
Los hijos de la mafia, entre la familia y el deseo de cambiar
"No compartimos su código", dicen dos hermanos sobre su padre, un capo mafioso
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CINISI.- "No hay que regocijarse con el arresto de Bernardo Provenzano, porque la mafia todavía existe en Sicilia, y está más fuerte que nunca."
En este pequeño pueblo de 10.000 almas, encajonado entre el mar y la montaña, a 30 kilómetros de Palermo, Giovanni Impastato no teme decir lo que muchos piensan en este rincón del mundo. Afirma que Provenzano, el emperador de la mafia arrestado el 11 de abril después de 43 años de búsqueda, fue muy inteligente porque cambió la estrategia del anterior capo, Salvatore «Totó» Riina, que iba al choque directo con el Estado. "Logró que la mafia se sumergiera e infiltrara silenciosamente en todos los estratos de la sociedad, haciéndola mucho más poderosa", explica.
Giovanni es el hermano menor de Peppino Impastato, el militante antimafia que en 1978 fue brutalmente asesinado por la Cosa Nostra, entonces liderada por el temido boss Gaetano Badalamenti. La historia de Peppino, un intelectual que con una radio comenzó a poner en ridículo a la mafia de Cinisi, y a la omertá (el silencio mafioso), saltó a la fama hace unos años, cuando el director de cine Marco Tullio Giordana decidió contarla en la muy bella película "I cento passi" ("Los cien pasos"), que tuvo éxito en todo el mundo.
Giovanni, que ahora maneja un minimercado sin pagar el pizzo -la extorsión mafiosa-, dirige la Casa de la Memoria Impastato, que funciona en la misma casa de dos pisos, de arquitectura colonial, que se ve en el film, exactamente a cien pasos en diagonal de la vivienda de "Tano" Badalamenti.
Hace unos días, el nombre de Giovanni volvió a aparecer en los diarios italianos porque decidió escribirles una carta abierta a los dos hijos de Provenzano, Francesco Paolo y Angelo -dos jóvenes "limpios", uno dueño de una lavandería en Corleone, y el otro asistente de lengua en una universidad alemana-, para pedirles que rompieran públicamente con su padre. Lo mismo que hicieron él y su hermano, hijos de un mafioso de Cinisi, hace más de 30 años.
"No se trata de una ruptura afectiva, sino de una ruptura con los códigos mafiosos. Es importante que estos dos jóvenes vivan en la legalidad, y para ello tiene que hacer una elección fuerte: decir que su padre era un mafioso, y que no comparten su tipo de vida, algo que no significa que vayan a dejar de respetarlo. Porque la mafia mata, pero el silencio, también", explica.
"Es lo que hicimos Peppino y yo, que fue una ruptura neta en la familia. Nosotros lo dijimos claramente: «Nuestro padre es un mafioso y no compartimos su código de comportamiento mafioso»", recuerda. Para Giovanni, se trata de un paso crucial, porque para él la mafia no es sólo un problema de orden público, sino que es "un problema cultural".
"Sólo rompiendo la cultura mafiosa podemos derrotar a la mafia, y espero que mi llamado a los hijos de Provenzano ayude a despertar las conciencias. Porque no es cierto que la mafia es invencible, no es cierto que la mafia nace con el hombre y debe morir con el hombre", sostiene.
Giovanni, que aún recuerda a Saveria Palazzolo, la mujer de Provenzano, que trabajaba como costurera en este pueblo, donde conoció y se enamoró del boss, admite que aún se emociona al hablar de estos temas. "Cuando murió mi padre, que era un mafioso al igual que mi tío, si bien por un lado sentí una liberación porque él siempre trató de imponerme su código mafioso, también sentí mucho dolor", recuerda.
¿Cuáles eran las reglas de ese código mafioso con el cual su padre intentaba educarlo? "Respetar a sus amigos mafiosos, que no nos metiéramos o molestáramos, mantener la omertá, respetar las reglas del quieto vivere [vivir tranquilo], es decir, «ocúpate de tus cosas, que nadie te molestará», y «no molestes a los amigos de los amigos». En suma, la esclavitud a la honorable sociedad", contesta.
Si bien la rebelión de los Impastato a la mafia no fue fácil, no fue imposible. "Los mafiosos son fuertes porque tienen relaciones a niveles institucionales y porque viven en una cultura dominante mafiosa, pero si logramos dar vuelta la cultura de la ilegalidad pueden romperse los vínculos entre los poderes institucionales y la criminalidad organizada", asegura.
"Sí, Provenzano es un problema menos, pero no significa una derrota de la mafia", dice Giovanni, que concluye que el verdadero problema en Sicilia "es una clase política totalmente en colusión con la mafia".
"Hasta que la política no levante la mano en contra del malaffare [negocios ilícitos], jamás podremos resolverlo."






