
Los años finales de Mengele, sin arrepentimiento y con soledad
Así lo revelaron sus últimas cartas, descubiertas en San Pablo
1 minuto de lectura'
RIO DE JANEIRO.- Ni una señal de arrepentimiento. El racismo biológico y social como instrumento para interpretar los hechos relevantes de la posguerra, la continua atención a los judíos, con los que experimentó en campos de concentración nazis.
Todo eso es revelado en las recientemente descubiertas cartas secretas de Josef Mengele, el médico sádico de Auschwitz, el hombre que representó con sus experimentos seudocientíficos sobre los prisioneros del campo de concentración los horrores del nazismo. A diferencia de casi todos los personajes relevantes del régimen de Adolf Hitler, Mengele, que murió en la clandestinidad en 1979 a los 68 años, en Brasil, nunca rindió cuentas de sus actos.
El diario Folha de São Paulo descubrió manuscritos de Mengele que van desde la posguerra inmediata hasta los 70, olvidados en un archivo de la policía de San Pablo.
Son cartas y páginas de diarios, secuestradas en 1985, durante la investigación brasileña sobre la protección recibida por el médico alemán, que jamás se habían difundido.
En ellas, Mengele no se refiere nunca a su actividad en el campo de concentración, pero insiste, en muchas ocasiones, en la validez científica de las teorías sobre la raza.
Aún en 1972, por ejemplo, en respuesta a una carta, advierte que Europa debería estar atenta a la mezcla entre los pueblos, "que debería limitarse a razas similares"
"¡Cuidado! -agrega- si el porcentaje de nórdicos en el continente disminuye. Y allí donde los europeos han construido una civilización en otras partes del mundo, hay ejemplos de éxito sólo donde los blancos no se han mezclado." Como en Sudáfrica, a la cual Mengele elogia por su política de apartheid.
Quien tiene serio riesgo, en cambio, -escribe Mengele en otra ocasión- es Estados Unidos. "El exceso de mezcla puede llevarlos a la ruina", opina.
En numerosas ocasiones, sobre todo en los primeros años de su larga huida, el criminal nazi muestra interés en seguir de cerca los descubrimientos biológicos y científicos, pero sin perder de vista las doctrinas de Joseph Arthur, uno de los teóricos del racismo y de la que llama la "evidente" superioridad de algunos genios sobre otros.
En un pasaje, que podría parecer sorprendente, Mengele admite que hubo judíos cuya producción cultural fue "indiscutible" y cita, entre otros, a Einstein, Spinoza, Mendelssohn, Mahler y hasta a Karl Marx. Pero agrega que la razón era su contacto con "pueblos de alto nivel cultural", entre los cuales, obviamente, destaca a Alemania.
Una de las pocas observaciones de Mengele que implican un juicio al nazismo data de 1976, tres años antes de su muerte. El médico escribe que estaba leyendo las memorias de Albert Speer, el arquitecto de Hitler, y dice: "Se subestima, muestra arrepentimiento, y esto es un pecado".
En otra ocasión, al referirse a los judíos, Mengele habla de "crímenes indiscutibles cometidos contra esta raza elegida", pero el pasaje es voluntariamente irónico porque se refiere a una retahíla racista.
Los documentos descubiertos en Brasil no deberían brindar información sorprendente a los historiadores, pero echan luz sobre la increíble e impune parábola de Mengele.
Tras huir de Auschwitz con un grupo de soldados, el ex "ángel de la muerte" vivió los tres primeros años de la posguerra en Baviera.
En 1949 se embarcó para la Argentina, como muchos nazis -según se dice, más de trescientos- que encontraron apoyo en el régimen de Juan Domingo Perón. En 1959, con el cambio de gobierno, se trasladó a Paraguay. Al poco tiempo, sintiéndose reconocido por una de sus víctimas, se radicó en Brasil donde cambió su identidad.
Mengele luego vivió siempre en el estado de San Pablo, alternando períodos en el campo con otros en el cinturón industrial de la metrópoli.
En las últimas páginas de sus diarios surge el tema de la crónica falta de dinero, la imposibilidad de viajar y una fuerte depresión, en contraste con la arrogancia de los primeros años.
"Siento la soledad. O mejor dicho, el abandono, en forma dolorosa como nunca antes." Pero ningún rastro de arrepentimiento sobre el pasado. Mengele murió ahogado en 1979 en circunstancias jamás aclaradas, mientras se bañaba en las costas de San Pablo.
Traduc. María Elena Rey
1- 2
“Esto era Bagdad”: los testimonios de los argentinos que vivieron el estallido de violencia narco en México
3El Pentágono amenaza a una empresa que quiere restricciones para el uso de IA con fines militares
- 4
La revelación de la testigo clave del vuelo de Malaysia Airlines: “Pensé que lo encontrarían”
