
Los indios renacen con el juego
En muchas reservas de tribus norteamericanas ahora florecen los casinos; boom económico.
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ONAMIA, Minnesota.- El ensordecedor ruido de las máquinas tragamonedas no impide que Mark Steele concentre sus ojos en las tres ventanitas que tiene enfrente suyo. Tira de la palanca y aguarda, esperanzado. Pero la fortuna no parece estar de su lado hoy. Ahí van los últimos cincuenta centavos de los 200 dólares que ya se jugó en el Grand Casino Mille Lacs, propiedad de la tribu Ojibwe. Sin embargo, Steele, blanco, de 47 años, no parece demasiado molesto. "No importa -dice- Es una forma de pagarle de vuelta a los indios todo lo que mis antepasados les robaron". Todo un filósofo.
Atrás han quedado los tiempos en que los indios compraban espejitos a los colonizadores. Esta vez son ellos los que se quedan con el oro, o, mejor dicho, con los dólares.
Tras la elección de Marge Anderson como jefa de la tribu, los Ojibwe abrieron dos casinos, en 1991 y 1992: el de Mille Lacs y el Grand Casino Hinckley. El resultado fue un boom económico sorprendente en la reserva. Antes, el 60% de los residentes vivía bajo el nivel de pobreza. Ahora, el desempleo bajó el 32%, y ya se invirtieron 31 millones de dólares en las instalaciones.
Aunque los funcionarios ojibwe se muestran renuentes a hablar del monto de los ingresos provenientes del casino (todas las tribus guardan con recelo esa "información confidencial"), no escatiman palabras a la hora de hablar sobre sus nuevas "joyas". Con las ganancias se construyó una escuela en donde se enseña su lengua, dos centros comunitarios, un hogar de ancianos y una clínica en la que los aparatos médicos más modernos comparten lugar con el curandero espiritual.
De las 557 tribus federalmente reconocidas en este país, 185 ya han establecido casinos en sus reservas, haciendo valer sus derechos de soberanía y autodeterminación, y hoy existen unas 285 casas de juego indias en 28 Estados.
"Unos 50.000 millones de dólares se mueven en la industria del juego. De los ellos, 7000 millones corresponden a los casinos indios", dijo a La Nación Jacob Coin, director ejecutivo de la Asociación Nacional India de Juego.
Desde la llegada de los europeos a este continente, y más aún durante la épica conquista del Oeste, los indios norteamericanos fueron diezmados, discriminados y aislados en reservas. A fines del siglo XIX, el gobierno intentó "civilizarlos", llevándose a los niños indios a colegios pupilos, donde se les inculcaban "valores occidentales". Para los años 30, casi la mitad de la población indígena había sido trasladada forzosamente a las ciudades.
Status especial
Según los tratados del siglo XVIII, las reservas indias tienen un status especial que las aparta de la autoridad del Estado donde están ubicadas, las declara "soberanas" y el gobierno trata con ellas en calidad de "naciones". Como consecuencia, pueden tener su propio gobierno, su policía, sus leyes, y están exentas de ciertos impuestos (a las ganancias, a la propiedad, y a la venta). Pero al estar situadas en tierras malas, poco cultivables, la subsistencia se hacía muy dura, y los indios parecían condenados al estancamiento económico.
En la década del 60 y del 70, el embrionario Movimiento Indio Americano buscó llamar la atención sobre su condición por medio de actos como la toma de la isla de Alcatraz y del sitio de Wounded Knee, en Dakota del Sur. En respuesta, el gobierno aprobó el Acta de Autodeterminación India (1975), que otorgó a los indios mayor participación en su administración.
Pero el verdadero golpe de suerte llegaría en 1979, cuando la tribu de los Seminole, de Florida, abrió un bingo en su reserva haciendo uso del derecho que le daba la Constitución. El redituable negocio dio lugar a un exitoso casino.
Otras tribus siguieron su ejemplo, lo que enfureció a los dos únicos Estados que autorizan el juego en sus territorios, Nevada y Nueva Jersey, y de empresarios como Donald Trump. Pero el Congreso, por medio del Acta Regulatoria de Juego Indio (1988) reconoció los derecho de las tribus.
