
Los zulúes, una bomba de tiempo
Por Narciso Binayán Carmona
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Chaka ha sido, y en cierto modo sigue siendo, una de las figuras más importantes de la historia moderna. Hijo bastardo y despreciado de un reyezuelo de poca monta, tuvo una niñez y una adolescencia desgraciadas y fue también un general genial y un rey tan cruel como eficaz (1816-1828).
Murió asesinado por uno de sus hermanos, pero dejó una herencia que ha desafiado al tiempo: la nación zulú, forjada por él mismo, orgullosa de sí misma y de su glorioso pasado, enérgica y segura. La cantante xhosa Myriam Makeba, la del "pata pata", cuyo pueblo fue el único que ni Chaka ni sus sucesores pudieron doblegar, afirmó hace años: "Dicen que Chaka fue un Napoleón negro. Prefiero pensar que Napoleón fue un Chaka blanco".
En su familia, que viene de otro de sus hermanos, ha quedado la realeza de la nación zulú y su sobrino nieto Cetshwayo ha pasado a la historia por haber infligido a los ubicuos ingleses la derrota más catastrófica de su historia colonial, jalonada de victorias: la de Isandhlwana (22 de enero de 1879). Cuando la noticia llegó a Londres, el por entonces premier Disraeli, aplastado, se metió en cama (le costó las siguientes elecciones); había sido también uno de los peores desastres ingleses del siglo.
Estos recuerdos vienen a propósito de las elecciones sudafricanas del miércoles último, una de las más cruciales no sólo para el país sino también para toda Africa y para el Cono Sur de América. Se sabe ya que ganó por dos tercios el Congreso Nacional Africano (CNA) y su candidato, Thabo Mbeki, pero queda pendiente una gran duda: ¿cómo votaron los zulúes?
Un país en la balanza
Cuando hace algunos años el presidente Frederik De Klerk decidió terminar con el vergonzoso y ridículo sistema de "apartheid", encontró un colaborador de primera línea en Nelson Mandela, el dirigente xhosa del CNA, hombre de Estado de alto nivel que, pasando todo por alto, se consagró a asegurar una transición pacífica del gobierno blanco exclusivamente al gobierno abierto sin distinción de color.
Con todos sus defectos, la Sudáfrica blanca tenía en su favor algunas cosas: allí no hubo matanzas de nativos que manchan la historia de América entera (guerras aparte, por supuesto) ni se vieron jamás linchamientos. Es de justicia señalarlo.
Contra todo lo esperado, el país salió adelante. No hubo "baño de sangre" ni violencia antiblanca ni nada por el estilo. Hay una inflación tremenda, un tercio de desempleados (un 50% entre los negros), pero políticamente ha salido a flote.
Jugó mucho en esto la colosal habilidad de Mandela (un príncipe xhosa) y la gran duda es si Mbeki logrará alcanzar su altura. Es un desafío enorme que pone al país en la balanza. Mbeki es xhosa, como Mandela.
Más o menos se puede decir que la provincia de Kwazulu Natal (capital: Durban) se confunde con Zululandia. Es la aspiración zulú. En 1994, con un fraude enorme en ambos lados, el partido Inkatha, nacionalista zulú, logró el 50,3% de los votos y el Congreso, el 32,2%. Ahora, esas cifras han bajado y subido a 42,5% y 39%, respectivamente. En forma relativa parecen más bien estables. Inkatha obtuvo antes el 10,5% y ahora, el 8,16 por ciento.
Esto puede tener varias lecturas. Una es la preferida afuera: ganó el CNA en forma aplastante. Pero, ¿se le dio un cheque en blanco?, ¿Inkatha bajó realmente? Sudáfrica es, como lo fue Yugoslavia y quizá tanto como la Unión Soviética, un compuesto artificial de naciones muy diferentes: boers, ingleses, zulúes (los más grandes), xhosas (los segundos), sothos, tswanas y otros menores.
Al CNA lo fundaron dos zulúes: Dunbe y Seme (1912) con un xhosa como presidente honorario. Ya en 1921 de su seno surgió Inkatha, como puramente zulú. Su líder es el jefe Buthelezi, cercano deudo del rey Will Zwelithini.
Algunos hechos: a fines de 1993 el rey afirma que no se propone buscar la independencia; a principios de 1994: "No podemos aceptar que cualquier mayoría en el resto de Sudáfrica decida nuestro destino". Poco después, la proclamó. Mandela maniobró con astucia: se reunió con el rey, y Buthelezi entró en el gobierno con diversos cargos hasta ahora.
Tres reflexiones: en el siglo XVII, los holandeses ocuparon Brasil, y ello afectó tanto el equilibrio del Atlántico Sur que Portugal lo reconquistó desde Angola; a principios del siglo XIX, Popham conquistó Sudáfrica y desde allí envió tropas que tomaron Buenos Aires, en 1806; ahora se habla de una Alianza del Atlántico Sur.
Ahora bien, Sudáfrica es, quizás, el único país africano con capacidad técnica para construir la bomba atómica; es también el más rico y poderoso. Su desequilibrio puede alterar el de todo el continente. Y el punto más débil de esa peligrosa ecuación es la cuestión zulú. Puede no ser una bomba de tiempo... o puede serlo.
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