
Los acorazados, nuevas armas de los narcos
Los carteles usan camiones blindados para atemorizar a sus rivales en la guerra interna por el control del tráfico de drogas
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CIUDAD DE MEXICO.- El calor agobia y los pastizales del noreste mexicano están resecos por la ausencia de lluvia. Conocida como la "frontera chica", la zona que limita con el sur de Texas conforma un mapa de brechas que conducen a varios pueblos y centenares de campos que la guerra del narco transformó en tierras fantasmas.
Este es el escenario del desgobierno y de los enfrentamientos entre sicarios, con la lucha territorial como máximo objetivo y novedosas estrategias que no dejan de sorprender por la constante inventiva que demuestran los delincuentes.
"El blindaje fue fabricado con placas de acero de aproximadamente un centímetro de grueso. Se aprecia que fue pintado de verde, cuenta con dos torretas y seis ventanillas de cada lado y dos más en las ventanas del operador y acompañante", detalla la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) frente al hallazgo de un galpón lleno de vehículos blindados, bautizados ya como "monstruos".
El informe remarca la evolución del conflicto en las periferias de las grandes capitales. Alguna vez aliados, el cartel del Golfo y los Zetas se enfrentan, ahora, con ferocidad y los combates en los suburbios norteños causan a diario varias decenas de muertes que superan los límites de la crueldad.
Hay colgados y mutilados; descuartizados y quemados. Hombres y mujeres; guardias, presos y policías. Todo sirve en la lucha de poderes y la retórica del narcomensaje transpira tanta violencia que los episodios lindan con lo bizarro.
Como si fuese una trama que sigue angustiando a todo México, ahora son los "monstruos" los que fungen como actores de reparto en una película con desenlace incierto.
"Son manufacturados como una acción para tratar de amedrentar a los grupos rivales y demuestra ser un intento desesperado de los delincuentes para proteger a su gente de las bajas ocasionadas por parte de personal militar", agregan fuentes de la Sedena.
Los vehículos varían en modelo y prestaciones. Hay desde camiones de carga hasta los tradicionales transportes de caudales. También camionetas Ford modelo super duty y tractores capaces de aguantar la pesada coraza.
El primer vehículo fue decomisado en 2010 y tenía una velocidad máxima de cuarenta kilómetros por hora. Ya en 2011, sucesivos operativos dieron con camiones que habían duplicado la aceleración y mejorado sus comodidades interiores.
Con capacidad promedio para veinte sicarios, el blindaje externo es soldado de forma artesanal y se combina con capas de hule que buscan aislar los sonidos de las balas y disminuir el calor que sufren sus ocupantes.
El miedo
Los "monstruos" tienen pasamanos, asientos en fila y rendijas con apenas lugar para los cañones de las armas. En el techo, una torre que gira 360° sirve para disparar en cualquier dirección y la parte trasera guarda una caja con clavos y aceite que caen sobre el camino si alguien los persiguiese.
La cantidad de "monstruos" decomisados -110 en un año- causa gran temor por el poder de fuego que los narcotraficantes exhiben. Hace diez días se contabilizaron 23 en un mismo sitio y la respuesta castrense no se hizo esperar.
"Las unidades son fácilmente identificables mediante reconocimientos aéreos y representan blancos altamente remunerativos a los fuegos de la aviación, además de vulnerables al armamento aéreo", responde una fuente del ejército nacional cuando se le pregunta por el poderío de los vehículos.
Los militares señalan que el tamaño y la lentitud son determinantes para producir una deficiente maniobrabilidad en la arena o calles estrechas. Los blindajes son el equivalente al "clase tres" de venta comercial y deja la opción para que el armamento pesado y las granadas de fragmentación logren detener a los vehículos.
Aunque el costo no debería ser un obstáculo para organizaciones que facturan cientos de millones por las drogas, la erogación es considerable: hay que invertir 7000 dólares por cada modelo reconstruido.
En la actualidad, la guerra del narco reconfigura la realidad con episodios que son propios de la ficción. Las provincias de Nuevo León y Tamaulipas superaron sus índices de inseguridad y los choques entre fuerzas antagónicas dejan tantos muertos como imágenes que obligan a la reflexión.
Caravanas con decenas de camionetas identificadas con siglas de los cárteles recorren las rutas y las fuerzas armadas reemplazaron a gran parte de la policía local. La vida nocturna desapareció y las familias cambiaron sus rutinas más básicas. Quizás sea cierto que en México ahora existen los "monstruos".




