
Meloni cumple un récord: su gobierno es el más longevo de la historia de la República de Italia
La primera ministra superará este viernes la marca de Berlusconi al frente del gobierno italiano, en medio de salarios rezagados, una economía estancada y cuestionamientos por algunas de sus promesas incumplidas
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ROMA.- Giorgia Meloni ya entró en la historia de Italia al convertirse en la primera mujer en llegar a la jefatura de gobierno. En lo que significará un gran festejo para ella y para su partido posfascista, este viernes 4 de septiembre Meloni volverá a hacer historia. Su gobierno, considerado el más derechista de Italia desde los tiempos del fascismo de Benito Mussolini, alcanzará un récord: se convertirá en el más longevo de la historia de la República, nacida tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Desde su jura en el cargo en el Palacio del Quirinal —sede de la presidencia italiana—, el 22 de octubre de 2022, la líder de Hermanos de Italia, de 49 años, cumplirá 1413 días al frente del gobierno. Superará así el récord de longevidad que hasta ahora ostentaba uno de sus padrinos políticos, Silvio Berlusconi: el segundo gobierno del fallecido expremier y magnate, entre 2001 y 2005, duró 1412 días.
Ya en campaña electoral de cara a las elecciones del año que viene, Meloni celebrará este logro con bombos y platillos. Su partido organizó una gran fiesta en la ciudad de Bari, capital de Apulia —una región gobernada por la derecha que ella adora, donde suele pasar sus vacaciones y donde organizó un G7—, ante 10.000 participantes, que recibirán un informe de casi 30 páginas en el que la palabra más repetida es “récord”.
“El gobierno más estable, Italia más fuerte, cuatro años de compromiso por la nación”, remarca el opúsculo preparado por Hermanos de Italia, que exalta los logros de estos cuatro años de gestión. El partido —que fue el único que se opuso al anterior Ejecutivo, liderado por el prestigioso economista Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo— difundió ya este jueves en sus redes sociales un video para conmemorar el hito histórico. A partir de mañana, una versión más corta se proyectará en las principales estaciones de tren del país.
Il 25 ottobre 2022, nel suo primo discorso alla Camera, Giorgia Meloni indicava nel lavoro la porta attraverso cui restituire dignità agli italiani.
— Fratelli d'Italia 🇮🇹 (@FratellidItalia) September 3, 2026
1.413 giorni dopo, quella porta si è aperta per oltre un milione di persone.
Non era soltanto una promessa. Oggi è la cifra… pic.twitter.com/RUUlJkSAMk
El video destaca dos contadores. El primero registra los 1413 días al frente del gobierno y el segundo mide el aumento de los puestos de trabajo, hasta alcanzar 1.305.000. Hermanos de Italia atribuye estas cifras a las políticas aplicadas por el Ejecutivo durante estos casi cuatro años, y destaca que los datos están respaldados por las últimas cifras del Istat —el Indec italiano—: la tasa de empleo alcanzó el 63,2%, mientras que el desempleo, tanto general como juvenil, se encuentra en sus niveles más bajos registrados.
Más allá de los autoelogios, a fines de un verano bochornoso, en la calle no hay demasiadas ganas de festejar: los bolsillos de los italianos no sienten grandes mejoras. Los salarios siguen siendo bajos y también persisten los reclamos por la salud pública, marcada por listas de espera que pueden extenderse durante meses.
Si bien nadie puede negar el dato de la estabilidad del gobierno —más que valioso, sobre todo al recordar la inestabilidad crónica de Italia, un país que desde 1946 tuvo 68 gobiernos— ni el fuerte liderazgo de Meloni, no todo es color de rosa.

“En estos cuatro años la ocupación anduvo muy bien, salvo por el hecho de que los salarios han seguido subiendo menos que la inflación. En estos cuatro años Italia ha crecido, pero siempre demasiado poco: desde hace tres años el aumento del PBI sobre base trimestral oscila entre -0,2% y +0,3%. Uno dirá que a Alemania y a Francia no les fue mucho mejor, pero a España, en cambio, sí, con un ritmo cuatro veces mayor que el nuestro”, planteó a LA NACION Alessandro Barbera.
Para este analista económico, en este contexto Meloni tiene dos atenuantes: las consecuencias de las guerras en Ucrania e Irán, dos golpes especialmente duros para un país dependiente de la importación de gas. Y una responsabilidad: no haber sabido aprovechar plenamente la oportunidad del multimillonario fondo de recuperación pos-Covid que la Unión Europea había destinado a Italia.
