Máscaras, encierro y muerte: el Ébola atemoriza a África

Los métodos de tratamiento del letal virus, que ya se cobró la vida de más de 100 personas en Guinea, asustan a la población
Arwen Kidd
Carola Frentzen
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23 de abril de 2014  

CONAKRY, Guinea.- Para muchas personas en África occidental, la epidemia de Ébola es como estar viviendo una película de terror: los médicos van ataviados con trajes futuristas, los familiares de los enfermos son ingresados en cuarentena en estaciones de aislamiento improvisadas y el gobierno ordenó no comer ningún animal salvaje, como murciélagos o monos.

Desde fines del mes pasado, el Ébola, uno de los virus más contagiosos y letales del mundo, se extiende por la paupérrima Guinea, donde los ciudadanos reaccionan con enojo y agresividad ante la enfermedad. Así pasó en un pueblo del sudeste del país, donde hace poco lanzaron piedras contra un centro de atención de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF).

"Entendemos el temor de la población. Hasta la fecha, no se había dado el Ébola en Guinea y nuestros trabajadores visten overoles de protección, lo que resulta impactante para las personas que no los conocen -explicó Corinne Benazech, coordinadora de MSF en el país-. Tenemos que asegurarnos de que la población entiende la enfermedad."

En Guinea y Liberia, otro país afectado por el virus, se instó a los ciudadanos a que se laven las manos y eviten al máximo el contacto físico entre sí. Los diarios locales, en tanto, están plagados con titulares alarmantes de la creciente cifra de víctimas. En Guinea ya hay más de 100 muertos; en Liberia, más de diez. Pero además de los decesos, lo que a las personas les impresiona es ver las fotos de médicos con overoles blancos y máscaras.

Uno de los problemas es que los expertos en salud no sólo investigan los casos sospechosos y tratan a los enfermos, sino que también buscan a aquellos que han tenido contacto con los pacientes. Sólo así se puede impedir que se propague el contagio, sobre todo a otros países. Pero eso es algo que muchos no quieren ver en África occidental. Les falta el suficiente conocimiento para poder ponderar el peligro del contagio y de los métodos de tratamiento.

Ésa es la razón por la que no dejan de producirse incidentes curiosos. Poco después de que aparecieran los primeros casos de Ébola en Guinea, por ejemplo, algunos pacientes abandonaron en secreto el hospital para buscar el consejo de sus sanadores tradicionales. Creían que se trataba de una enfermedad misteriosa, que no podía ser curada por médicos "normales".

En otra oportunidad, una mujer que contrajo el virus huyó de un hospital y puso en peligro a decenas de personas cuando tomó un ómnibus para volver a su casa. Finalmente, fue encontrada y toda su familia fue puesta en cuarentena. Éste y otros sucesos provocaron que el Ministerio de Salud en Monrovia, capital de Liberia, enviase la siguiente disposición: "El ministerio advierte a todos aquellos que con conocimiento y a propósito hayan dado refugio, escondido y/o no lo hayan notificado a las autoridades de posibles casos de Ébola. Esos individuos serán perseguidos penalmente, porque pusieron en peligro la vida de otros ciudadanos de forma desconsiderada".

El pánico también cunde entre los extranjeros que viven en Guinea y Liberia. "En un momento, muchos creyeron que tenían que ser evacuados en avión, pero luego se tranquilizaron", dijo el estadounidense Matt Jones, que vive en Monrovia.

Ahora la atmósfera es mucho más distendida, en parte gracias a un comunicado de la embajada norteamericana que aclaró informaciones erróneas. Entre otras cosas, notificó que las personas que se infectaron pero no tuvieron síntomas agudos de la enfermedad no pueden contagiar el virus.

"Pese a ello, la mayoría de los extranjeros llevan alcohol en gel en sus bolsos y muchos se niegan a estrechar la mano", relata Seanan Denizot, otra estadounidense que vive en Liberia. Y es que no importa cuántas explicaciones se den, el Ébola es una enfermedad terrible y letal, que no tiene cura, certeza más que suficiente para tener miedo.

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