Una reciente encuesta de Lord Ashcroft, noble conservador reconvertido en encuestador, situó incluso a Reform UK en tercera posición nacional con un 18%, su nivel más bajo desde las legislativas de 2024, por detrás de los conservadores de Kemi Badenoch (23%) y un Partido Laborista que ha remontado al 27%. Esto alimentó en varios comentaristas una pregunta tan sencilla como cruel: ¿acaso Nigel Farage ha alcanzado su pico?.
Por su parte, Burnham no perdió la oportunidad de bromear en julio al dirigirse directamente al adversario de Farage en esta elección: “Count Binface, usted carga con las esperanzas de la nación. No nos decepcione”.
Lo cierto es que la victoria, por muy desproporcionada que sea frente a un adversario disfrazado, le ofrece a Farage un respiro político, pero no la absolución. La investigación parlamentaria sobre la donación Harborne, suspendida durante la votación, se reanudará. Una conclusión de falta grave podría suspenderlo durante más de 15 días, umbral que desencadenaría una nueva elección parcial. Los partidos tradicionales ya han advertido que no permitirán que los sorprendan dos veces. Count Binface, por su parte, espera su momento.
En Reino Unido no se esperan nuevas elecciones generales hasta 2029. Tiempo suficiente para que Farage descubra si Clacton–on–Sea seguirá siendo su feudo o simplemente la dirección postal de un hombre que siempre está en otra parte.
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