Lula reaviva la esperanza de la izquierda en la región: Brasil no quedará aislado, pero será una voz disonante
El cuarto mandato del líder del PT plantea el desafío de convivir con gobiernos ideológicamente distantes y una relación compleja con Trump
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La victoria del presidente Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil tiene un enorme significado más allá de las fronteras brasileñas. El cuarto mandato de Lula, su tetracampeonato político, es también una rotunda derrota de la derecha brasileña y de sus aliados en el mundo, entre ellos el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el de Argentina, Javier Milei. Cuando la ola azul se preparaba para festejar una victoria histórica en Brasil, Lula dio vuelta una elección que, hace apenas tres semanas, parecía perdida.
Muchos hablan de milagro en Brasil, en medio de denuncias de fraude por parte del bolsonarismo que, aplicando rigurosamente el manual de Trump, no reconoció la derrota en las urnas. La segunda vuelta de la elección brasileña fue tensa, con intervención del Supremo Tribunal Federal (STF) por denuncias de irregularidades en el transporte público presentadas por el Partido de los Trabajadores (PT). Antes, el PT había solicitado una medida al Tribunal Superior Electoral (TSE), que demoró en entrar en acción. Ssu presidente, el juez Kassio Nunes, es cercano al bolsonarismo. Finalmente, lo hizo el STF a través del juez Cristiano Zanin, que fue abogado de Lula. Fuentes cercanas a Lula reconocieron que se trató de una “situación compleja”, que también generó críticas al exabogado de Lula.

La victoria de Lula en un Brasil profundamente polarizado fue precedida por la última disputa entre el presidente y el bolsonarismo en los tribunales, lo que pasó a ser usado por el adversario del presidente para hablar de fraude electoral. El Palacio del Planalto lo sabía: en caso de victoria de Lula, difícilmente sus rivales la reconocerían, como tampoco lo harán Trump y Milei.
Sí se espera el reconocimiento de la victoria —por más de lo que cualquier analista anticipó, incluso los más optimistas en relación con Lula— por parte de vecinos como Chile, Perú, Ecuador, Paraguay y Bolivia. Sus presidentes adoptaron una posición pragmática en relación con el Brasil de Lula, al contrario de los jefes de Estado de Estados Unidos y Argentina.

En palabras de un embajador latinoamericano en Brasilia, la relación con Brasil es demasiado importante como para ponerla en juego por cuestiones ideológicas. Hay intereses comerciales, inversiones y obras de infraestructura sobre la mesa. Con Lula o con Bolsonaro, hay que relacionarse —y bien— con Brasil. El tiempo dirá si Milei gira hacia ese pragmatismo o sigue su ofensiva contra el presidente brasileño, que generó la mayor crisis diplomática entre los dos países de la historia.
El triunfo de Lula ya era, en la noche de este domingo, interpretado como un triunfo de la izquierda global contra la extrema derecha. Una victoria que golpeará a los aliados de la derecha brasileña en Estados Unidos, Europa y América Latina.
Pero el cuarto gobierno de Lula no empezará con revanchismo, dicen fuentes en Brasilia. Se buscarán consensos y acuerdos con todos, incluso con quienes hicieron una clara campaña contra el presidente de Brasil. La relación con Estados Unidos es uno de los mayores desafíos de Lula en su cuarto mandato, reconocen sus asesores internacionales.
En las próximas semanas, el presidente reelecto irá a la COP31 en Turquía, a la cumbre de la ASEAN, la asociación de países asiáticos, al Mercosur y al G-20, en Estados Unidos. Será una victory lap —la vuelta de la victoria— de Lula, que, a los 80 años, se transformó en símbolo de resistencia a la derecha , al discurso de odio, a la violencia y a la intolerancia.
Lo que hizo Lula en Brasil no lo pudo hacer Iván Cepeda en Colombia. El senador perdió la elección contra Abelardo De la Espriella por solo 250 mil votos. En tres semanas, Lula, que terminó en segundo lugar en la primera vuelta, con todos los demás candidatos más cercanos a Flavio Bolsonaro, superó a su adversario con la fuerza de la juventud, una nueva y agresiva ofensiva en redes sociales y el apoyo de la izquierda global.
El triunfo de Lula fue, también, un golpe para las big techs. La campaña de Lula hizo fuertes acusaciones de interferencia contra Meta (Instagram, Facebook y WhatsApp) y obtuvo respaldos importantes, entre otros, de las Naciones Unidas. Expertos de la ONU emitieron un pronunciamiento en el que alertaron sobre una falta de imparcialidad y posibles restricciones a la libertad de expresión por parte de Meta durante la campaña electoral en Brasil. Se denunció, entre otras cosas, que los algoritmos y sistemas afectaron de forma asimétrica a los contenidos políticos, perjudicando principalmente a la campaña de Lula.
Brasil no quedará aislado en la región, pero será una voz disonante. El país seguirá sin unirse al Escudo de las Américas de Trump, con el desafío de negociar aranceles comerciales con el gobierno del republicano, siendo parte del Brics y apoyando la presencia de China en América Latina. Con Lula, el gobierno brasileño seguirá insistiendo en la necesidad de una negociación de paz entre Rusia y Ucrania y cuestionando las acciones de Israel en Medio Oriente —con sus relaciones con Tel Aviv congeladas—.
Brasil despertó la esperanza de la izquierda en la región, del peronismo y el kirchnerismo en Argentina, y de todos los que enfrentan a la derecha y a la extrema derecha en el mundo.
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