Cuando se temía que su gobierno de derecha quedara aislado en Europa, sin embargo, muchos destacan que Meloni siguió la línea de Draghi. Y, pragmática, mantuvo una política firme de equilibrio de las finanzas y de las cuentas públicas.
No obstante, para Alessandro De Angelis, otro analista, la primera ministra no cumplió con todas las reformas y los “cambios de época” que había prometido. Uno de los puntos pendientes es la reducción de la presión fiscal, que llegó al 43,1%, el nivel más alto de los últimos once años. En el programa con el que ganó las elecciones de octubre de 2022, Meloni había prometido abolir un impuesto especial sobre la nafta. Sin embargo, en las estaciones de servicio los precios nunca habían sido tan altos como ahora, y el gobierno intenta encontrar recursos para contener las continuas subas vinculadas a la guerra lanzada por su amigo Donald Trump contra Irán, que está paralizando la navegación en el estrecho de Ormuz.
“Se impone un fact-checking. Meloni había prometido una revolución contra los llamados poderes fuertes, contra la madrastra Europa y los dictados de los mercados, pero en cambio se dedicó a las ofertas públicas de adquisición de bancos e hizo una política presupuestaria que parece escrita por un contador de Bruselas”, cuestionó De Angelis en el diario La Stampa. “El resto es la crónica de una ordinaria flotabilidad en un país que, a su vez, flota: no se hunde, pero tampoco avanza, entre un PBI estancado, salarios bajos y crisis industriales irresueltas”, graficó.
Medidas identitarias y de seguridad
Para compensar las “vacas flacas” de la economía, Meloni —vinculada a Europa, pero nunca europeísta— se aferró a medidas identitarias y de seguridad, otro de los grandes ejes de su gestión. Entre ellas figura la creación de un cuestionado centro de repatriación de migrantes en Albania —al que la UE dio su visto bueno—, pero que casi no funciona y cuesta millones de euros que, según sus detractores, podrían destinarse a salud y educación.
En política exterior, mientras se elogia mayormente su firme respaldo a Ucrania —invadida por Rusia y pese a tener en su coalición a dirigentes prorrusos como Matteo Salvini—, se cuestiona su alineamiento casi incondicional con el Estados Unidos de Donald Trump. Una apuesta que finalmente terminó perjudicándola: después de la reciente ruptura en las redes sociales por su falta de apoyo a la ofensiva contra Irán, la relación entre ambos quedó prácticamente congelada.
Meloni, que fue la única líder europea que asistió a la ceremonia de asunción de Trump —donde se la vio sonriente junto a Javier Milei—, también decepcionó a sectores europeos por su escasa crítica a las políticas arancelarias de Washington contra la Unión Europea, uno de los factores que alimentaron un nuevo escenario de tensión global.
“Giorgia Meloni apostó a su pertenencia a la misma familia ideológica, con la ilusión de construir una ‘relación especial’, el famoso ‘puente’, pero, pese a todo, llegó la excomunión. A Trump no le importa la cercanía ideológica. Pretende obediencia. Y si no le das las bases para bombardear Irán, te pasa factura”, apuntó De Angelis.
Meloni sufrió un fuerte revés este año al fracasar un referéndum para reformar la justicia -un primer desgaste- y debió archivar su sueño de ir a por una reforma política para reforzar el “premierato”.
Con una mayoría sólida en el Parlamento, de todos modos -y gracias al hecho de que la oposición de centroizquierda, fragmentada y en busca de un líder, nunca pudo ponerla en dificultad-, logró mantener unida su coalición y lograr el récord de longevidad, confirmándose como una política muy hábil.
En un escenario hasta hace pocos años marcado por el machismo, fue capaz de dejar en segundo plano a sus dos aliados y vice primeros ministros, Antonio Tajani, de Forza Italia y Matteo Salvini, de la Liga. Ambos obedientes, ya no son lo que eran y han perdido votos y peso dentro sus respectivos partidos. No por nada no estarán presentes en el gran festejo de este viernes en Bari, al que participarán sólo virtualmente. La auto-celebración, en efecto, marcará el inicio de la campaña electoral de Meloni para su reelección, el año que viene, quizás, un nuevo récord.
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