
Marruecos impone un apagón informativo y la cifra de muertos en Ceuta asciende a 88
Las autoridades completaron el despliegue de una barrera marítima flotante, reforzaron los controles policiales y militares y aceleran las devoluciones a Marruecos tras el ingreso sin precedentes de más de 50.000 personas al enclave español en el norte de África
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MADRID.- La crisis migratoria que sacude al enclave español de Ceuta, en el norte de África, sumó este domingo un nuevo capítulo. Las autoridades confirmaron que la cifra de muertos aumentó a 88, al tiempo que España completó el despliegue de una barrera marítima flotante para impedir nuevos cruces irregulares desde Marruecos.
La estructura, instalada frente a la playa de Tarajal, ya funciona a plena capacidad. El gobierno español decidió colocarla después de que más de 50.000 migrantes cruzaran por tierra y mar hacia Ceuta desde el jueves, en la mayor oleada registrada en la historia reciente del enclave y una de las crisis fronterizas más graves que enfrentó España en los últimos años.
Las autoridades informaron que más de 48.000 personas regresaron a Marruecos en apenas 48 horas, mientras las devoluciones continuaron durante el fin de semana.
La crisis también abrió un frente político al otro lado de la frontera. Mientras España multiplicó los operativos de control, el gobierno de Marruecos evitó pronunciarse públicamente sobre la muerte de más de 70 personas y el ingreso masivo de migrantes a Ceuta. Solo algunos medios y partidos de izquierda cuestionaron ese silencio y reclamaron explicaciones a Rabat, al tiempo que la crisis reavivó el debate sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, dos enclaves españoles cuya pertenencia Marruecos reivindica desde hace décadas.
Aunque el flujo masivo disminuyó, la ciudad todavía no recuperó la normalidad. Efectivos de la Policía y del Ejército permanecen desplegados en distintos puntos de Ceuta para identificar a los migrantes que aún permanecen en las calles e iniciar los procedimientos de deportación.
El representante del Gobierno español en Ceuta, Miguel Ángel Pérez, afirmó que, además de los fallecidos, más de 1000 personas recibieron atención sanitaria desde que comenzó la emergencia. Según explicó, la situación mejoró de forma considerable, aunque todavía resta trabajo para restablecer completamente el funcionamiento habitual de la ciudad.
La tragedia dejó además una fuerte presión sobre los servicios forenses. Algunos de los cuerpos recibidos por la morgue de la ciudad corresponden a personas que murieron durante esta crisis, mientras que otros habían fallecido en intentos anteriores, de menor magnitud, de alcanzar el territorio español mediante peligrosas travesías nocturnas a nado durante las últimas dos semanas. Al mismo tiempo, el Gobierno regional informó que el proceso de identificación continúa y que algunos cuerpos aparecieron más de dos semanas después del aumento del flujo migratorio.
Las circunstancias de las muertes reflejan la peligrosidad de la travesía. Algunos migrantes se ahogaron en el intento de alcanzar la costa española y otros murieron aplastados cuando intentaban superar el rompeolas y la valla fronteriza. Muchas de estas personas decidieron emigrar por las dificultades económicas y después de escuchar rumores difundidos a través de las redes sociales.
Del otro lado de la frontera, en la ciudad marroquí de Castillejos, decenas de familias seguían este domingo aferradas a la valla que separa ambos territorios, a la espera de noticias de sus hijos, hermanos o primos. Muchos mostraban fotografías en sus teléfonos celulares a quienes regresaban desde Ceuta con la esperanza de que alguien los hubiera visto. Otros continuaban buscando entre listas de fallecidos y desaparecidos.
Entre los testimonios que dejó la tragedia aparece el de Karima Abenaz, una ciudadana francesa residente en Ceuta con familiares en Marruecos. “Me duele profundamente que haya jóvenes muriendo en el mar. No es justo que, en el año 2026, mujeres con niños de tan solo dos meses de edad tengan que cruzar el mar solo para morir”, afirmó conmovida.
Luego añadió: “En Marruecos hay comida, hay todo lo que necesitamos. Si no tenemos un trabajo digno, deberíamos ir a la huelga y exigir nuestros derechos al Gobierno. No deberíamos morir en el mar, no está bien”.
Por otro lado estaba Abdellatif, un jornalero agrícola de 27 años, que viajó hasta Castillejos después de perder contacto con su hermano de 17 años. “Dos amigos de mi hermano me llamaron el viernes para decirme que habían salido juntos, pero que él sufrió un desgarro muscular mientras nadaban y se separaron”, contó. “Mi temor es volver sin él”.
Abdellatif también cuestionó el silencio de las autoridades marroquíes y sostuvo que el Gobierno debería advertir a los jóvenes sobre los riesgos de la migración irregular y el impacto de los rumores difundidos en las redes sociales, que alimentaron la falsa versión de que la frontera permanecía abierta.
Frente a la magnitud de la crisis, España endureció los controles fronterizos. Además del despliegue de la barrera flotante de 500 metros, las autoridades reforzaron las patrullas de la Policía y del Ejército para evitar nuevos ingresos irregulares. La situación también reabrió el debate sobre la protección de las fronteras exteriores de la Unión Europea y la gestión de los flujos migratorios.

La respuesta trascendió las fronteras españolas. Veintidós Estados miembros de la Unión Europea enviaron una carta en la que reclamaron una acción coordinada para reforzar los controles fronterizos, mientras Italia suspendió durante un mes el régimen de libre circulación del espacio Schengen con España. El gobierno español, por su parte, rechazó las versiones que atribuían la llegada masiva de migrantes a su política de regularización de personas indocumentadas y sostuvo que quienes ingresen de forma irregular a Ceuta no podrán viajar a la España peninsular ni al resto del espacio Schengen.
Agencias Reuters, Xinhua y diario El País


