
Los restos del imperio del Gengis Khan
Por Narciso Binayán Carmona
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Resulta casi imposible creer que hasta hace poco más de de dos siglos existía aún en Europa un khanato mongol, resto mediocre del imperio del Gengis Khan. No era ni una miniatura ni una curiosidad histórica, sino un factor de poder en plena decadencia, es cierto, pero una realidad por considerar en la política de la época.
El khanato de Crimea se extendía sobre toda la península y también sobre la costa norte del mar de Azov, donde se fundaron después de la conquista rusa ciudades menores, como Mariupol, o importantes, como Rostov del Don, en la desembocadura de ese río.
Surgió de la división del gran khanato de la Horda de Oro, que desde su capital sobre el Volga aterrorizó a los eslavos orientales (rusos, ucranios y bielorrusos) durante los siglos XIII al XV.
Catalina la Grande lo conquistó en 1783. Ya habían nacido San Martín, Belgrano y Moreno, e incluso el Virreinato de Río de la Plata. La población -turca, llamada tártara en general- emigró en su gran mayoría, y los que quedaron fueron deportados al Asia central por Stalin. Su lucha actual es por ganar espacio político en la Crimea ucrania postsoviética.
La toma de Moscú
El khanato lo fundó hacia 1430 Hadjdji Girei, descendiente del hijo mayor del Gengis Khan. Inicialmente su reino era enorme: se extendía por casi mil kilómetros de Norte a Sur. Luego se redujo a la península y a la costa vecina. De gran habilidad política, mantuvo excelentes relaciones con los genoveses, que aún mantenían enclaves en la región. Con los otomanos, sus hermanos de idioma (turco) y de religión (musulmanes sunnitas) se reconocieron como sus vasallos (1478) y emparentaron con los sultanes.
Inicialmente hicieron temblar a Rusia. En 1521 conquistaron Kazán, sobre el Volga, y llegaron hasta los suburbios de Moscú. Volvieron a tomarla en 1571, la incendiaron e hicieron una matanza colosal al estilo mongol. El khan Dewlet Girei le escribió una carta desafiante a Iván el Terrible. La respuesta inmediata de éste fue humilde, pero se armó y al año siguiente, cuando se produjo un nuevo ataque, su ejército lo rechazó. Los tártaros volvieron, sin embargo, por última vez, en 1591.
Desde entonces ya no representan ningún peligro -excepto como vasallos de Turquía- y cuando Rusia los anexó en 1583 se limitó a ocupar un país ya inerme.
En el momento de la anexión prácticamente no había rusos en Crimea, salvo los prisioneros de guerra, y la población turca emigró en masa a Turquía. Tres cuartas partes de la población se fueron en los diez primeros años. En 1860 partieron 200.000, con lo que dejaron de ser mayoría.
En Crimea misma surgieron movimientos políticos y uno de los más notables precursores del panturanismo, Ismail Bey Gaspirali, "unidos por la lengua, las ideas y las acciones desde los Balcanes hasta Sinkiang".
Con la revolución de 1917, los tártaros proclamaron un gobierno nacional que fue derrocado por los bolcheviques y su presidente, ejecutado (1918). Desde entonces colaboraron con los comunistas y en 1921 formaron la República Socialista Soviética Autónoma de Crimea, dentro de Rusia. Tenía 1.184.179 habitantes, pero sólo el 25,1 por ciento era tártaro.
Durante la Segunda Guerra Mundial, acusados por Stalin de haber colaborado con los alemanes, fueron desterrados en masa al Asia central, casi todos a Uzbekistán. La república fue suprimida en 1944.
Muerto el dictador, pidieron que se reviera la medida, se los rehabilitara y se los repatriara. Los dos primeros puntos se concretaron en 1967, pero el tercero tardó más, aunque muchos volvieron clandestinamente. Ya el 26 de junio de 1991, casi al final de la URSS, se reunió un congreso en Simferopol declarando su derecho a un territorio nacional en Crimea y a la autodeterminación. En octubre de ese año, el gobierno ucranio los invitó oficialmente a regresar, y en 1993 el Parlamento de Crimea (parte de Ucrania) les concedió 14 bancas. Habían pedido más (22 o 36 sobre 96), pero aceptaron.
En los años siguientes, los tártaros fueron apoyados por el presidente de Ucrania, Leonid Kuchma, y su partido, Ruhk. Ha habido algunos incidentes violentos, crímenes políticos, cierta discriminación. En general, los más o menos 300.000 tártaros de la península han sido aliados de los ucranios. Sus demandas son moderadas.
Deben ser vistas, sin embargo, en el marco geográfico (Mar Negro de por medio con Turquía, en la que todos tienen parientes), en el religioso (son musulmanes) y en el étnico (son turcos). La suma de estos elementos en una época en que la situación regional se agrava con el conflicto en Kosovo, con el kurdo, con el de Irak, y con el eventual retorno de Rusia a desplegar armas, abre un interrogante sobre el futuro de esta nación mongol o turca de Crimea.



