
Los países más jóvenes del mundo aún luchan por un lugar entre sus mayores
Con distinta suerte, diez Estados enfrentan un complejo proceso de transición
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Desde la puerta de ingreso en la Unión Europea en la que se encuentra la República Checa hasta la escasez de alimentos que lleva a los habitantes de Timor Oriental a comer perros para sobrevivir, la suerte que corrieron los diez países más jóvenes del planeta varía a lo largo de un amplio espectro, del que no se excluyen la reconstrucción después de sangrientas guerras o el bienestar logrado gracias a millonarios subsidios de Estados Unidos.
Todos recibieron, en mayor o menor medida, una herencia que los marca a fuego. Algunos se reorganizaron tras la caída del régimen comunista de Moscú, otros lograron su independencia luego de décadas de luchas que costaron miles de vidas, y el más afortunado decidió su nuevo status con un pacífico referéndum y el respaldo de la mayor potencia mundial. Pero todos debieron enfrentar, y aún enfrentan, un complejo proceso de transición.
La nación más joven, Timor Oriental, no ha tenido un comienzo fácil. Esta mitad de una pequeña isla del sudeste asiático se independizó hace poco más de un año y aún está en pañales en cuanto a sus instituciones y su desarrollo. El 42 por ciento de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza y el 50 por ciento está desempleado o subempleado.
Este año enfrenta serios problemas de escasez de alimentos, una situación que provoca respuestas de igual tenor entre los timorenses: comen roedores, gatos, perros y caballos, y sacan a sus hijos de la escuela.
Un funcionario de las Naciones Unidas que trabajó en Timor Oriental destacó en diálogo con LA NACION que la economía está en una etapa de desarrollo muy precaria, y explicó que es un país que partió de cero. Un punto a favor es que hay significativas reservas de petróleo y otros recursos, entre ellos el turismo.
Una situación bastante diferente vive Palau, un diminuto archipiélago del norte del Pacífico, independiente desde 1994, cuando firmó el Tratado de Libre Asociación con Estados Unidos. Tiene pocos recursos naturales, lo que la obliga a depender de las importaciones y la ayuda económica extranjera, que recibe en abundancia gracias al patrocinio norteamericano. Esta situación plantea un desafío a corto plazo, cuando la ayuda norteamericana desaparezca.
Miles de kilómetros al Oeste, Eritrea debió enfrentar un problema tras otro desde su independencia de Etiopía, en 1993. Este pequeño y pobre país, ubicado en el nordeste de Africa, basa su economía principalmente en la agricultura, a pesar de que su territorio es poco fértil.
Una guerra por disputas limítrofes con Etiopía entre 1998 y 2000 frustró los progresos que se habían logrado durante los primeros años de independencia y dañó severamente la economía del país. "Actualmente hay tropas de paz internacionales y el mayor desafío es la cuestión de la seguridad, establecer la frontera internacional con Etiopía", dijo a LA NACION Amanuel Giorgio, primer secretario de la misión permanente de Eritrea ante la ONU.
Las más prósperas
Las más prósperas del club de las noveles naciones son las dos que conformaban la ex Checoslovaquia, uno de los países comunistas menos golpeados, que en 1993 se escindió en la República Checa y Eslovaquia.
La que ha obtenido mejores resultados es la República Checa, que actualmente es miembro de la OTAN y uno de los países más desatacados entre los diez que se incorporarán a la Unión Europea (UE) en 2004.
Desde 1999 su economía está arrojando alentadores resultados. "El motivo del éxito es que no somos realmente una nación nueva. En el momento de la partición éramos un país bastante desarrollado y teníamos instituciones democráticas sólidas que los 50 años de comunismo no pudieron desarraigar", explicó a LA NACION Hynek Kmonicek, el embajador de la misión permanente de la República Checa ante la ONU.
Con su soberanía también recuperada en 1993, Eslovaquia obtuvo resultados más modestos, pero positivos al fin. Ha logrado concretar gran parte de la difícil transición de una economía centralizada a una economía de mercado moderna, y también ingresará en la UE.
La separación de la ex República Checa no fue el único cambio en el mapa europeo tras la caída de la Cortina de Hierro. Con el desmembramiento de la ex Yugoslavia, a principios de los 90, Eslovenia, Croacia y Macedonia se independizaron en 1991, mientras que Bosnia y Serbia y Montenegro lo hicieron un año después.
Eslovenia fue el país que protagonizó la transición más suave hacia la economía de mercado. Con sus históricos lazos con Europa occidental, una economía fuerte basada en el comercio y una democracia estable, es otro de los candidatos destacados que ingresarán en la UE el año próximo.
Antes de la disolución de Yugoslavia, Croacia era, después de Eslovenia, la más próspera e industrializada. Pero fue perjudicada por estar en la zona de conflicto de las sucesivas guerras en los Balcanes y su desarrollo económico no pudo concretarse en todo su potencial.
Limita con Croacia Bosnia-Herzegovina, que, junto con Macedonia, es la república más pobre de las que componían la ex Yugoslavia. Entre 1990 y 1995 el conflicto étnico causó un derrumbe de la producción de un 80 por ciento, una disparada del desempleo y graves problemas humanitarios. Hoy, la economía continúa muy por debajo del nivel que tenía en 1990, a pesar de la asistencia para reconstrucción y ayuda humanitaria que recibe de la comunidad internacional.
Cuando se dividió la ex Yugoslavia, la pequeña Macedonia era la menos desarrollada de las repúblicas yugoslavas, y hoy su situación no varió demasiado. El hecho de no contar con infraestructura, las sanciones de la ONU y el embargo económico de Grecia debido a una disputa por el nombre y la bandera del país retrasaron el crecimiento económico hasta 1996. Cinco años después, la insurgencia de los albaneses étnicos retrasó los intentos de realizar una reforma económica, establecer el libre comercio y lograr la integración regional.
Luego de que las otras repúblicas que conformaban Yugoslavia se independizaron, Serbia y Montenegro adoptaron el nombre de República Federal de Yugoslavia, en 1992. En 2002 se realizó una reestructuración por la que se formó una federación más flexible de dos repúblicas, que se llamó Serbia y Montenegro.
En este país, escenario central de los conflictos étnicos de la década pasada, la economía se redujo a la mitad de su nivel en 1990, debido al mal manejo en los años en que Slobodan Milosevic estuvo en el poder, a un largo período de sanciones económicas y al grave daño a la infraestructura y la industria durante el conflicto de Kosovo. Tras la caída de Milosevic, en 2000, el nuevo gobierno ha implementado medidas de estabilización y se ha embarcado en un agresivo programa de reformas de mercado.
A pesar de sus dispares presentes, estas jóvenes naciones ya han experimentado en carne propia los rigores de la independencia. Pero no está todo dicho para ellas. El tiempo dirá si las que comenzaron con el pie derecho logran mantener su crecimiento y si las que tuvieron un debut complicado pueden encontrar la senda de la recuperación.
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