Murió en Irak un periodista argentino
BAGDAD.- "Cubrí 35 guerras, y lo ridículo va a ser que me voy a terminar matando de un piñazo." La frase es de Mario Horacio Podestá, que ayer se convirtió en el primer periodista argentino muerto durante la guerra en Irak, en un accidente automovilístico en la ruta entre Amman y Bagdad. Podestá, de 51 años, había dicho estas palabras, medio en broma y medio en serio, poco antes de perder la vida.
"Se había lastimado una rodilla, y dijo eso cuando anoche estábamos en la frontera, poco antes de cruzar a Irak", cuenta, aún consternada, Mónica Pérez, periodista del canal 13 de televisión de Chile, que estuvo con él hasta pocos segundos antes de la tragedia.
Podestá, fotógrafo y camarógrafo independiente, de la productora BPITV, de su propiedad, con mucha experiencia en coberturas de guerra, estaba tratando de llegar a Bagdad desde Amman, Jordania. Iba en un convoy de unas treinta camionetas de periodistas. En su auto viajaba su productora, Mariana Verónica Cabrera, de 29 años, que sufrió graves heridas y quedó internada en el hospital Saddam Hussein de Ramadi, un poblado iraquí a cien kilómetros al oeste de esta capital, donde tuvo lugar el accidente.
Esta enviada y Gustavo Sierra, de Clarín -al margen de recuperar el cuerpo de Mario Podestá para llevarlo a una morgue y luego tratar de enviarlo a Kuwait- intentábamos ayer lograr información sobre el estado de salud de su productora, para poder organizar lo antes posible su traslado fuera de Irak, a Jordania o Kuwait. Algo bastante complicado, porque Irak sigue siendo un país en guerra y Bagdad, una ciudad en llamas, donde la inseguridad y los tiros siguen siendo moneda corriente.
Una camioneta muy mala
Como muchos otros periodistas, Mario Podestá y Mariana Verónica Cabrera habían salido de Jordania en un convoy la noche anterior. Pero, como contaron varios colegas que estaban en la misma caravana, el problema fue que Mario había alquilado una camioneta muy mala, para gastar menos. "Aunque todos los demás pagamos el viaje Amman-Bagdad 2200 dólares, ellos habían pagado 1100 y tenían un auto malísimo", contó Mónica Pérez.
"En una de las paradas, Mario justamente contaba: "Cuando llego a cien, hace un ruido tremendo atrás". Cuando tuvieron el accidente iban a 170 kilómetros por hora", agregó.
También el chofer jordano "era malo, porque no era del circuito de periodistas. Nunca había hecho el camino Amman-Bagdad, estaba muerto de miedo e iba rapidísimo".
El accidente, que ocurrió cerca del mediodía local (las cinco de la mañana en la Argentina) fue tan tremendo que todo indica que Mario murió en el acto. Una goma se reventó mientras el vehículo iba a gran velocidad, y la camioneta dio "25 vueltas de campana", violentísimas.
"No quedó nada, y fue un horror cuando vi a Mario tirado en la carretera, muerto. Todos estaban lejísimo del auto porque salieron despedidos. Y Verónica tirada, gimiendo, y el chofer jordano también. Yo creo que se les salió el tren trasero del auto, que quedó mucho más atrás", relató la periodista chilena, que aseguró que ninguno llevaba el cinturón de seguridad puesto.
Un editor de montaje de la televisión portuguesa, que iba también con ellos, sin embargo, pudo salvarse porque se agarró con fuerza de la manija del auto. Dio tantas vueltas que se descolocó un hombro, pero fue el único que se salvó, y pudo llegar a Bagdad.
Como para dar una idea de lo que sucede en un país en guerra, donde el caos y el descontrol son el denominador común, digamos que pocos segundos después del accidente ya había saqueadores iraquíes que intentaban robarse las cosas de nuestros colegas. Como las camionetas de periodistas vienen cargadísimas de equipaje y bidones de agua y nafta, y nadie tenía lugar, un iraquí se prestó de inmediato a llevar el cuerpo sin vida de Mario Podestá hasta esta capital por 300 dólares; aquí, una fortuna.
Verónica fue llevada al hospital de Ramadi por unos colegas rusos. "Lo único que nos dijeron es que está viva, pero no sabían nada exacto sobre sus condiciones; no sabemos nada", dijo Mónica Pérez.
