Mar del Plata y su inusual fórmula
Un grupo apostaba en varias mesas y acumulaba fortunas
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MAR DEL PLATA.- La estrategia era sencilla y la organización, extraordinaria. Apenas el Casino Central abría sus puertas, el grupo de dispersaba por la sala y tomaba posiciones frente a las mesas previamente analizadas y señaladas. Allí, libreta y lápiz en mano, sus miembros establecían una marca personal a la ruleta y a sus resultados.
Helmut Berlín, un alemán que había sido tripulante del Graf Spee, uno de los acorazados estrella de la Segunda Guerra Mundial que terminó hundido en el Río de la Plata, estaba convencido de que el juego no era sólo azar.
Y concretó un plan que, dicen, le reportó una fortuna millonaria. Así, cuando promediaba la década del 50, con su equipo de colaboradores consiguió establecer qué números se repetían con mayor asiduidad en cada paño. Y, marcada la tendencia, Berlín desplegaba a su gente para realizar apuestas y acopiar fichas.
Un ex croupier de la tradicional Casa de Piedra marplatense recuerda a los participantes de aquella martingala. "Jugaban determinados plenos, doblaban la postura y cuando llegaban al tope permitido ingresaba un reemplazante que seguía con el mismo plan de juego", contó este jubilado que pidió a LA NACION que no trascendiera su identidad.
Berlín no sólo se había rodeado de un equipo de amantes del casino, al que le pagaba una suma diaria más allá de los aciertos que lograra en cada jornada de trabajo. También supo seducir a algunos empleados a los que terminó haciendo parte de su trama.
Al igual que a la hora de analizar el juego, Berlín no elegía al azar. Puntualmente buscaba, tentaba y convencía a aquellos que tenían a su cargo el control de los cilindros de las ruletas.
Primero se dijo que estos permitían una inclinación del plato que hacía que determinados números se repitieran con mayor frecuencia.
Pero el veterano casinero cuenta el otro secreto que colaboraba con la estrategia montada por el alemán y su grupo: "Eran dos o tres empleados que adulteraban los cilindros, les ponían separadores de plomo entre número y número y eso hacía que la bola no rebotara y cayera muerta en esos casilleros", explicó.
Hasta que se descubrió la participación de los trabajadores, que finalmente fueron desplazados de sus cargos, los gestores de esta martingala estudiaban al detalle cada ruleta. Y cuando las autoridades del casino las rotaban, se tomaban una pausa hasta volver a identificarlas.
Así, se asegura, Berlín y los suyos habrían acumulado ganancias por más de un millón de dólares.
Una vez que la organización quedó al descubierto, el ex tripulante del Graf Spee, su esposa y varios de sus cómplices fueron identificados y se les prohibió la entrada a la sala de juego. Y también a partir de entonces cambiaron las reglas en el Casino Central.
Por ejemplo, se prohibió que los apostadores puedan tomar nota de los números ganadores, registro que hasta aquella época también elaboraban diariamente las propias autoridades del casino.




