Letizia Ortiz: la plebeya que aprendió a ser una princesa perfecta, pero distante

Casada desde 2004 con Felipe, la ex periodista será la primera reina sin linaje aristocrático
Adriana Riva
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3 de junio de 2014  

Cuentan que poco más de una década atrás, cuando el rey Juan Carlos se enteró de quién había conquistado el corazón de su hijo, comenzó a temblar: se trataba de una joven divorciada, republicana, atea y, para colmo de males, periodista. El príncipe Felipe se había enamorado del enemigo.

En ese entonces, si bien el nombre de Letizia Ortiz Rocasolano era ajeno para muchos, su cara ya era conocida: era la presentadora del Telediario Segunda Edición, el noticiero de máxima audiencia en España. Y, aunque muchos creerían que su sueño estaba recién por comenzar, Letizia llevaba la vida que siempre había deseado. Su abuela había sido periodista, su padre había sido periodista y ella nunca había querido ser otra cosa que periodista. Ni princesa ni -mucho menos aún- reina.

Pero la vida tiene sus vueltas, y la de Letizia, de 41 años, dio un volantazo el 22 de mayo de 2004, cuando se casó con el heredero de la corona española en la catedral de Nuestra Señora de La Almudena, en Madrid.

A partir de entonces, Letizia dejó de contar noticias para convertirse en una de ellas. En cientos. De sus vestidos a sus zapatos, de su extrema delgadez a sus frecuentes escapadas con amigas, su vida pasó a ser analizada hasta el hartazgo por los medios españoles y, muy especialmente, por su nueva familia real.

Consciente de esa mirada implacable, y con el perfeccionismo que la caracteriza, a sus 31 años Letizia comenzó a trabajar para convertirse en una digna princesa de Asturias.

Aseguran sus conocidos que al principio recorría los pasillos de La Zarzuela lapicera y cuaderno en mano, tomando nota de todo. Y fue así como, a base de largas horas de estudio, que incluían protocolo, idiomas e historia de España, pronto se transformó en la esposa atenta y responsable de Felipe de Borbón.

Atrás quedaban sus años plebeyos, en los que iba a trabajar en colectivo y pagaba una hipoteca para acceder a un departamento en Valdebernardo. Atrás su "pasado sentimental", eufemismo de su divorcio de Alonso Guerrero, un profesor de literatura con el que convivió diez años, pero cuyo matrimonio -por civil-soló sobrevivió uno. Atrás, sobre todo, su carrera profesional, durante la cual cubrió el hundimiento del Prestige frente a las costas gallegas, los atentados del 11 de Septiembre en Estados Unidos, la guerra de Irak.

Actitud distante

Si bien doña Letizia, nacida el 15 de septiembre de 1972 en Oviedo, Asturias, conservó la mirada desprejuiciada de una representante de clase media, paradójicamente el cuidado in extremis de su imagen -sonrisa impecable; elegantes trajes por debajo de la rodilla; sofisticados vestidos de noche- le jugó en contra y su perfeccionismo se convirtió en una suerte de barrera entre ella y los españoles.

Diez años después de convertirse en princesa de Asturias, y a un paso de ser reina, la princesa no termina de enamorar al pueblo. Las encuestas revelan que es la integrante peor valorada de la familia real, por detrás del rey Juan Carlos, cuya popularidad comenzó a hundirse con su famosa cacería en Botswana, en 2012. Aprueba con lo justo: 50,1%.

En su caso, el desencanto no es por un escándalo, sino por ejercer con demasiada corrección su papel institucional. Muchos la perciben fría y le reprochan su actitud distante.

Acaso si hubiese mantenido la espontaneidad de aquel "¡Déjame terminar!" que el 6 de noviembre de 2003, tras el pedido de mano, le espetó al príncipe cuando intentó interrumpirla ante unos 300 periodistas, su popularidad sería más alta. Ajena a esas críticas, Letizia trata de edificar un hogar lo más "normal" posible, no protocolar. Por las mañanas, lleva a sus dos hijas -las infantas Leonor, nacida en 2005, y Sofía, en 2007- al selecto colegio Los Rosales, el mismo en el que estudió su marido, y regresa siempre de su despacho en La Zarzuela a tiempo para acostarlas. Va de incógnito al cine cada vez que puede. Y le gusta vacacionar lejos de los focos mediáticos que atrae Mallorca, donde la familia real veranea desde siempre.

Su agenda propia, que se puso en marcha en 2007, está dedicada especialmente a temas que tienen que ver con la infancia y la juventud, y la lucha contra enfermedades raras. Desde que se convirtió en princesa, además, recibió a más de 2100 personas en 107 audiencias y asistió a 190 actos oficiales.

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