"Marcola", el prisionero que logró poner de rodillas a toda una ciudad

Maneja sus negocios por celular; lo conocen como "el Playboy"
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17 de mayo de 2006  

SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- "La dificultad de la lucha armada es hacer cercanas las distancias largas y convertir los problemas en ventajas."

Probablemente, Marcos Willians Herbas Camacho le haya prestado atención especial a ese fragmento de "El arte de la guerra", tratado de casi 3000 años del filósofo chino Sun Tzú, cuando decidió lanzar el mayor desafío del crimen organizado contra el Estado brasileño.

Camacho, alias "Marcola", el líder del Primer Comando de la Capital (PCC), es fanático de ese libro y logró convertir el "problema" de estar preso en una "ventaja": mediante un celular, controla el mundo del crimen desde el lugar donde todo delincuente sabe que un día puede terminar. Y ningún hombre del crimen quiere estar en deuda cuando pisa una prisión.

"No presiones a un enemigo desesperado", dice otra lección de "El arte de la guerra", argumentando que una presa debatiéndose por su vida se vuelve peligrosa porque lucha de forma enloquecida. Difícil no imaginar que "Marcola" estaba siguiendo ese precepto cuando aceptó detener la ola de atentados ante un enemigo, el Estado de San Pablo, que quedó desesperado ante su ataque brutal y sorpresivo.

Los íntimos se permiten llamarlo "el Playboy". Vanidoso y piropeador, dicen que le gustan las ropas de marca y estar siempre presentable.

Pero hay dos rasgos que lo vuelven peligroso para el Estado: es tan audaz como inteligente. Ya acumula más de una decena de años de prisión, de los casi 25 años de carrera que lleva en el mundo del crimen. Y dicen que durante la soledad de la reclusión ya devoró aproximadamente 3000 libros.

A sus allegados les recomienda que lean Dante Alighieri. Justamente quien sometió a San Pablo a tres días de infierno, como el primer canto de la "Divina comedia", una de sus obras preferidas.

Discurso político

"Marcola", de 38 años, tiene una hija y está de novio con una estudiante de Derecho. Su mujer anterior, una abogada, fue asesinada a tiros por integrantes del PCC que estaban celosos de su influencia sobre "Marcola". Una especie de Yoko Ono del crimen.

Una característica de los "capos" brasileños es que mezclan el ataque al Estado con supuestos fines ideológicos. Comando Vermelho, la facción narcocriminal de Río de Janeiro, nació cuando, a fines de los años 70, delincuentes presos aprendieron tácticas de guerrilla de los presos políticos encarcelados por la dictadura.

"Marcola" también estaría adoptando un discurso político basado en sus lecturas de Trotsky y Lenin, según publicó ayer el diario O Estado de S. Paulo. Fue justamente "Marcola" el que ordenó eliminar a los líderes anteriores para poder establecer una línea diferente de acción para el PCC. En lugar de ataques indiscriminados e "irracionales", organizó a su fuerza en torno de objetivos concretos.

Un objetivo banal podría ser el que se materializó hace algunos días en la Penitenciaría de Avaré, en el interior de San Pablo. Tres encomiendas gigantes llegaron a la prisión y los agentes hicieron de changarines para entregar en cada celda el envío: sesenta televisores nuevos para ver el Mundial como corresponde. Todo pago por el PCC, cuya recaudación aproximada llegaría a 700.000 reales (340.000 dólares) por mes sólo contando las mensualidades.

Otro objetivo, menos banal y más alarmante, sería que el que intenta descubrir el Departamento de Investigaciones del Crimen Organizado: el PCC de "Marcola" estaría intentando financiar las campañas de un candidato a diputado nacional y otro estadual para las elecciones de octubre. Eso no sería una actitud tan novedosa, ya que en Río de Janeiro las investigaciones sobre aportes del narcotráfico a campañas son constantes.

La novedad sería que el PCC demostró que puede someter a una ciudad a un estado de guerra. Lo respaldan los 130.000 hombres que le responden en las cárceles de San Pablo y los 10.000 "soldados" en libertad, que tienen algún tipo de vínculo con el PCC.

Los negocios del PCC se han ramificado tanto que ya puede ser comparado con una corporación. Les prestan seguridad a las "superbandas", compran y venden armas y son distribuidores mayoristas de drogas. Recientemente habrían ingresado en dos nuevos negocios: controlan algunas líneas de vans que circulan desde las regiones pobres de San Pablo hasta el centro y tendrían un departamento financiero para dar créditos a las autoridades de la organización. Con intereses y todo. Al fin y al cabo, en Brasil se respetan los contratos.

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