Los latinoamericanos, precoces para el sexo y lentos para casarse
Según un informe, cada vez dejan más tarde sus hogares para contraer matrimonio
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Precoces para algunas cosas y lentos para otras, se apuran a tener su primera relación sexual, pero demoran años en dejar la casa paterna. Confían mucho en sus familias y eligen a sus madres y amigos para hablar de sus problemas. En una época dominada por la cultura virtual, la televisión e Internet ocupan lugares centrales en sus vidas.
Así son, a grandes rasgos, los jóvenes latinoamericanos de hoy, según un informe de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), presentado a principios de este mes en Guadalajara, México.
El documento, denominado "La juventud en Iberoamérica: tendencias y urgencias", intenta hacer una radiografía de los jóvenes de entre 15 y 29 años y comparar su situación actual con la de principios de la década del 90.
El informe revela que los adolescentes latinoamericanos adelantaron en los últimos años la edad de iniciación sexual. Según indican encuestas hechas en varios países, los chicos y chicas tienen su primera experiencia entre los 16 y 17 años. Los más precoces son los chilenos, que, en promedio, arrancan con su vida sexual a los 16 años y cuatro meses. El 13,7% lo hace antes de los 15. En segundo lugar, se ubican los mexicanos, que lo hacen en promedio a los 17 años y un mes, pero que, paradójicamente, dicen preferir que su "primera vez" se dé dentro del matrimonio.
El amor, el deseo y la simple curiosidad son las tres principales motivaciones que los llevan a iniciar su vida sexual.
Pero, a pesar del comienzo precoz de las relaciones sexuales, los jóvenes tardan cada vez más en dejar sus casas y formar su propio hogar. El 58% de ellos, de hecho, sigue viviendo con su familia. Si bien la permanencia va disminuyendo a medida que aumenta la edad, es significativo que bastante más de la mitad de los jóvenes de entre 25 y 29 años continúe viviendo con su familia.
Los latinoamericanos, no obstante, parecen no ser los únicos "mameros". El 50% de los españoles de entre 26 y 29 años también permanece con sus familias de origen. En Italia, sólo el 47% de los chicos y el 51% de las chicas dice querer independizarse.
De acuerdo con el informe, son dos los motivos que impiden a muchos jóvenes latinoamericanos irse de sus casas antes de los 30.
Por un lado, la prolongación de los estudios, por la demanda de más formación en el mercado laboral. Por otro, los altos niveles de desempleo y la caída de los ingresos, que hace que para muchos sea prácticamente imposible asumir los gastos de un hogar propio. La presión de las crisis económicas también obliga a un número creciente de jóvenes a combinar el estudio con el trabajo. Mientras que el 23,2% sólo estudia y el 9,3% sólo trabaja, el 40,5% hace ambas cosas. El 13,2% no estudia ni trabaja, y el 13,8% se dedica a los quehaceres domésticos.
La familia sigue siendo el entorno fundamental de los jóvenes, un ámbito de confianza donde pueden hablar de sus problemas personales. Además de sus amigos, sus madres son las personas a las que más buscan para hablar de lo que les pasa.
Paralela a la tendencia a permanecer más tiempo en el hogar familiar, aparece la creciente propensión a dejar para más adelante el matrimonio o las uniones informales. En efecto, a principios de los 90, los hombres, en promedio, se casaban alrededor de los 26 años y las mujeres lo hacían a los 23. Hoy lo hacen cerca de los 29 y 26, respectivamente.
Más solteras
La postergación del matrimonio se refleja en el aumento de la cantidad de mujeres solteras en todos los países latinoamericanos, especialmente en Bolivia, Brasil y Chile.
También la maternidad se deja para más adelante. Mientras que en 1987 las mujeres tenían, en promedio, 2,2 hijos al cumplir los 30 años, actualmente esa cifra bajó a 1,7. Hoy existe un número creciente de mujeres que, al llegar a esa edad, no ha tenido ningún hijo.
Otro aspecto que diferencia a las nuevas generaciones de sus predecesoras es que tienden a migrar más, en busca de trabajo o educación. Mientras los destinos preferidos dentro de la región son la Argentina, Venezuela y Costa Rica, el lugar elegido para emigrar fuera del continente es España.
Otra pregunta que se hicieron los investigadores es qué hacen los jóvenes en su tiempo libre.
Las encuestas revelaron que pasan muchas de sus horas libres dentro de sus casas, viendo televisión o escuchando música. Además, chatean por Internet, se entretienen en los videojuegos, salen a bailar, leen, van al cine o practican deportes. La TV y las computadoras compiten con los libros, los diarios y las revistas, materiales que emplean cada vez menos.
En promedio, los jóvenes dedican entre dos y tres horas diarias al televisor, en el que prefieren ver series, películas, reality shows y programas de música y de deportes, y dejan de lado los programas informativos. Los argentinos ubican en primer lugar las películas, seguidas de los programas deportivos y los documentales.
Los chicos y las chicas de hoy, que han incorporado la comunicación electrónica a su vida cotidiana, también dedican largas horas a Internet, donde chatean, juegan, buscan información deportiva o material para sus estudios o trabajos. El auge de las nuevas tecnologías también ha creado una brecha digital: quienes no están conectados quedan cada vez más excluidos.
Finalmente, una de las cosas que los jóvenes no han cambiado en los últimos años es su gusto por la música y, especialmente, por el rock, que sigue siendo el género más consumido por los argentinos, mexicanos y uruguayos. El hip-hop, el punk y la música techno, en cambio, aparecen muy abajo en sus preferencias.


