
Murió ayer Raisa Gorbachova
MOSCU.- El miedo a las bombas, la ofensiva antiterrorista en Chechenia y las insistentes versiones sobre una dimisión del presidente Boris Yeltsin quedaron ayer en segundo plano con la noticia de la muerte de Raisa Gorbachova, la mujer del último presidente de la Unión Soviética, que murió en Alemania a los 67 años, víctima de leucemia.
Pese a que, como su marido, Raisa no era una figura demasiado amada por los rusos, su fallecimiento en la clínica de Muenster, en Alemania -donde un equipo de médicos estaba intentando revertir una enfermedad que le habían diagnosticado el 20 de julio último- fue un hecho muy comentado ayer en los medios de comunicación de esta capital.
Todos los noticieros de radio y televisión abrieron sus ediciones con la noticia de su muerte, recordando la presencia allí de su marido y su única hija, y dedicando amplio espacio a evocar su papel de compañera desde la juventud de Mikhail Gorbachov, y mostrando imágenes de ella en los viajes oficiales por Occidente, junto a personajes como Margaret Thatcher, Nancy y Ronald Reagan, y Barbara y George Bush.
Raisa y su marido nunca fueron muy queridos por la gente aquí: la esperanza e ilusión que despertó en la población el hombre que dio vida a la Perestroika en 1985 degeneró pocos años después en rabia por el desmoronamiento de la Unión Soviética y una profunda crisis económica.
Compasión e indiferencia
Pese a esta impopularidad -que de todos modos había disminuido considerablemente al conocerse su enfermedad-, la gente reaccionó a la muerte de Raisa con compasión, mezclada con indiferencia y algo de amargura. "Siempre es un hecho triste que muera una persona. Que descanse en paz", dijo a La Nación Olga, una vendedora de flores, en un típico y frío día de otoño en Moscú.
"Es cierto que la criticamos mucho, sobre todo por la ostentación de riqueza que hacía mientras había gente que tenía que hacer cola para conseguir comida, pero hay que tener piedad", afirmó Serguei, un mozo de 60 años. "Gorbachov hundió a Rusia en el caos: ¿usted cree que me puede importar la muerte de su mujer?", contestó Ivan, un jubilado.
"Yo la admiraba porque me parecía una mujer con carácter, bella, bien arreglada, y sé que hacía beneficencia", sostuvo Dimitri, un chofer de taxi. "Lamento que haya dejado solo a un hombre que hizo mucho por nuestro país", agregó.
Al margen de la controversia, hay quien dice que Raisa, sin saberlo, fue un modelo para millones de mujeres soviéticas, que se vieron reflejadas en ella. "Con Raisa aparecía por primera vez una mujer-mujer, y no una mujer-cosmonauta, o mujer-chofer de autobús", explicó un periodista ruso.
Muchos mensajes de solidaridad llegaron desde todo el mundo en los últimos meses. Incluso desde aquí: la noticia de que Raisa tenía leucemia, en efecto, hizo que decenas de personas enviaran cartas, flores y dinero a la Fundación Gorbachov.
Numerosos líderes del mundo, entre ellos el Papa, el presidente francés, Jacques Chirac, o el canciller alemán, Gerhard Schroeder, testimoniaron ayer en telegramas su pesar por el fallecimiento de Raisa.
Yeltsin, que sucedió a Gorbachov tras una larga y ardua lucha política, puso ayer a su disposición un avión oficial para repatriar los restos de su querida esposa. Y también le envío sus condolencias, con un texto que decía: "Era un ser humano remarcable, una mujer extraordinaria, una esposa y madre ejemplar".
Si bien no serán de ningún modo comparables a los de Lady Di, los funerales de Raisa se llevarán a cabo el jueves en Moscú, en el Cementerio Nuevas Vírgenes, donde está enterrado, entre otros, Nikita Khrushev.



