
Milosevic, el hombre que encendió el nacionalismo
Su sueño de la Gran Serbia provocó una tragedia en Yugoslavia.
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A lo largo de la historia hay cierta trágica frecuencia en la aparición de hombres capaces de matar sin pasión, de ser los responsables, según todas las acusaciones, de asesinatos en masa. Hombres tan fríos y sanguinarios que la única forma de llegar a cierta comprensión de su conducta es a través de los episodios que marcaron su vida. Slobodan Milosevic, que ya no puede abandonar Serbia sin correr el riesgo de ser encarcelado por crímenes de guerra, es un ejemplo de ello.
Milosevic nació hace 57 años en Pozarevac, una pequeña población al sur de Belgrado. Cuando era apenas un adolescente, su tía más próxima y amada se voló la cabeza de un disparo, ejercicio que su padre repitió con precisión poco después. Su madre, en cambio, optó para suicidarse por una cuerda de esparto sujeta a una viga. El Partido Comunista se convirtió a partir de entonces en su mejor refugio.
En 1964 se graduó de abogado en la Universidad de Belgrado y, de la mano de Ivan Stambolic, su padrino político, comenzó a escalar la pirámide partidaria. Para ser coherente, en el camino se casó con Mirjana Markovic, una doctora en sociología marxista hoy conocida como "la bruja roja". Stambolic le enseñó a sobrevivir en la puja interna de un comunismo que en ese entonces controlaba seis repúblicas, dos provincias, tres religiones y varias etnias.
En 1984 llegó a la jefatura del partido, para lo que traicionó a Stambolic. Tenía en sus manos una de las mejores herramientas para heredar lo que quedaba de la Yugoslavia de Tito: Davorjanka Paunovic, ex amante del dictador, era tía de Mirjana y había contado a su sobrina muchos de los secretos transmitidos por viejo líder. Milosevic era consciente de que no poseía el carisma de Tito y de que no podía contar con el absolutismo comunista de viejo cuño, aunque sí con el ejército federal.
Vuelco al nacionalismo
Inauguró entonces un discurso fuertemente nacionalista y levantó la bandera de la "Gran Serbia". Su propósito era retomar las ex repúblicas yugoslavas de Croacia y Bosnia-Herzegovina, y acabar con las autonomías de las provincias de Vojvodina y Kosovo, esta última de amplia mayoría albanesa. Su nacionalismo incluía la expulsión de Kosovo -que gozaba de autonomía desde 1974- de los musulmanes, instalados allí desde 1389, y la recuperación de la ciudad de Pec, capital de la iglesia eslava ortodoxa durante los siglos XVI y XVII.
Desde el comienzo, el plan de Milosevic fue reemplazar los estertores de la antigua unión por una Yugoslavia centralizada y sometida al dominio de la "Gran Serbia". En mayo de 1989 fue elegido presidente de Serbia y dio comienzo a una de las etapas más trágicas de la historia reciente de la región. Atiborró las cárceles de opositores y disidentes, y llevó adelante una limpieza étnica en Kosovo, que le valió el mote de "la bestia negra de los Balcanes".
Croacia logró su independencia y las atrocidades serbias cometidas en Bosnia terminaron con los acuerdos firmados en Dayton, Estados Unidos, en 1995. Vojvodina y Kosovo fueron anexadas a Serbia, que junto con Montenegro formaron la República Federal de Yugoslavia. Pero su sueño de la "Gran Serbia" concluyó con centenares de miles de muertos, millones de refugiados y un país en bancarrota, sometido a sanciones y expulsado de todos los organismos internacionales. Quienes ayer esperaban el tiro del final que su tía y su padre supieron dispararse, o la cuerda de esparto que utilizó su madre, quedaron defraudados.
Por lo menos, Milosevic no puede contar con sus hijos. A Marko, de 28 años, sólo le interesan los autos veloces y Marija, de 30, sólo está comprometida en enredos de alcoba. Es su esposa Mirjana, "la bruja roja", la que sigue siendo uno de sus instrumentos de poder. Dirige JUL, una poderosa fracción comunista, y escribe en la prensa un horóscopo infalible y temido en Yugoslavia. Nunca se equivoca cuando adivina la caída de un funcionario.