Sin saber qué hacer
El cuerpo de Mario -tirado en la parte trasera de un auto blanco, con el rostro cubierto por una manta- llegó al hotel Palestine, donde nos alojamos todos los periodistas, pasadas las cuatro de la tarde. Fue Gustavo Sierra quien me avisó de la tragedia, cuando nos encontramos en el lobby. Ya que los marines se lavaban las manos -"confirmamos que hay un cadáver en un auto, pero no podemos hacer nada", dijeron- había que llevarlo lo antes posible a la Cruz Roja para que allí alguien nos indicara qué hacer. Después de la caída del régimen, de la devastación, de los saqueos, no hay morgues que funcionen en Bagdad, y no es una buena idea morir en Irak. Hay que hacer todo rápido, porque hay toque de queda en esta capital arrasada.
"Es la segunda vez en una semana que me toca hacer esto", dice Gustavo, muy golpeado, ya que hace unos días se vio obligado a ocuparse del cuerpo de José Couso, el camarógrafo español que murió cuando un tanque norteamericano disparó contra el hotel Palestine, y ya tiene una experiencia en el tema con la que jamás hubiera querido contar.
En la Cruz Roja, donde la burocracia puede más que la emergencia, nos dicen que tenemos que poner el cadáver de Mario en un "body bag" (bolsa para cadáveres) y llevarlo a un hospital, pero que ellos nos van a ayudar.
Como indica el doctor Peter Tarabula, de la Cruz Roja, le toca a Gustavo, acompañado por Jorge Casal, camarógrafo uruguayo, la atroz tarea de llevar a Mario a la atestadísima morgue del hospital Ibn Nafees, donde el olor a descomposición casi los desmaya.
Como allí tampoco hay electricidad, la Cruz Roja promete que llevará un generador. Gustavo, obligado a ponerse barbijo y guantes de goma, después cuenta que la cabeza de Mario Podestá estaba muy lastimada.
Pero ya no hay nada que hacer. Mario Podestá se suma a una lista demasiado larga de periodistas muertos en esta guerra absurda; ahora es Verónica la que nos preocupa. Hay que sacarla cuanto antes de Ramadi, pero sin traerla a Bagdad, el peor lugar para un herido. Hay que sacarla de Irak de algún modo. "Nosotros no podemos hacer nada, no están dadas las condiciones de seguridad para que vayamos hasta allí", dice la Cruz Roja.
Con Gustavo avisamos a la cancillería argentina, hablamos con el padre de Verónica para tener la autorización de organizar, en la medida de lo posible, un eventual traslado a Amman. Pero pensamos que lo mejor es que los marines primero averigüen cómo son sus verdaderas condiciones de salud, y la trasladen en helicóptero, o en avión, hasta Kuwait. Hablamos entonces con el sargento John Jamison, uno de los tantos marines que se han instalado en el hotel Palestine, que nos asegura que hará lo posible para obtener información del caso y, eventualmente, organizar un traslado.
Pero también con los marines la burocracia prima sobre la emergencia: "No estoy seguro de si hay marines en Ramadi, o están allí las fuerzas del ejército, lo cual complicaría las cosas -explica John-. Vengan mañana por la mañana. Espero tener información para ustedes". Con Gustavo somos conscientes de que todo sería distinto teniendo pasaporte norteamericano.
Acabo de hablar por segunda vez con Omar, el marido de Verónica, que está desesperado. Alguien lo llamó de Jordania para decirle que Verónica falleció. Le dije que hasta mañana no se puede saber nada, que haremos todo lo posible para ayudar, que no se haga ilusiones de que lo peor ha pasado, pero que tampoco pierda la esperanza.
Periodistas muertos
Estos son los periodistas que murieron en la actual guerra en Irak:
- Tarek Ayoub. Jordano, de Al-Jazzera
- Taras Protsyuk. Ucraniano, de Reuters
- Christian Liebig. Alemán, de Focus
- José Couso. Español, de Tele 5
- Julio Anguita Parrado. Español, de El Mundo
- Kamaran A. Muahmed. Kurdo, de la BBC
- David Bloom. Estadounidense, de la NBC
- Michael Kelly. Estadounidense, de The Washington Post
- Kaveh Golestan. Iraní, de la BBC
- Gaby Rado. Británico, de ITN
- Paul Morand. Australiano, del ABC
- Terry Lloyd. Británico, de la ITV News


