Masivo cierre de campaña de Vázquez
Ante más de 200.000 personas, el candidato de la coalición de izquierda afirmó ayer que "la esperanza ya venció al miedo"
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MONTEVIDEO.- En una gran demostración de fuerza y seguro de un triunfo rotundo en la primera vuelta, el candidato del Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA), Tabaré Vázquez, cerró anoche su campaña para las elecciones presidenciales del domingo con un acto multitudinario en el centro de Montevideo, inundado más que nunca por las banderas de la izquierda.
"Nos espera una jornada cívica espectacular. El 31 de octubre esta fuerza política va a lograr el gobierno para iniciar un cambio histórico en el Uruguay", anunció Vázquez ante cientos de miles de seguidores que colmaron la avenida del Libertador por más de quince cuadras, desde la Plaza del Entrevero hasta más allá del Palacio Legislativo. Y añadió: "Hoy podemos decir que la esperanza ya venció al miedo".
Fue una convocatoria de una masividad pocas veces vista en la historia del país, según dirigentes del EP-FA que no arriesgaban a calcular la asistencia, que, de acuerdo con algunas agencias internacionales, rondó las 200.000 personas. "El domingo ganamos en la primera vuelta. Las urnas de todo el Uruguay explotarán de votos del Frente Amplio", dijo el candidato frentista confiado en que la clara ventaja que le dan las encuestas se extenderá lo suficiente como para superar sin problemas el 50 por ciento del total de los votos que exige la ley para asegurarse la presidencia sin ballottage.
La mayoría de los sondeos ven ganador a Vázquez en los comicios del domingo, pero no todos coinciden en que el alto porcentaje de indecisos -casi un 10%- sumará a la izquierda el caudal de sufragios que necesita para dejar al candidato del Partido Nacional, Jorge Larrañaga -con un promedio del 30% de intención de voto-, definitivamente fuera de carrera. Por eso, anoche la apuesta final del Frente Amplio fue instalar un clima de festejo, para impulsar a quienes aún no decidieron su voto a jugar a ganador y llevarse así un triunfo que aleje el viejo fantasma que ronda en la izquierda: imponerse en la primera vuelta, pero perder frente a los dos partidos tradicionales en el ballottage.
"Hay que ganar en la primera vuelta y sin dudas. No quiero que pase otra vez como en el 94, cuando salimos a festejar y después ganó Sanguinetti", dijo a LA NACION Germán, que como muchos otros fue al acto con toda su familia. "El cambio no será el domingo, cuando ganemos en la primera vuelta, el cambio ya empezó en el Uruguay", dijo Vázquez mientras la gente saltaba y cantaba: "Y ya lo ve, y ya lo ve, el presidente es Tabaré".
Al ritmo de candombes, batucadas y cumbias, grupos de militantes frentistas llegaron desde temprano para ver de cerca a "Tabaré", como se lo llama popularmente desde 1989, cuando emergió a la política grande con un triunfo histórico en la intendencia de Montevideo. Fue la primera vez que la izquierda derrotó a los dos partidos tradicionales uruguayos -el Partido Colorado y el Nacional- para quedarse, aún hasta hoy, con un bastión electoral que representa casi la mitad del electorado del país.
"Este pueblo lleva adelante la revolución política y social más importante de los últimos tiempos de nuestra historia", dijo Vázquez. A un costado, Bernardo Durán, un ingeniero de 38 años, escuchaba atento y tomaba mate. "Va a haber segunda vuelta", dijo mientras sus amigos lo miraban sin entender. "Hoy hubo una vuelta olímpica -dijo en referencia al título que logró Nacional ayer en el campeonato uruguayo- y el domingo ganamos y será la segunda", aclaró.
Con una clara presencia de numerosas banderas del Movimiento de Participación Popular (MPP) y de Liberación Nacional-Tupamaros, liderados por el senador José Mujica, el discurso de Vázquez volvió a dejar en claro que apuntará a un modelo de gestión cercano al de Lula da Silva en Brasil, con un fuerte aliento a la inversión privada. "El cambio ya empezó en otras naciones latinoamericanas", dijo. "Tenemos que dejar de ser un país rico con un pueblo pobre", añadió.
El control de las aguas
El Frente Amplio impulsa además, en un plebiscito, que se realizará en forma paralela a los comicios del domingo, el voto a favor de que el Estado recupere el control de las aguas de superficie y subterráneas en el país, un tema que algunos creen que ha impulsado al actual gobierno de Jorge Batlle a suscribir esta semana un tratado con Estados Unidos para la protección de inversiones.
Más allá del plebiscito, el domingo la atención estará puesta en la presidencia. Y la dirigencia del EP-FA tiene en claro que sólo una victoria en primera vuelta les dará la mayoría parlamentaria para poder conformar un gobierno sin dependencia de los dos partidos tradicionales, que por primera vez en más de 150 años de historia política en el Uruguay pasarían juntos a jugar en la oposición.
"Con mayorías parlamentarias podemos armar el gobierno fuerte que necesita el país, aprobar el presupuesto nacional e integrar los directorios de las empresas públicas (un sector clave en el manejo de recursos públicos)", dijo ayer el senador Rafael Michelini, hijo del dirigente de izquierda Zelmar Michelini, asesinado durante la dictadura, y líder del Nuevo Espacio, uno de los sectores que conforman la coalición de izquierda.
El objetivo de la dirigencia frentista es que la elección les permita armar una base de poder sólida y convocar a sectores progresistas que no son votantes del EP-FA para sumarse al gobierno. Con ese esquema sueñan con repetir la experiencia de Montevideo. "Si la izquierda gobierna bien, gobernará por varios períodos", sostiene Michelini, uno de los dirigentes de la nueva generación política uruguaya con mayor proyección en la coalición izquierdista.
Vázquez ya adelantó que si no gana esta vez la presidencia se retirará de la política. Pero nadie piensa en esa posibilidad en el Frente Amplio, y mucho menos después de la noche de ayer. "Estamos transitando los últimos días de esperanza. Esta fuerza política, junto a su pueblo, está siendo llamada a gobernar, para realizar el cambio que el país espera", dijo Vázquez, haciendo delirar a una izquierda uruguaya que se siente ganadora.