Las formas de cómo administran las tribus sus ganancias del juego son varias. En muchas, las autoridades (generalmente un consejo regido por un jefe) invierten en infraestructura para el uso de toda la comunidad. Otras reparten el dinero entre sus miembros, en cuotas per cápita. Y algunas ponen en manos de compañías externas la administración de los casinos.
Según datos de la Asociación Nacional India de Juego, los casinos tribales han creado unos 120.000 empleos directamente, y otros 160.000 indirectamente, en todo el país.
Si bien los casinos han servido como motor para la recuperación económica de muchas tribus, otras permanecen aún en la penuria de tiempos pasados. No todas son historias de éxitos: en las reservas alejadas de áreas urbanas, el juego no funcionó.
En esas remotas zonas, como la reserva Navajo, donde se vive en casas precarias, el crimen continúa creciendo considerablemente y las condiciones de vida son aún muy difíciles. En promedio, el desempleo en la comunidad indígena en general llega al 45%.
Renacimiento cultural
Aún así, el mayor mérito de los casinos indios es que sirven para promover el florecimiento de una cultura que hasta hace poco estaba olvidada.
Un ejemplo de ello, son los Pequots, de Connecticut, que con sólo 530 miembros se volvieron millonarios de la noche a la mañana. Su casino, Foxwoods, emplea a 12.000 personas, la mayoría no india, y recibe 50.000 visitantes diarios. Si bien la tribu dedicó varios millones a la construcción de caminos y hospitales, el mayor proyecto ha sido la erección de un impresionante centro etnográfico y cultural de última tecnología, que abrió sus puertas el año último.
Y son cada vez más las tribus que, luego de beneficiarse con los casinos, invierten su dinero en aspectos culturales, que contribuyen al fortalecimiento de su identidad y de su autoestima. "Estamos, sin duda, frente a un renacimiento cultural", explicó a La Nación Rex Hackler, de la Oficina de Asuntos Indios, en Washington D.C.
"Definitivamente hay ahora mayores esfuerzos por preservar la cultura", coincidió Thomas Sweeney, del departamento de relaciones públicas del Museo Nacional del Indio Americano, en Nueva York. "Se nota en el incremento de museos tribales, que actualmente son 64. Y además es impresionante ver la cantidad de sitios de Internet dedicados a la historia, las artes y las tradiciones indias", añadió.
El museo, que en el 2002 abrirá una sucursal en el National Mall de Washington, tiene actualmente planeado apoyar un festival de cine indígena. La idea cobró mayor realidad tras el inesperado éxito, este verano, de la película "Smoke signals", el primer film comercial escrito, producido, dirigido y actuado por indios.
"Ha comenzado a haber una cierta fascinación por lo indígena en el resto de los norteamericanos y aún más en el exterior", explicó Hackler. "El turismo en las reservas se ha vuelto un negocio más que seductor", agregó, refiriéndose a los paquetes promocionales que, en Europa, ofrecen desde dormir en una carpa tradicional hasta escuchar en viva voz el relato de "la otra conquista del Oeste".
Por Alberto Armendáriz
Símbolos
WASHINGTON.- Quizá la forma más evidente de apreciar la tardía revalorización del pasado indio en los Estados Unidos es fijarse en los cambios ocurridos en dos instituciones cuasi sagradas para ese país: su presidente y su moneda.
En julio del año pasado, Bill Clinton reveló que él era en parte Cherokee porque una de sus abuelas tenía un cuarto de sangre india, y la nueva moneda de un dólar que se acuñará a partir del 2002 tendrá en una de sus caras la imagen de una líder india que en 1805 guió la expedición de Lewis y Clark hasta Missouri.
Los números
- La población india está calculada en 1.954.000 personas. Casi la mitad vive en reservas.
- Las tribus más numerosas son la Cherokee (308.132), los Navajo (219.198), los Chippewa (103.826) y los Sioux (103.255).
- Existen 275 áreas consideradas reservas.
- Hay 557 tribus reconocidas, de las cuales 185 tienen casinos en 28 Estados.
- El juego indio representa una industria de 7000 millones de dólares.
- Aún así el 31% de los indios vive en condiciones de pobreza.






